| Ponencia presentada en el IV Congreso Nacional de Literatura. 19 al 21 de mayo. Paysandú. 2005. Lic. Claudia Pérez. Profesora de Literatura de la Escuela Municipal de Arte Dramático "Margarita Xirgú". |
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"a punto de muerte": presencia de la melancholia en el "morir cuerdo y vivir loco" del capítulo LXXIV del Quijote. |
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Y cayó en cama enfermo de pesadumbre por no haberle salido las cosas como él quisiera. Muchos días permaneció allí (...) hasta que sintió que se iba a morir. |
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Tres epígrafes pretenden guiar esta lectura del capítulo final del Quijote, evidenciar acciones y causas, entre la explicación y la hermenéutica, finalizando con la preceptiva máxima estoica. En la primera cita es el rey Antíoco Epífanes quien se abandona a la "profunda tristeza" frente a las derrotas militares, reveladoras de los "males que hice a Jerusalén". "Muero de inmensa pesadumbre", dice el rey, insomne y atribulado luego de haber sido "bueno y amado en mi gobierno". Una conciencia de caída desde la altura, real o imaginada, enlaza este texto con el nervaliano representativo del duelo imposible del melancólico por la cosa perdida, odiada y amada, imaginada ascendencia de nobleza caída que hace imposible la superación, exilio perpetuo. Finalmente las palabras de Séneca a Lucilius en la carta 50, el aprendizaje progresivo hacia el desapego y la sabiduría que convierte a la vejez en la etapa principal de la vida para este pensador estoico: "muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo", dice Don Quijote. (2a. Parte, Cap. VIII). Tres textos que articulan una lectura orientada hacia el sistema de la literatura dialogando con la filosofía y la medicina. No es la intención tratar el biografismo , "vivir agónico" del heroico soldado Cervantes , la prisión en Argel o la vida transcurrida en trances burocráticos, ni el "marcado aumento en sus prácticas devotas" hacia el final de su vida, como señala Avalle-Arce, o al exponente de la "transición del romanticismo caballeresco al realismo" . Tal vez sí apenas señalar el marco histórico que deviene en el efecto de "realidad oscilante" señalado por Américo Castro, "inseguridad acerca de la consistencia" de lo visible, que coloca lo endoscópico en el sector privilegiado de la percepción y lo cuestiona, retorno a la concepción de la idea platónica, pero fragmentado en las múltiples miradas más que en una central, "confuso" como señala Casalduero, el adjetivo usado con mayor frecuencia en la novela: "confuso es también el estado en que el hombre se encuentra o es puesto" . "El punto de vista de cada uno va expresando la forma de lo que se observa y sus varias facetas" Y el engaño a los ojos se trasunta en una mala interpretación de la realidad física y también de la moral. Integra un cuadro más amplio de tensiones, tensión barroca, desencanto-ilusión, "insoluble dualismo" entre la idea y la realidad. El autoengaño es consciente, señalado por Hauser como rasgo fundamental del manierismo: la doble naturaleza del héroe: loco y santo, cómico y trágico. Melancolía epocal judía o renacentista, como se pregunta Bataillon? La tensión entre fragmentación-unificación hace que Don Quijote acepte dos percepciones de una cosa, yelmo de Mambrino, pero insista en la tendencia totalizante y unificadora que le hace pronunciar la abjuración final : "...ya no soy Don Quijote de la Mancha , sino Alonso Quijano (...) ya me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya (...) las abomino." (LXXIV, 399) La idea renacentista de la arquitectura armónica del universo, que una vez quebrada, hace necesaria una vuelta al orden, que la naturaleza se encarga de imponer. El "punto" de la muerte obliga a una sola lectura. Breve es la frase del narrador: "dio su espíritu, quiero decir, que se murió" (LXXIV, 404.) Parece remitirnos en su inmediatez al verso final del soneto al túmulo de Felipe II: "miró al soslayo, fuese, y no hubo nada. " Ayala y Gaos comenta: "sabe que la lucha es inútil", porque frente a la magnificencia del túmulo el instante de la muerte lo ha dejado en el pasado, en la nada. La partida del valentón anonada la muerte de Felipe II así como el narrador simplifica, laiciza la muerte en el pasaje de "dio su espíritu", sin indicar a quién, a la expresión "se murió". "Allí murió el rey Antíoco" dice la Biblia. Fin aniquilador que deja para siempre la historia del sujeto al otro. Lo que ya ha llegado a su fin, "ya no está a nuestra disposición como algo ‘a la mano’ " Pero otorga un instante de posesión, y es la conciencia de la aniquilación. Consummare vitam ante mortem, alcanzar la summa tui satietas (saciedad perfecta de ti ) como indica Séneca a Lucilius en la Carta 32. Ese momento de culminación era, para Séneca, una nueva ética de la vejez, toda la vida una preparación para ese instante, "el punto en que el yo se alcanza por fin a sí mismo, dónde uno se reúne consigo mismo y mantiene una relación consumada y completa de dominio y satisfacción a la vez". Y mientras el rey bíblico Antíoco "desfallece de ansiedad" y se encuentra en "tan gran tribulación" Don Quijote muere "sosegadamente"; ambos toman sus prevenciones sucesorias apoderándose de un tiempo más allá, último gesto de control sobre la vida. Antíoco "sintió que se iba a morir", Don Quijote dice por dos veces: "Yo me siento, sobrina, a punto de muerte" y "siento que me voy muriendo a toda prisa", anagnórisis plena de conciencia individual, la percepción discutida se subjetiviza en un acto de imposible sustitución. "El morir es algo que cada ‘ser-ahí’ tiene que tomar en su caso sobre sí mismo. La muerte es, en la medida en que ‘es’, esencialmente en cada caso la mía.". Se cumple el develamiento del "ser para la muerte". Pero, ¿muere Don Quijote como consecuencia de su melancolía o por la derrota a manos del caballero de la Blanca Luna? : "halláronle sin color y trasudando (...) las esperanzas de sus nuevas promesas deshechas, como se deshace el humo con el viento" (LXIV). ¿La derrota final coagula hic et nunc otra derrota arcaica? "Dios lo remedie; que todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más." (2ª. Parte. Cap. XXIX, en la aventura del barco encantado). ¿Es la suya una perfecta muerte cristiana, como sostienen Guillén y Avalle-Arce, más serena que la del padre de Manrique? Para otros significa "una reversión del héroe prometeico al aldeano cuerdo". Don Quijote lamenta la falta de tiempo para leer otros libros, "otros que sean luz del alma", en cita al libro de Felipe de Meneses sobre la ignorancia religiosa de los españoles de su tiempo. La conversión ilumina las "sombras caliginosas de la ignorancia". En este sentido el desengaño deviene un doloroso esclarecimiento. Conciencia de un tiempo que no volverá. "en los nidos de antaño no hallé pájaros hogaño", refrán también usado por Cervantes en el Prólogo a las Ocho Comedias: "pero no hallé pájaros en los nidos de antaño", como modulación del tópico fugit irreparabile tempus ( Virgilio, Geórgicas, 3, 284). La melancolía tuvo diferentes percepciones desde la medicina , la teología y la filosofía. Sancho observa "la profunda melancolía de su amo", en la secuencia del caballero del Verde Gabán. "Melancolías y desabrimientos le acababan" (Cap. LXXIV). La concepción antigua de la melagcolia (melaV negro , coloV bilis, cólera, odio, aversión), de origen humoral, agregó la superioridad intelectual, el don del filósofo, y tuvo transformaciones durante el medioevo hacia la definición de "engaño del demonio", especialmente en Santa Teresa y San Juan. Como sostiene Aurora Egido: "Cervantes se afilió al carácter positivo neoaristotélico de la melancolía pero también a la línea ficiana". Interesa señalar el diálogo de estas dos vertientes, una antigua y otra renacentista sobre la melancolía, que "eleva el alma y hace comprender lo sublime" Marsilio Ficino indicó que la melancolía procede de Saturno, es un "don singular y divino". Alternancia de cólera y melancolía, de manía y depresión en la conducta del personaje de Cervantes, enfermedades distintas o etapas de una misma, enfoques y nombres que se dio al "mal del siglo XVI", al decir de Alejandra Pizarnik con respecto a Erzébet Báthory: " en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio". Abundante es la bibliografía contemporánea a Cervantes que trata este tema, el Examen de Ingenios de Juan Huarte de San Juan (1575) , un poco después el monumental libro de Richard Burton, Anatomía de la Melancolía, de 1621. Dos vertientes, la grecolatina y la medieval se funden en esta concepción renacentista. La visión católica debió distinguir muy cuidadosamente entre el éxtasis místico y la melancolía como posesión diabólica. La teoría humoral evolucionó en un largo proceso de más de dos mil años, elaborando los significados de los fluidos que habitaban el cuerpo: la sangre, la bilis amarilla, la atra bilis (ater, atra, atrum, negro) y la flema . La concepción tetrádica tenía ya para los pitagóricos su significación especial, las estaciones y los elementos. Alcmeón de Crotona (VI a. C.) se refiere a las cualidades de lo húmedo, seco, frío y caliente. Empédocles menciona a los fundamentos o principios: sol, tierra, cielo y mar y recoge las ideas procedentes de los pitagóricos : la tétrada , la noción de equilibrio como salud y enfermedad como perturbación. Se entendía que el equilibrio y combinación (krasiV ) entre ellos era determinante de la salud y del hombre de entendimiento. Ambas teorías llegaron a asociarse a los fluidos; Hipócrates, entre el siglo V y IV A.C. , habló de ellos en la Epístola a Damagetus, refiriéndose a Demócrito, y en el tratado Sobre la naturaleza del hombre, que se le atribuye. Los elementos aire, fuego, tierra, agua correspondiendo a los cuatro humores: sangre, bilis amarilla, bilis negra, flema, combinado con lo cálido, húmedo, seco y frío, generando los caracteres sanguíneo, bilioso, melancólico y flemático, correspondiendo a la vez a las cuatro estaciones. Cuatro humores, cuatro estaciones, cuatro temperamentos. Tal es el sistema que procede de la medicina empírica cuya combinación da lugar a la teoría humoralista atribuida a Hipócrates, creador del esquema que duraría tantos siglos. La melancolía o bilis negra, vinculada a lo patológico, hace coincidir como órgano el bazo, lo frío y seco, la tierra, el otoño, trae episodios de desaliento, de honda tristeza, de inmovilidad . Esquirol, a principios del siglo XIX, se esforzará por desterrar la palabra melancolía del vocabulario médico, considerándola más propia de los poetas y del pueblo. Una gran transformación de enfoque sucedió en el siglo IV a.C., siguiendo a Klibansky, Panofsky y Saxl, debido a la idea de locura en las tragedias y el concepto de manía en la filosofía de Platón. Depresión, ofuscación de la conciencia, desilusión, eran efecto de la bilis negra. melaV no sólo significa negro sino que connotaba lo malo y taciturno. Dos textos clave constituyen las fuentes de este cambio: el Problema XXX de Aristóteles y la mención a la melancolía en el Fedro de Platón. La melancolía pasó a ser "una enfermedad de héroes" la bilis negra como fuente de exaltación espiritual. Esto aparece vinculado a la teoría platónica del furor, la mania eleva el alma a la visión de las ideas., un don divino que eleva al amante, al filósofo y al poeta. No obstante también estaba presente en su obra la manía destructora, la que ofusca la razón, la que conduce los actos del tirano. A estas ideas expresadas en el Fedro, en la República, se agrega la mención en el Timeo, donde se advierte que sólo el lado inconsciente del estado profético está ligado al hígado y a la bilis amarga. Se debe a Aristóteles la fusión de la idea clínica de melancolía con la teoría de Platón sobre la mania . El problema XXX fue considerado auténtico de Aristóteles por Cicerón en las Tusculanarum Disputationum (45-44 a.C.) y por Plutarco en la Vida de Lisandro (I.d.C.). Comienza el texto con la pregunta, el pronombre interrogativo ti: "Por qué todos los que han sobresalido en la filosofía, la política, la poesía o las artes eran manifiestamente melancólicos?", una pregunta que se extiende hasta hoy, al demarcar un territorio distinto entre la patología, corsé epocal, y la conciencia de la propia condición. Melancólico es Belerofonte, aquel que "esquiva la senda de los mortales", solo, "el que devora su corazón"( on Jumon katedwn ) (Ilíada, VI,166-212). Aristóteles entiende la melancolía como constitución, aunque algunas personas manifiesten sólo una tendencia natural. Tiene que ver con el elemento aire, de allí los trastornos abdominales de los melancólicos, el apetito sexual excitado (generación de aire) , las carnes magras, venas abultadas. Señala que el humor melancólico es algo mixto constitutivamente, la bilis negra puede estar muy caliente o muy fría, aunque su estado es frío por naturaleza. Si la bilis negra está demasiado fría y en exceso produce torpores, depresión, ansiedad, abatimiento (aJumia)(falta de ánimo) : "estamos en un estado de duelo sin saber porqué mientras que en otros momentos nos encontramos alegres sin motivo aparente" (Probl. XXX, 954b, 15-20) (ecomen wste lupeisJai, de tal modo nos encontramos afligidos ). Si está demasiado caliente produce animación, úlceras, prontitud a la ira y al deseo. "Muchos, también, son proclives a accesos de exaltación y éxtasis , porque este calor se localiza cerca de la sede del intelecto; y es así como se elevan las sibilas y los adivinos, cuando son así no por enfermedad sino por temperamento natural". "Al ser variable la acción de la bilis negra, son variables los melancólicos", " ya que es posible que esta mezcla variable esté bien templada y bien ajustada(...)eso hace que todas las personas melancólicas sean personas fuera de lo común, no debido a enfermedad (nosoV )sino por constitución natural (fugiV) ". Es de señalar especialmente que la idea de "medio" aristotélica se aplica a esta noción de melancólico ideal. "Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias", dice Sancho, luego de ver la encantada aldeana Dulcinea. (2a. Parte, cap.XI). Mencionemos los avances siguientes. Galeno en el siglo II d.C., describe varios tipos de conductas melancólicas , derivadas de falsas impresiones sensoriales, las phantasis, acompañadas de temor y desesperanza, y destaca que no todos desean morir aunque para algunos la causa de la tristeza es la muerte. La atrabilis se desparrama por todo el organismo y produce una enfermedad crónica y recurrente. Se establecieron las relaciones entre manía y melancolía , acercando ambos estados como etapas de un mismo mal. Ya Sorano de Efeso (II d.C.) consideraba la fase maníaca como estado previo al melancólico y Areteo de Capadocia (I d:C:) concebía el proceso a la inversa, y la definía como "una tristeza del alma concentrada sobre una idea fija": "los melancólicos son inquietos, tristes, desanimados, insomnes y son presas del terror (...)se ponen flacos por su agitación y llegan a perder el sueño vivificante(...)desean la muerte. Desgarran sus propios miembros con espíritu religioso para tributar una especie de homenaje a los dioses que exigen este sacrificio". La enfermedad " afecta el pensamiento, con tristeza y aversión por las cosas más queridas" y toma su nombre de que el paciente a menudo vomita bilis negra. Rufo de Efeso, siglo II de la escuela neumática, también atribuye a los seres afectados por la melancolía el espíritu sutil y la inteligencia. Durante la Edad Media se continuará la teoría de los humores asociada a las ideas de Platón y Aristóteles sobre las pasiones. Las traducciones de las grandes obras griegas al árabe y la posterior traducción al latín serán un caudal para la cultura cristiana. Uno de los textos será el Tratado de melancolía del árabe Isak Ibn-Imram del siglo X y el Canon in medicina de Avicena del siglo XI. Avicena tenía una orientación galénica y hará hincapié en la teoría humoral. La manía ataca la imaginación y la melancolía la razón. En su tratado del alma localiza en el cerebro a los sentidos internos, como el sentido común, la virtud imaginativa, la cogitativa, la estimativa y la memoria, punto común a los dos pensadores fundamentales de la Edad Media, Agustín y Tomás de Aquino. Para Agustín, influido por la dicotomía platónica cuerpo-alma, la mente tendrá tres categorías: razón, memoria y voluntad, y la de cuatro pasiones fundamentales, descriptas por Cicerón: deseo, temor, alegría y tristeza, moduladas por la razón. Tomás de Aquino en el siglo XIII, influido por Aristóteles y los pensadores árabes, retoma la teoría de los humores que participaban en los fenómenos psíquicos. La psique estaba estructurada en el anima vegetativa, que trataba las funciones fisiológicas, el anima sensitiva, relacionada con los sentidos internos y externos. Estos incluían el sentido común, la imaginación, la fantasía , la memoria. Los externos representaban el movimiento, la lujuria y lo irascible. Y el anima intellectiva, que aludía a la razón. Si bien el humanismo antropocentrista retomará las ideas de la antigüedad, el poder de la contrarreforma religiosa cuestionará y perseguirá las ensoñaciones demoníacas producidas por la melancolía. El diablo prefiere los cuerpos melancólicos "el diablo perturba desde dentro los humores, obstruye los órganos, pica las meninges, opila los nervios y tapona las arterias, y todas estas maldades no las podría cometer si no lo ayudase el humor melancólico". En el siglo XV aparecen tratados de brujería como el Formicarius y el Malleus Maleficarum. La brujería se alineará con la melancolía, y su curación pasa a manos de los sacerdotes, confrontando la ciencia médica con la teología. El saber médico estaba asociado a los judíos y las fuentes hipocráticas y galénicas resultaban sospechosas. La decadencia del imperio español se asociaba con la enfermedad, manifestándose entonces una preocupación en tratados políticos y textos religiosos como hipótesis de proyección del terreno individual a la enfermedad social. La melancolía afectaba a los monjes, una parálisis anímica , el tedium vitae, manifestado a veces por un deseo tan intenso de la divinidad que hace el objeto inaccesible y clausurado. Santa Teresa temía las consecuencias de ese delirio morboso, distinguiéndola del éxtasis místico : "Yo he miedo que el demonio debajo del color de este humor(...)quiere ganar muchas almas". El estado de contemplación , caracterizado por la sequedad en la imaginación, el desgano en lo particular y el gusto por la soledad, tenía coincidencias con la melancolía, pero se distinguía por el gusto de estar a solas con Dios. El médico Francisco Vallés en su obra De sacra philosophia (1587) acusaba al demonio de entrar al cuerpo para excitar los vapores negros de la melancolía. Según Avalle-Arce la locura del Quijote surge de dos facultades desacordadas, la imaginativa y la fantasía. Luis Vives describía la función de la imaginativa en De Anima et Vita, I, x. (1538) paralelamente a la nutrición . La imaginativa es quien recibe las imágenes impresas en los sentidos, la memoria las retiene, la fantasía las perfecciona y la estimativa las distribuye según su disenso. Don Quijote registra imágenes deformadas, las imágenes se imprimen en una imaginativa desarreglada. No son los sentidos los que perciben equívocamente, sino el pasaje de lo sensorial al alma lo que se desajustó. Y se las embellece de acuerdo al deseo : la venta es recibida por el alma de Don Quijote como un castillo por el desajuste de su imaginativa, y una vez que se imprime en su alma la imagen de un castillo acude su lesionada fantasía a perfeccionarla" . Según Juan Huarte : "Por maravilla se halla un hombre de muy subido ingenio que no pique algo en manía, que es una destemplanza caliente y seca del cerebro" . Avalle- Arce encuentra que lo colérico del Quijote lo acerca a los temperamentos donde predomina la bilis amarilla, secos. Una manía, la de la caza, es sustituida por la de los libros de caballería. La falta de humedad desequilibra los humores. Cada regreso del héroe significa un sueño largo, que reestablece la humedad del cerebro. No hay que olvidar la influencia del Elogio de la locura (1511) de Erasmo de Rótterdam. Y, citando a Jerónimo de Mondragón en Censura de la locura humana (1598): "los tenidos por Cuerdos son Locos" y "los tenidos comúnmente por Locos son dignos de alabanza". El estado del "conjunto melancólico-depresivo" continúa rondando la contemporaneidad como nuevo "mal del siglo", disputado entre una psiquiatría de medicación robotizada y los mandatos sociales de actividad y rendimiento, alertando sobre un nivel profundo del sentido de la vida, mostrando el deseo como una ilusión, una ficción construida que tal vez flota sobre la nada. |
| Lic.
Claudia Pérez. Profesora de Literatura de la Escuela Municipal de Arte Dramático "Margarita Xirgú". |
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