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Tangata de la feria de Tristán Narvaja |
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Bandoneón
en las manos blanquecinas de un ciego Evoca
las cadencias La
tristeza sin norte de cien tangos Pero
no crea ninguno. Un
pregón verdulero se lamenta, Cocoliche
en la sangre, Y
las gordas vecinas regateando vintenes Mientras
chancletean desesperanza. Desde
lejos el eco -se
desliza entre paredes ya leprosas abrazando
los plátanos torcidos la
galera del viejo mercachifle- de
tamboril que baja con su llanto. Multitud
peregrina en un mirar constante, Portes
expresionistas taciturnos Algún
niño que ríe Perros
ladrando a la melancolía. Y
es la tenue vitrola que convoca desde un tiempo Sin
tiempo A
la voz de Caruso. Languidece
de años la sonrisa de la Bella Otero En
la negra postal. Un
óleo de bazar que representa una calle de vicio En
grotescos colores, Mientras
a una pobre trotacalles Le
cambiará la vida una camisa Que
le destaque el busto. El
cielo despiadado y muy plomizo Contradice
al sermón sobre la biblia, Y
un libro que nos habla de Don Bosco Se
refriega sin saco a las antiguas Postales
catalanas de relajo. Desde
el bronce en la altura, es Dante Quien
contempla Con
el genio fruncido Preocupado La
caravana que se hunde por Tristán hacia abajo Por los círculos tristes. |
Gualberto Pérez Barbagelata
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