Amor profano
Gualberto Pérez Barbagelata

A María Félix, fatalmente eterna

De pronto fueron muchas

pero no

todas las deseadas.

Muy pocas recordables

con amable nostalgia

o con leve

          cariño.

 

Eva y Lilith

Magdalena y Jetzabel

—Blancanieves y también la madrastra—

variedad no faltó

en esta muy personal

cosecha.

 

No pudieron ser las más bellas, ni las

más apetecibles, ni virtuosas, ni

sensuales, ni mágicas

mujeres.

Tan sólo y casi

               siempre

nada más (y nada menos)

eso que un artesano

no muy favorecido en el preciso

accionar de cupido

fue logrando en concreto,

a contrapelo

de la engañosa promesa de los sueños.

 

Es un largo rosario,

aún no han finalizado sus misterios,

su impronta sin embargo

está marcada a fuego:

 

en casos muy contados

se trata

de misterios gozosos

(y allí los dolorosos

han seguido puntuales

de inmediato).

Gualberto Pérez Barbagelata
Poemas irreverentes

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