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Amor profano |
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A María Félix, fatalmente eterna |
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De
pronto fueron muchas pero
no todas
las deseadas. Muy
pocas recordables con
amable nostalgia o
con leve
cariño. Eva
y Lilith Magdalena
y Jetzabel —Blancanieves
y también la madrastra— variedad
no faltó en
esta muy personal cosecha. No
pudieron ser las más bellas, ni las más
apetecibles, ni virtuosas, ni sensuales,
ni mágicas mujeres. Tan
sólo y casi
siempre nada
más (y nada menos) eso
que un artesano no
muy favorecido en el preciso accionar
de cupido fue
logrando en concreto, a
contrapelo de
la engañosa promesa de los sueños. Es
un largo rosario, aún
no han finalizado sus misterios, su
impronta sin embargo está
marcada a fuego: en
casos muy contados se
trata de
misterios gozosos (y
allí los dolorosos han
seguido puntuales de inmediato). |
Gualberto Pérez Barbagelata
Poemas irreverentes
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