Cuento de gallegos

 
Sorprenderá, seguramente, a nuestros lectores, saber que lo de los cuentos de gallegos no es cosa de hoy, ni de la última década y que está en las costumbres populares desde hace mucho tiempo.
Siempre nos ha parecido que esa tendencia de endilgarle a estos hispánicos la paternidad de cuanto exabrupto o desaguisado ande por estas tierras de Dios es cosa a la par que exagerada, excesivamente injusta.
Primero, porque no merece este laborioso pueblo el asedio permanente de todos. Cada comarca tiene sus características propias, sus factores positivos o negativos, sus puntos claros u oscuros. Y los gallegos no son ni más ni menos que sus congéneres que en el mundo habitan, habiendo aportado a España valiosas muestras de su talento y creatividad.
Galicia, con Sicilia y Provenza constituyeron uno de los núcleos iniciales del lirismo medieval. Las cantigas galaicoportugesas que surgen desde Santiago de Compostela conforman uno de los más tempranos y valiosos aportes a la lírica peninsular. Desde esa época, pasando por la legendaria Rosalía de Castro en las postrimerías del siglo anterior, hasta los valores nuevos de las letras gallegas, grande y significativo ha sido el aporte de este pueblo a la cultura universal.
Era gallego, Don Ramón María del Valle Inclán y Montenegro que agregaba a su pomposo nombre, como símbolo de indiscutida distinción, ser "Señor de la Puebla del Caramiñal", un modesto vecindario de su Coruña natal.
Pero hay otros aspectos: Como una ironía, para desmentir toda esa fama de pueblo austero y sufrido, sin espacio para autocrítica ni predisposición para la sana alegría, es de señalar que buenos, pero muy buenos humoristas, de los mejores de Europa, son gallegos de pura cepa.
Y para muestra, no uno, dos botones:
Julio Camba en quien la historia reconoce "vocación viajera y un inteligente y agudo sentido del humor" era oriundo de Villanueva de Arosa (Pontevedra). Este brillante escritor que hablaba inglés, francés, alemán, italiano, turco, griego y ruso, es autor de algunos títulos de antología dentro de la literatura humorística: "La rana viajera"; "Aventuras de una peseta"; "La casa de Lúculo", etc.
Wenceslao Fernández Flores, de Cecebe (La Coruña) fue también un gran humorista. Desde el año 1948, en el "A.B.C." de Madrid fue responsable de una columna deportiva titulada "De portería a portería" que los lectores aguardaban con la avidez de quien espera pan caliente.
Dueño de una gracia excepcional para enfocar el juego del fútbol a través de la crónica periodística, fue creador de un término desconocido: el vicegol incorporado desde entonces a la jerga del popular deporte.
Ubicándonos en Canelones y en relación con esta literatura de cuentos gallegos, vaya esta muestra extraída de un gracioso relato que Don Rómulo F. Rossi publicara hace más de cincuenta años, ("Nuevos Rumbos"; 18 de enero de 1936) bajo el título de "Tanto dá Chana, que Juana".
Es de hacer notar que Don Rómulo F. Rossi que incursionara con éxito en el campo de la narrativa, fue el segundo Intendente Municipal de Canelones, actuando desde 1911 a 1916.
Don Rogelio Ribeiro, gallego de pura cepa, honradote, trabajador, guapo, sórdido en sus gastos y terco como una mula" se desempeñaba como pescador en las proximidades de la Isla de Flores. Cuando sus colegas lograron convencerles -¡¡tarea nada fácil!!- que debería sustituir sus remadas a brazo limpio, por los servicios de un potente motor marino, se presentó ante la Prefectura para registrar el cambio.
Concluido el trámite el funcionario actuante le preguntó si quería cambiar el viejo nombre de la embarcación ("Flor de Vigo") por otro. El gallego Ribeiro le contestó que sí, que en adelante su barcaza se llamaría de otra forma. "Si hasta ahora he remado yo -expuso- de hoy en más se llamará :" Que reme Cristo"
Se opuso el funcionario argumentando que esto constituía, además de un nombre totalmente inadecuado, un insulto y una irreverencia para la fe cristiana.
Desconsolado volvió Ribeiro con sus compañeros y aseguró que en tres días se saldría con la suya.
Se hizo una apuesta por la vuelta de copas para todo el mundo. Cuando el personaje volvió a la Prefectura inscribió su embarcación con el sugestivo nombre de "Remedios". El empleado aceptó complacido pensando que el gallego rendía homenaje a alguna mujer de ese nombre que allá en la galaica aldea, con su hermosura y donaire, habíale robado sus sueños. 
Los compañeros le demandaron el pago de la prenda. 
Por el contrario Rogelio Ribeiro dijo que había salido con la suya y que eran ellos quienes debería pagar:
·"¿Qué nombre quise ponerle antes?" 
·"Que reme Cristo", dijeron sus amigos. 
·"¿Qué nombre tiene ahora?". 
·"Remedios", le contestaron. 
·"Que reme Cristo" o "Reme Dios" lo mismo da. ¿Estamos? 

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