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Los poemas cubanos de Hemingway [1]
Lic. Carlos A. Peón Casas
pastoralc@arzcamaguey.co.cu

 
 

El corpus poético de Ernest Hemingway, aunque no trascienda como la quintaesencia literaria del narrador de pesos pesados que fue, no es nada despreciable, no ya por su  cantidad o los valores formales o de contenido; sino acaso por ese hálito de singularidad, de vida interior, que los recorre. El arquetípico escritor, dueño de un estilo que, imitado hasta la saciedad sin mucho éxito por muchos, es siempre reverenciado como el maestro de las historias cortas, los diálogos como puñetazos, y los personajes cortados de la vida sin que les falte nada; es, sin embargo, como poeta, el perfecto desconocido, que, incluso, algunos lectores avisados de su obra narrativa, no creen conocer. 

Hemingway, el  joven poeta en los años de Chicago y  Paris[2], aunque marcado por el signo de grandes maestros (Kipling, Lardner y Sandburg), referencia inevitable en los cultores más jóvenes, era dueño ya desde tales inicios  de un discurso propio, y una voz para nada despreciable, que, amén de su talento innato, se harían cada vez más personales, a medida que su propio oficio como creador  enseriara aún más sus subsiguientes entregas poéticas.[3]

Y aunque su producción poética decrecería a partir de los años parisinos, justo con la emergencia del narrador de altos quilates que ya no dejaría de ser, aún en ese bien ganado limbo literario, no dejaría de expresarse poéticamente, como un ser total, no ya como  elemental contraparte de la ficción[4].  De tal período, datan los poemas aparecidos en la revista alemana  Der Querschnitt[5], a las que el propio Hemingway restaría valor en Paris era una Fiesta, cuando aludiera a que tales textos simplemente le proveían entonces unos necesarios fondos pecuniarios. Ya para tal fecha sus poemas tenían la marca del satirista, y en su mayoría, el sello personal de una poesía no apta para ser publicada[6].

Hay un período en la vida del autor, el que corresponde  a los años de 1935 a 1944, en que silencia, aparentemente,  la escritura poética. Reaparece el poeta otra vez, en posesión de un estilo “personal y catártico”[7] en los poemas dedicados a Mary Welsh, escritos durante las últimas etapas de la  Segunda Guerra Mundial.

El siguiente período creativo, corre desde esa fecha hasta el año 1956. Tales manuscritos poéticos, marcados por el signo de lo instantáneo, sobrevivieron en muchos casos para ser retocados a posteriori por el autor, y muchos quedaron intocados y a salvo del olvido, en sus precarios soportes originales, llevados y traídos por el propio Hemingway, a lo largo de sus largos periplos  y estadías más diversas: el Ritz de Paris, el Bar de Sloppy Joe en Cayo Hueso, Finca Vigía en Cuba, y su casa de Ketchum en Idaho.

Nuestro trabajo se referirá en lo sucesivo a los textos escritos en su casa de Finca Vigía:  que son a saber: Defense of Luxembourg (1944); To Crazy Christian (ca. 1946); Lines to a Girl 5 Days after her 21st Birthday (1950) y  If my Valentine you wont be…(1956)[8].

Mirados como un conjunto, estos pasajes cubanos de Hemingway, agrupados con ese sólo criterio de su ubicación en el espacio-tiempo de su Finca cubana, apuntan, sin embargo a situaciones y a sujetos de diverso signo vital: léase en orden sucesivo, a los acontecimientos vividos en la línea Sigfrido en Bélgica, a  la muerte de uno de sus tantos gatos, a la condesita Ivancich, y last but not least, a su última esposa, Miss Mary. Todos a su vez, son textos muy personales, escritos desde la perspectiva más intimista que generan sucesos vitales, con más o menos trivialidad, pero eso sí, con una carga de inevitable emotividad y una innegable sensibilidad siempre a flor de piel. Quizás,  entre todos, el primero y el tercero de los ya mentados, por sus notorios alcances, nos merezcan ahora un aparte en esta breve relación

Defensa de Luxemburgo, el primero citado es, sin dudas, su texto más temperamental, que nos comunica esa inevitable zozobra que experimentara al autor-poeta, durante los momentos que precedieron a una de las tantas batallas de la Segunda Guerra Mundial, en la que el frío corresponsal de guerra, se explaya en un texto íntimo y cargado de sensibilidad.

Su discurso es, ciertamente, rememorativo, escrito desde la placidez de Finca Vigía, pero todavía  resonando en el background del Hemingway más duro, los desafueros de la terrible conflagración recién terminada. En este, como en muchos de los poemas anteriores, alusivos a la primera incursión guerrera de Hemingway en Italia durante la Primera Guerra Mundial, queda verdaderamente  plasmada esa noción de  total desamparo y extrañamiento por el inevitable bramar de las armas y el fragor de la muerte, que se enseñorea con los jóvenes cuerpos de los soldados sacrificados a una causa inútil.

Lo que leemos de aquel recuento, nos sobrecoge todavía:

Ven y únete ahora a nosotros(…)

Trae contigo sabiduría, delicadeza, fortaleza, decisiones rápidas y precisas, y la habilidad de abandonar a sabiendas y radicalmente toda esperanza que no sea la de quedarte y luchar.(…)

Trae también lo despreciable,

Lo devaluado y maldito

Ellos pueden ser llevados como estandartes,

O en los bolsillos.

Pero tráelos de inmediato a donde vamos ahora.

Son tal valiosos como el jabón (que se hace con los caballos muertos(….)

Y no hace falta traer dinero.

Nadie te lo puede cambiar.(…)[9]

Por su parte: “Líneas a una muchacha cinco día después de su cumpleaños 21”, es un texto más anecdótico, si entendemos que el sujeto (Adriana Ivancich), es la bella joven que Hemingway conociera en Italia en 1948, y a la que se suele asociar, de manera inopinada, con el personaje de Renata en  “Across the River and  Into the Trees”[10].

El detalle singular del poema pasa igualmente porque el suceso de su cumpleaños 21, referido por el poema, acontece  durante su visita a Finca Vigía en diciembre de 1950,  hecho ya harto reseñado por los biógrafos hemingwayanos más competentes, y que  no nos corresponde ahora, desglosar. De este texto entresacamos algunos versos de la segunda parte del poema, donde se establece una especie de diálogo entre el poeta y la muchacha, un diálogo que no es precisamente el clásico e idílico entre dos amantes, como a muchos les gustaría suscribir, sino al intercambio sabio y mesurado entre dos artistas: uno, muy joven, y, el otro, ya mayor que la aconseja y conforta, según lo apunta el ya citado Nicholas Gerogiannis[11] en sus notas críticas, criterio que suscribimos plenamente:

Despiértate en la mañana

Venecia está todavía en su sitio(…)

Las cosas que amamos yacen en la grasosa laguna

Desanda el camino empedrado sin compañía,

Vive tu soledad y disfrútala

Por un día tan solo(…)

Hazlo en las mañanas cuando la cabeza está fría

Y en las tardes, cuando todo se ha vendido,

Y en primavera, no importa si todavía no llega

También hazlo en el invierno

Y en los días de calor

Y en el mismísimo infierno.

Cambia  tu cama por un lápiz

Y tu pesar por una página

Y si no resultara

Que tengas buena suerte en tu vida.[12]

Estos textos cubanos, sumados a todo el corpus de la poesía de Ernest Hemingway como un todo indivisible, son todavía una asignatura pendiente para el lector de este país caribeño. Cualquier traducción al español que se haya verificado en cualquier otro punto de este mundo plural, es hic et nunc, verdaderamente una rareza editorial, por ende serían pocos, muy pocos, los lectores que hayan podido sacar el mejor partido de tal o tales versiones. Leerlos en el original es igualmente, un muy raro privilegio, sólo al alcance de otro escaso grupo, mayoreado principalmente por especialistas en la obra del también cuentista y novelista.

Sumemos a lo ya dicho que tal pretensión traductiva entre nosotros, chocaría de inmediato con el valladar insalvable de los derechos  de autor, que para tales propósitos detentan sus herederos, y cuya validez, hasta donde sabemos, sigue en pie.

Pero, a pesar de los escollos, los lectores cubanos merecen de cualquier modo disfrutarlos en una versión traducida, por la que abogamos desde ya, y saborear en ellos, ese inevitable bouquet, que destilan en el tiempo creativo del autor, creídos siempre en esa certeza del crítico Alan Pauls, (dicho de ese otro mito contemporáneo, tristemente desaparecido, que es el chileno Roberto Bolaño), y que le endilgamos ahora al Hemingway poeta sin ninguna dificultad: “ la poesía es aquello que sostiene la escritura y seduce en los más grandes escritores”[13]. Leer al Hemingway poeta, en español, bien vale entonces el esfuerzo.

Referencias:

[1] Trabajo leído  en el  13 Coloquio Internacional Ernest Hemingway (edición del 2011)   celebrado en la Ciudad de la Habana,auspiciado por el Museo Finca Vigía y la Cátedra Ernest Hemingway adscrita al Instituto Internacional de Periodismo José Martí .

[2] Para 1929 Hemingway había completado ya setenta y tres poemas, de los ochenta y ocho que se incluyen en su corpus poético. Entre aquellos, se cuentan los más tempranos aparecidos en Poetry y Three Stories and Ten Poems. Citado por Nicholas Gerogiannis en su Introducción a Ernest Hemingway. Complete Poems. Ernest Hemingway. Revised Edition. University of Nebraska Press, 1992. Todas las citas subsiguientes de este trabajo refieren a dicha edición.

[3] Otro mentor de los tiempos parisinos sería Ezra Pound de quien Hemingway no tendría reparos en  afirmar a un amigo que: “me está enseñando a  escribir, y yo lo estoy enseñando a boxear”. Ibíd. p.xiii

[4] Ibíd. p. xi

[5] El propio James Joyce tuvo a bien celebrar la publicación de aquellos textos. Ibíd. xvi.

[6] Un texto de tal época: “To a Tragic Poetess”, leído en una fiesta parisina en octubre de 1926, enojaría a muchos de sus amigos poetas como Ogden Stewart y Archibald McLeish, los anfitriones, quienes creyeron reconocer en el texto un ataque de Hemingway a la escritora Dorothy Parker, célebre por su desmesurado histrionismo. En Nicholas Gerogiannis, op cit. p.xviii

[7] Nicholas Gerogiannis, op cit. p.xix

[8] Complete Poems. Op.cit. pp.115-116;118; 125-126 y 127 (Las páginas corresponden a los poemas en el mismo orden en que fueron citados)

[9] Defense of Luxembourg. Complete Poems…op cit. p.115.El fragmento citado es el que sigue: Come now and join us./Bring knowlwdge, subtetly, side-slippering ,hardiness, fortitude, quick and sound decisions, and the ability to abandon knowingly and soundly all hope of every kind yet stay and fight.(…)Bring fuck-all,/Bring worthless/Bring no good/They can be carried  as banners/Or in the pocket./But bring them where we go now./They are valuable as soap(soap is made from the dead horses…)and there is no need to bring money./No one can change it.

[10] Del asunto en cuestión mucho se ha especulado ya a partir de la irresponsable afirmación de Afdera Franchetti (amiga de Adriana) a la revista Europeo de que ambas inclusive fueron los modelos para Renata en la citada novela Across the River and Into the Trees. La Franchetti llegó más lejos aún y les dijo a los cronistas más amarillos del diario, que ella misma había sostenido un “ hipotético affair” con Hemingway en Paris y en Finca Vigía, que por supuesto no estaba más que en su imaginación.. Citado por Nicholas Gerogiannis en Explanatory Notes en  Ernest Hemingway. Complete Poems, op cit. Nota 87, p.157

[11] Ibíd.

[12] Lines to a Girl 5 Days After Her 21st Birthday en Complete Poems, op cit, p.125 y ste. El texto original dice: “Wake up in the morning/Venice still is there(…)The things that we have loved are in the gray lagoon/All the stones we walked on/Walk on them alone/Live alone and like it/Like it for a day(…)Do in the morning when you mind is cold/Do in the evening when everything is sold/Do it in the springtime when springtime isn’t there/Do in the winter(…)Do it in every hot days/Try doing it in hell/Trade bed for a pencil/Trade sorrow for a page/No work it out your own way/Have good look at your age.

[13] Alan Pauls. Página 12 en “El Gaucho Insufrible”.Roberto Bolaño, Anagrama. Barcelona, 2003.

 

por Lic. Carlos A. Peón Casas
pastoralc@arzcamaguey.co.cu

 

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