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Estatua
de sí
sobre el poste de teléfono
el águila espera
sin presas
al apereá
que vive al borde
de la carretera.
En los campos
marcados por el hombre
comidos por la oveja
quedan pocos roedores.
Es inútil planear
majestuosa y visual
sobre lo enorme.
Vale más
con humildad
parada sobre el poste
esperar
lo que le toque
ahora (que ya es después).
Las palabras
intocables
van dejando de viajar
a través
de cables
y pronto el obsoleto
teléfono a magneto
y su poste
no van a existir más.
El águila descenderá.
Silenciosa y esperando
se posará en el alambrado.
Cada vez más cerca del suelo.
Cada vez menos diferente
de su alimento. |