¿Quién es más feliz, el que manda o el que obedece?
Julio César Parissi

Nuestra vida está formada por derechos y obligaciones, y si bien es cierto que en el terreno del trabajo y la vida personal siempre tenemos por sobre nosotros a alguien que manda y a nuestro cargo alguien que obedece, nunca sabemos con certeza cuál de esos dos lugares es el de mayor felicidad. Es decir, ¿quién es más feliz, el que manda o el que obedece?

 

Lo primero que se nos ocurre pensar es que quien manda es más feliz y quien obedece, por una cuestión de sometimiento al otro, no lo es tanto. Pero los dos lugares tienen sus pro y sus contra. El que manda tiene la felicidad de decidir sin pedir permiso, pero también tiene el stress de saber que cualquier error que cometa será por su culpa y que las cosas dejarán de funcionar si él no se ocupa, mientras que el que obedece delega esas responsabilidades. Y si uno es medio vago, prefiere que las decisiones las tomen los demás. Incluso, por esa condición de poco afecto al trabajo, los demás no le darán trabajos que lo incomoden. ¿Y quién no soñó con tener una vida sin problemas?

No alcanza con mandar para ser feliz. La felicidad completa es mandar y que, además, nos den bola.

En una oficina cualquiera, un gerente déspota puede gozar con su mando incordiando a sus empleados. Pero la felicidad de los que obedecen consiste en las cosas extras que le agregan en el café que le sirven al gerente. Y es por estas cosas que uno pone en duda que el mando dé felicidad. Si mandar hace feliz a la gente, ¿por qué la mayor parte de los jefes tiene un carácter podrido?

A pesar de que un lugar jerárquico es importante y nos distingue, no siempre el puesto de mando es un galardón que nos dan por nuestra capacidad. En muchos casos esto sucede porque hay un montón de vagos que nos dan el control de algo para sacarse los problemas de encima.

Quienes siempre se quejan de que nunca tienen el mando —en este caso el mando de la casa— son las mujeres. Me refiero a las mujeres que aún no consiguieron casarse.

Pero, como la polémica por saber en dónde está la mayor felicidad, si en el que manda o el que obedece, es algo que no tiene una conclusión definitiva, podríamos aventurar una idea que sería la más acertada: el estado ideal es tener el dinero del que manda y la despreocupación del que obedece.

Julio César Parissi
De "
Las Mujeres Son Un Mal Necesario"

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