Prologo a "La otra Isla de los Cánticos", de María Eugenia Vaz Ferreira

por Emilio Oribe (1959)

A la Señora

Sara Vaz Ferreira de Echevarría.

Hace algunos meses se me dio la oportunidad y la confianza de entrar en conocimiento de las poesías originales de María Eugenia Vaz Ferreira que habían sido conservadas sin tocarse desde su muerte en mayo de 1924.

Se trataba del material poético, que ella conservó en las etapas de su vida, en simples versiones sin cuidar, en copias, en cuadernos y libretas; de allí se había tomado el contenido de la edición de La Isla de los Cánticos, que de acuerdo a una selección de la autora, publicó el filósofo Carlos Vaz Ferreira en el año de 1925.

Poderosos motivos de índole emocional y respetables pudores de la intimidad, determinaron al poseedor de ese conjunto poético a no reverlo ni a emprender la tarea de revisarlo, seleccionarlo o darlo a publicidad. Recién cuando falleció Carlos Vaz Ferreira en 1958, se pudo realizar la copia de los poemas de María Eugenia y establecer ordenaciones y esclarecimientos sobre el precioso legado. Yo constaté entonces, la existencia de obras de diversas épocas. Unas habían sido publicadas en la juventud de María Eugenia; otras circularon en copias entre los particulares íntimos y otras conocidas por primera vez. En ese conjunto observado por mí se habían excluido los poemas que integraron el libro La Isla de los Cánticos.

Además existían variantes de los diversos textos, fragmentos de poemas, esbozos, versos sueltos, borradores. En algunas circunstancias, la acción de los años había destruido ya partes del papel utilizado. Las copias eran manuscritas, con descuidos y tachaduras, pero ello no impidió que se trasladaran los originales en un texto suficientemente legible que facilitara la lectura ordenada. Después de una detenida y cuidadosa selección, me decidí a reunir setenta y una composiciones, de esos originales conservados en clausura durante más de treinta años, y denominar a ese conjunto con el título La Otra Isla de los Cánticos.

Desde que se publicó la primera “Isla de los Cánticos”, consideróse que allí estaba representada la personalidad poética de la autora en la forma selecta y rigurosa que ella soñara para su obra. El mismo Vaz Ferreira se limitó a señalar que respetaba íntegramente la voluntad de su hermana, dejando intacta la forma y aún el orden de los poemas elegidos. Desde entonces, aquel libro fue considerado como la expresión más fiel de su personalidad poética eminente y pasó a adquirir perennidad dentro de la lírica hispanoamericana. Todas las veces que se valora la obra de la poetisa, se citan los poemas incluidos en 1.a Isla de los Cánticos, que pasaron a integrar las antologías del continente y a otorgarle perfil definitivo a la autora.

En posesión ahora del material completo de la creación poética de María Eugenia, es necesario establecer lo siguiente: en su inmensa mayoría la primitiva "Isla de los Cánticos" es la expresión de los últimos quince años de la vida creadora de la poetisa, pero además, se han incluido poemas de su juventud que ya habían sido publicados a principios de siglo.

No existe una ordenación cronológica; se han perdido las fechas en que han sido escritos los poemas, y éstos se recopilaron y se dieron a publicidad de acuerdo con una armonía arquitectónica muy personal, según un criterio que fue dictado o insinuado por la misma poetisa, quien sólo tuvo en cuenta las armonías secretas de sus simpatías y la íntima correspondencia de sus intenciones, emancipándolos de toda alusión a concomitancias temporales o concretas, correlaciones de contenidos incidentales u otras referencias.

Es preciso reconocer la sabia estructura interna del volumen; es un ejemplar de la obra poética breve, condensada, estremecida por un hálito de perfección y autenticidad que la destacó entre las obras de sus contemporáneos. Para muchos que conocieron a la poetisa y para sus admiradores, allí estaba todo el mensaje de María Eugenia enfrentándose como una creación que se erguía con firmeza y se sostenía inconmovible, frente a la transición o destrucción del tiempo, a las polémicas sobre las nuevas formas poéticas y a los cambios del gusto de las generaciones. Ante una obra así, ¿qué modificación significaría en el concepto que sobre la autora se había establecido, por parte de la crítica la súbita publicación de este nuevo material poético conocido en 1958? Se han seleccionado setenta y un poemas del conjunto total disponible para formar el nuevo volumen. La elección ha sido muy difícil y después de muchas discriminaciones se ha llegado al fin a adoptar un criterio, de mayor amplitud que el que rigió la selección de 1925. La primera revelación al valorar el nuevo conjunto de composiciones, lúe de sorpresa; dentro de la obra recientemente conocida se revelaban varios poemas de intensidad lírica semejante a los más representativos de la autora. Pertenecían indudablemente a la época de culminación más depurada de la poetisa. Además existían otros igualmente representativos que recogían la cosmovisión y el momento de la juventud; unos habían seguido ocultos, otros habían sido publicados y gozaron de renombre, pero se les había colocado al margen de la obra fundamental, dada a publicidad entonces.

Se adoptó un criterio semejante pero tal vez más libre, que el que rigió en la norma seguida por Carlos Vaz Ferreira en 1925. Se llevó a término la selección según un ordenamiento de correspondencias y valoraciones, semejantes a las que se siguieron en el primer conjunto, y la ausencia de fechas indicadoras o de detalles favoreció la aplicación de este procedimiento. Se entregan así en este libro a la estimación de la crítica, composiciones de la áurea juventud de la preciosa criatura que se manifestó a principios de siglo en Montevideo, y que un pudor explicable o una censura intelectual muy rigurosa, condenó a permanecer en la sombra hasta este momento.

Ahora, desaparecidas las alusiones encarnadas que aún se vislumbran cuando se leen aquellas poesías, es evidente que deben colocarse, por su fúlgido contenido idiomático, junto a las obras de la madurez y de la perfección; así los límites del universo poético de la autora se ensancharán más allá del azar humano, para ofrecerle mayores basamentos a su grandeza definitiva.

Una noche acompañé a María Eugenia hasta su casa después de recorrer varias calles solitarias de la ciudad vieja. Ella me honraba con su amistad porque yo era comprensivo y silencioso. Deseaba que yo leyera un poema que separó de un inmenso conjunto de papeles tan desordenado como envejecido. Fue así que me leyó Único Poema, con su voz pausada y llena de sugerencias y resonancias. María Eugenia sometía con frecuencia sus poesías al juicio de sus amigos y oyentes. No forzaba la impresión, limitándose a leer y pedir después alguna opinión y tal vez consejo, ¿Los atendía? Parecía que en el fondo, ya ostentaba el concepto formado sobre el valor de lo que escribía y que no iba a modificar después, ni atendería ninguna indicación.

En Único Poema estaban los siguientes versos que me impresionaron profundamente:

¡Cuánto nacer y morir

dentro la muerte inmortal!

jugando a cunas y tumbas

estaba la soledad.

Quedóme en el oído esta estrofa y le interrogué por qué no modificaba el último verso, así:

estaba la Eternidad.

Pero hizo un mohín y no respondió. La soledad era entonces para ella más real, actuante y cruel que la eternidad; esta última era una dimensión metafísica del pensamiento abstracto que tal vez no encontraba resonancia en su espíritu.

Otras estrofas fueron admiradas o discutidas. Por ejemplo, la invocación concreta al canto de un huraño pájaro nocturno, que no fue comprendida por nadie. Carlos Vaz Ferreira alude a esa dolorosa circunstancia: Chojé, chojé. ¿Qué pájaro grita o canta así en la noche? Más bien es un ave puramente fantástica, un pájaro mental o de obsesiones nocturnas. El hecho es que con los años, el grito del pájaro se ha integrado con el poema y armoniza con su profundidad intemporal. Recuerdo que esa noche me leyó El Ataúd Flotante, que me produjo una sensación, desconcertante y extraña debido al título. Noches después me hizo conocer otro poema: Invocación, que acababa de publicar en una revista argentina. Allí resplandecía una imagen verdaderamente genial y hermosa de la noche, digna de los mejores poetas de oriente y occidente:

"Un viejo tesorero se ha dormido en los tiempos

y ha olvidado en tu fondo sus últimas alhajas.

Fueron estas dos, las últimas impresiones de María Eugenia. Dejamos de vernos por un tiempo y al reencontrarnos, eran infinitos los problemas que la acosaban y desesperado su atormentado existir. Pocos meses más tarde, esta criatura que habitó apenas la tierra, caía agobiada y se reintegraba a los abismos.

En fuertes vivencias por el estilo, la personalidad de María Eugenia, tan poderosa en su específica irradiación humana, y las circunstancias que rodeaban los últimos años de su vida, acudieron varias veces a mi memoria a cada instante al leer y ordenarlas copias, los originales, los poemas de su producción inédita. En adelante, la obra completa de María Eugenia deberá apreciarse dentro de la dimensión más amplia como es la que se presenta ahora, en posesión del contenido de sus dos libros. Las ordenaciones cronológicas tendrán que reconstruirse después y es probable que la labor ofrezca arduas dificultades. Las fuentes de sus inspiraciones, las influencias reveladas y ocultas dentro de su ubicación temporal sólo se han apuntado y se clarificaran algún día con más exactitud. Por último, y esto es lo esencial, se puede afirmar ahora que el mensaje original e inédito de su temperamento se ofrece en su plenitud y la intuición primaria que impulsa su cosmovisión poética, podrán ser apreciadas en el futuro en su verídico y total desenvolvimiento.

En su conjunto, la obra de María Eugenia insiste en pertenecer al linaje del caudaloso e íntimo lirismo humano que se manifiesta en los más valiosos cantos en el numen eterno hasta los tiempos modernos, alimentándose con su propia llama y concretándose puramente en una modalidad vital y existencial y nada más. Diríamos que se cumple, en ella la profética afirmación de Juan de Mairena: “'Algún día se trocarán los papeles entre los poetas y los filósofos. Los poetas cantarán sus asombros por las hazañas metafísicas, por la mayor de todas, muy especialmente, que piensa el ser fuera del tiempo, la esencia separada de la existencia; como si dijéramos, el pez vivo en el seco, y el agua de los ríos como una ilusión de los peces. Y adornarán sus liras con guirnaldas para cantar esos viejos milagros del pensamiento humano".

La obra en conjunto, comprendiendo las poesías de juventud, de esplendor verbal y de madurez sobria y concentra da, permite trazar nítidamente una parábola dentro de la esencia del más recóndito lirismo. Integra, un lirismo que viene con su intuición anímica y su musicalidad expresiva íntimamente unidas, en el contenido torrente del subjetivismo intemporal. La subjetividad más auténtica apenas permite que los ornamentos del Verbo se manifiesten según los tonos felices y los naufragios del vivir dentro de la dimensión temporal. Los poemas son casi todos breves o con desarrollos verbales que se expresan casi siempre libres de la anécdota, así como de toda apoyatura de la cultura o del ambiente. Hay una simple y delicada disposición del ánimo que trasluce una resonancia emocional que toma vuelo dentro de la diáfana órbita de los procesos líricos más intransferibles.

Toda la temática de su poesía lírica es la actitud y la peripecia del alma humana transfigurada por el amor, el tiempo y la muerte, y desligada de sus ataduras históricas. En ese sentido, la obra obliga a ser considerada en sí misma pues ofrece todo un contenido variable y al mismo tiempo rigurosamente íntimo, que puede hacerse comprensible sin la ayuda de las vicisitudes personales de la vestidura humana que se manifestó a través de ellas. La obra no tiene sino muy frágiles relaciones con la época en que le tocó el trágico contacto con la encarnadura terrenal y formal de la individualidad. La personalidad poética de María Eugenia emprende el vuelo serenísimo y solitario por la diáfana atmósfera de la esencialidad lírica, sostenida nada más que por la resistencia verbal de un lenguaje que se reveló como propio e intransferible, y que la coloca al margen y separada de todos sus contemporáneos.

Ella soñó para sus paladines o ideales amantes la grandeza heroica y la perfección culminada que buscó inútilmente entre los hombres, no pudiendo así lograrlas jamás. Sin embargo, alcanzó a corporizar en su obra aquella sublimación espiritual soñada al conquistar la forma y el contenido de estos poemas. Hoy ellos se revelan en su esplendor como símbolos y síntesis de una asombrosa y arrogante criatura apolínea que ennobleció con su tránsito el enigmático barro humano transfigurado en el espejo del cántico.

 

por Emilio Oribe - Obras escogidas Tomo II
Edición conmemorativa del centenario de su nacimiento
Montevideo MCMXCIII
Ministerio de Educación y Cultura

Gentileza de Anáforas Facultad de Información y Comunicación (pdf)
 

Ver:

María Eugenia Vaz Ferreira en Letras Uruguay

 

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