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Llueve sobre los campos, sobre las plazas,
llueve sobre los techos y llueve aquí,
llueve un llanto que moja plantas y casas
y va a nutrir el cauce del Río Yí.
Muestran la cara humilde rodeando el bajo
las paredes desnudas, y anda feliz
quien dignifica manos con el trabajo
en la tarde que inventa tonos de gris.
Corre lenta la nube y se mira tanto
doblándose en el agua que moja aquí,
que agitando las ondas quietas del canto
Treinta y Tres une con, Sarandí del Yí.
Vaya a saber qué cosas el viejo Río
en la orilla del monte viene a dejar
que son tibieza y brillo y en el estío
desde antiguas guitarras vuelve a vibrar.
Nazca un torrente en flores que se arracimen
en el río poblando nuestra canción,
y latiendo en los versos, pájaros rimen
con los latidos rojos del corazón.
Corre lenta la nube y se mira tanto
doblándose en el agua que moja aquí,
que agitando las ondas quietas del canto
Treinta y Tres une con, Sarandí del Yí. |