Jorge Albistur: la pasión por Cervantes

Lucio Muniz

L.M. —Hablemos de tus orígenes. Tu apellido es vasco.

J.A. —Sí, mi apellido es vasco y viene de un pueblo de la Provincia de Guipúzcoa que yo tuve la suerte de conocer porque en uno de los viajes que hice a España, fui hasta allí a propósito. No sé en realidad si es Albístur o Albistur. Acá hubo una pelea entre dos hermanos y uno le cambió el acento —según me contaron— así que yo desciendo del que decidió llamarse Albistur. Aunque como verás no lleva tilde. El pueblo de mis orígenes que visité, es precioso.

—¿Chiquito?

—Chiquito; está a unos cinco kilómetros de San Sebastián. Hay que ir en taxímetro porque de Tolosa a allí no hay nada. Es muy cerca de lo que está de moda ahora en España que es la calzada de los peregrinos que venían de Provenza hasta el Santuario de Santiago de Compostela, en Galicia. Está muy cerca del camino por el cual los peregrinos se desplazaban al Norte de España. Te cuento algo que si se quiere es curioso y que la única cosa que tiene —aparte de una torre de la que después te hablo—valor histórico, es algo que se llama "La casona de Mariana Albistur". Yo tengo una hija que se llama Mariana, nombre que le puse sin saber de la casona porque no tenía en aquel tiempo datos sobre ese pueblo que está en la montaña y no tiene industrias. Solamente se hacen azulejos. Hay gente que planta, claro, y hay un sólo bar en el que estuve almorzando y tomando una copa.

—Tiene que haber iglesia.

—¡Ah! sí; tiene una plaza y una fuente y hay gente que habla de los Albistur. Me mandaron a la casa de un hombre muy viejo que vive ahí hace mucho. Casa de la montaña donde abrís lo que viene a ser la sala principal y tiene una ventana que da a un establo porque los animales no pueden quedar sueltos, por el precipicio. Los cajones de verdura y los animales se encuentran prácticamente en el medio doméstico. Pero también encontrás el mejor lavavajillas y lavarropas de última moda. Vos miras la fachada y pensás "pobre gente". Entras, y ¡qué distinto!

—¿Obligan a mantener esas fachadas?

—No sé, en algunas ciudades, sí; por ejemplo en la parte del "Barrio Árabe" en Santa Cruz... la cuestión es que ese viejito me iba a dar datos sobre la familia Albistur y por eso fui. Me dijo que estaban todos en América. Sin embargo hasta hace unos dos años hubo un Alcalde de San Sebastián que era Albistur.

—Me dijiste algo de una torre.

—Sí, resulta que no sabia qué quería decir mi apellido, y mis amigos del Euskaro-Español que todos los años me invitan a una comida que se hace en una fecha especial junto al Guernica-Arbolá, esta vez me invitaron pero para dar una charla sobre Cervantes, en su sede de la calle Larrañaga. Di la charla, y una vez que terminé me dijeron que en retribución me querían obsequiar con un libro sobre los vascos en América y que querían saber si yo tenía algo que pedirles. Mi pedido fue que ya que tenían diccionarios y gente que estudiaba, me dijeran el significado de mi apellido. La respuesta que me dieron fue que era "Fuente del pedregal". Yo sabía que "Al" podía tener algo que ver con los árabes porque es el artículo de ellos, que como se expandieron... y "Al" es el artículo masculino y femenino a la vez. Por ejemplo "Al andaluz" quiere decir: "el país al Occidente", porque Túnez se veía a la izquierda, digamos, ¿no? Yo pensaba entonces que podía tener que ver con los árabes, y resulta que cuando llegué allá, me encontré con que declarada "Monumento Histórico Nacional", hay una torre. La hicieron los romanos, que prácticamente fueron los primeros colonizadores que tuvo España. Resulta que esa torre era blanca; torre blanca en latín "albis-turris". Al parecer, el origen del nombre del pueblo, es ése, sería: el pueblo de la torre blanca.

—Parece claro que "albis-turris", es igual a Albistur. ¿Y cuál era el vasco en tu familia?

—Es anterior a mi abuelo, porque él ya nació acá.

—¿Y por parte de madre?

—Tengo apellido español: Velazco. Sabés que a mí siempre me enorgulleció el origen.

—¿Por qué?

—Porque es un pueblo muy enigmático, muy raro.

—Con su idioma y costumbre.

—Sí, porque tiene una tradición que es diferente a la de otros pueblos. Claro que también entiendo que...

—¿Que anda el corazoncito, por allí?

—¡Ah! la patria vasca la sentís estando allí, ¿eh? Si, sí; la patria vasca como nación y el afán separatista. Una vez me dieron un mapa mostrando lo que sería si se unieran las partes francesa y española. Resulta que te enterás de lo que se produce y eso sería más rico que muchos países europeos; pero, mira que ¡mucho más rico! Recuerdo que un sevillano me decía: "pero ellos no tienen aceitunas".

—Eso está en Jaén, según lo proclama Miguel Hernández... ¿vos pensás que hay un fondo absolutamente económico que impide la unión de los vascos?

—Creo que hay una integración real de los países vascos en España. Eso es un hecho histórico que me parece innegable, pero queda el viejo problema del separatismo y es donde vos sentís con más fuerza en España lo que tú decías del lenguaje. A mi me pasó en Cataluña un sábado de noche en un restaurante en las ramblas, en la zona más "pituca" —digamos— de Barcelona. Pedí la comida y nadie me sirvió.

—Porque no hablabas catalán.

—Claro, entonces llamé al maitre y me dijo: "lo que pasa es que usted es madrileño y no quiere hablar catalán". Yo le expliqué que era americano y entonces sí me sirvieron bien. Bueno, en el país vasco ellos hablan español, por supuesto, pero desde que vos te bajas en la estación del ferrocarril vas a ver las leyendas en los comercios donde primero están escritas en vasco y después en español.

—Y ni qué hablar de la comunicación entre ellos.

—Claro, claro. Es gente muy amable. Yo me sentí muy bien, no me quedé mucho porque no podía. Pero fui por el interés de conocer sobre todo San Sebastián, que es una ciudad preciosa.

—Por ahí andaba Pió Baroja.

—No pude andar detrás de sus pasos ni de los de Unamuno en Bilbao, pero me sucedió algo curioso, que fue encontrar en distintos lugares la casa de Cervantes. Parece que Cervantes vivió en todos lados (risas). Eso está hecho para turistas, claro, y entonces te muestran una casa y vos decís "¿pero cuándo Cervantes vivió acá?". Digo esto porque yo de Cervantes conozco algo. Resulta que de repente el estuvo de paso unos diez días y ya se lo pone como lugar de residencia y cobran para entrar. Eso también me pasó con Lope de Vega y con Quevedo. También de ellos te muestran cosas que son para turistas (risas). Hay una zona que me parece preciosa, que es Andalucía. Yo nunca vi tantos japoneses y coreanos juntos como allí, en excursiones; gente que por las preguntas que hacían se veía que no sabían dónde estaban parados; como si estuvieran en el Estadio Centenario. Seguro que lo mismo nos pasaría a nosotros si nos muestran el Japón que tiene historia y costumbres tan diferentes a nosotros. Pero hablando de Baroja, yo le diría que lo leí bien; y mucho más a Unamuno. Tuve mi momento de gran entusiasmo con Baroja cuando estudié en serio "La generación del '98". No me olvido que Hemingway decía: "Yo aprendí a escribir leyendo a Baroja".

—Cierto, lo admiraba profundamente y lo fue a visitar.

—Claro, claro. A mí en este momento me interesa más Unamuno.

—Pero Pío, como novelista.

—Si, pero lo que pasa es que en Unamuno tenemos un vasco universal, ¿no? una figura muy importante pese a su verbalismo; un hombre más del siglo XIX que del XX, de algún modo, con su manera de escribir; a pesar de su fecundidad, su regusto por el lenguaje. La problemática de Unamuno es de algún modo todavía la nuestra, todo ese asunto de no morir; la versión en español del existencialismo europeo, que en el fondo es eso, la influencia de Kierkegaard.

—Unamuno es más metafísico y además era católico y siempre en él gira el asunto religioso; en cambio Baroja era socialista.

—¡Ah! sí; más metafísico, aunque yo no sé si Unamuno era en realidad católico. Tengo mis dudas según el periodo de vida, porque cuando él escribió "San Manuel Bueno, mártir", yo creo que ahí refleja su conflictiva personal y te cuento la novela en dos palabras: se trata de un sacerdote que no cree en Dios ni en la supervivencia del alma y cuando dice misa y el texto de la misa lo obliga a hablar de eso, hace silencio y deja que diga la multitud. Después se dan todas las razones por las que un hombre puede actuar así en nombre de la alimentación de la fe social, del principio de solidaridad y de justicia. Yo creo que ése es Unamuno, un hombre que luchó por tener fe, por creer en Dios, y que en realidad no creyó nunca en Dios, sino que actuó como si creyera. Esa es mi visión de las cosas.

—Como en una doble personalidad.

—Bueno, si se quiere, sí porque era un hombre público. Eso también está planteado en la poesía cuando él habla del hombre del silencio y del hombre de la bullanga. El hombre de la bullanga es el hombre del discurso. El dice que la bullanga es en el político, el discurso; que si el político está en la barricada no puede estar callado. Y el hombre del silencio, ¿cuándo se siente él mismo? en el mundo del silencio. Hay un hermoso poema que tiene un acápite de Shakespeare: "Dulce, silencioso pensamiento". Y es Unamuno leyendo sentado a Herodoto y mientras le viene la vieja Historia de la Humanidad, escucha llegar desde el fondo de la casa las risas de los hijos. Yo creo que en ese soneto hay mucho de Unamuno. Ese es el que él quería ser, a solas con la Cultura, con la Historia, con el Espíritu.

—Pero sin poder escapar al presente.

—Claro, y en una España totalmente convulsionada y que se preparaba para la Guerra Civil... de Baroja me gustaba aquella trilogía de las ciudades... "El mundo es ansí", que es aquella novela en que presenta a un joven provinciano que llega a Madrid y empieza a escuchar hablar de los temas de moda, como el ascenso del fascismo y lo que está ocurriendo en Alemania. Se trata de la formación de un joven que está lleno del espíritu de Nietzsche y de toda la trampa de algún modo mortal de toda esa generación por la prédica de que la vida era acción —cosa que es defendible hasta el fin— pero la acción en ese momento era la de un fascismo que le reventaba los vidrios a la iglesia, o sea que es una acción que tira flechas para cualquier lado.

—Acción de izquierda y de derecha.

—Claro, sería forzar las cosas decir que Nietzsche preparó el pensamiento del siglo XX. Creo que sería un disparate como decir que Goethe también lo preparó por llegar a la conclusión de que: "en el principio era el verbo" en el Evangelio de San Juan; y lo tenía que traducir como: "en el principio era la acción", Y eso está en el "Fausto" y nadie lo va a acusar de haber incitado hordas fascistas ni cosa por el estilo.

—Tampoco de eso se le puede acusar a Wagner por ser antisemita.

—Claro, claro; y yo esa novela la leí siendo muy joven, lleno de dudas y me pareció muy fermental.

—Y en cuanto a las dudas, ¿qué te pasa ahora?

—Bueno, yo creo que estamos viviendo en un tiempo en el que nadie puede estar seguro de nada. Yo tengo algunas convicciones pero en el terreno personal; en cuanto a mi futuro, las dudas ya no son tantas.

—¿Vos adherís a alguna religión?

—No, no.

—¿Sos ateo?

—No, tampoco, es decir si por ateo se entiende la posición de alguien que nunca se planteó el problema de Dios. Yo me lo planteo todavía, pero no tengo religión.

—¿Y respuesta?

—Bueno, he tenido distintas respuestas a lo largo del camino y según cosas que ocurrieron; en fin, eso sería entrar en un terreno que es más complicado que el país vasco.

—Que no es poco ¿eh?

—Cierto (risas).

—Contame de tus viajes a España. ¿Por tu profesión?

—No; fui a España dos veces; primero por la dictadura que me dejó sin trabajo acá y la situación que no era nada favorable por los hostigamientos ya que tenía un familiar que había sido integrante del Movimiento de Liberación Nacional y eso influyó.

—¿Allá tenias posibilidades?

—Me di cuenta que no. Te aclaro que me fui por el exilio económico y no por el político porque yo no estaba requerido ni mucho menos. Fui a buscar trabajo porque acá no lo tenía. Pero era algo así como si viniera un vasco y me dijera que me va a enseñar a Rodó. Me parecería fuera de lugar. Yo no podía ir a España a enseñar a Cervantes aunque haya leído mucho. Trabajar en la enseñanza era casi imposible.

—Lo que no quita que vos del tema supieras tanto como ellos.

—Pero sucede que se está en otra cosa, sobre todo la nueva crítica en Estados Unidos. Hay enfoques muy distintos a los tradicionales y positivos, hasta donde estoy informado, porque sabrás que hay cosas que acá no llegan. El año pasado tuvimos la suerte de que en el Uruguay estuvo Parr, que es uno de los hispanistas más importantes que hay en este momento. Dio conferencias en la Facultad de Humanidades y en la Cátedra Alicia Goyena y me dejó cosas, informaciones ilustrativas de lo que ellos están haciendo. Yo me conseguí una bolsa de trabajo que me dio el ICI, con el compromiso de ir a España y dejar un trabajo entregado. Ese trabajo es sobre "La Galatea" de Cervantes, con el cual yo había ganado un concurso acá en el año '65, en el Ministerio de Instrucción Pública.

—¿Y por qué elegiste "La Galatea"?, es una obra en la que Cervantes confió mucho pero que...

—Cervantes murió prometiendo la segunda parte de "La Galatea", cosa increíble, porque para el grueso de la crítica, es la obra más floja, y yo creo que sí, que lo es. Hoy no la lee nadie, claro que del público medio. Ahora, ¿qué pasa? Pasa que curiosamente la primera obra es "La Galatea" y la última es "Persiles y Segismunda", y hay una cantidad de cosas que las aproximan; entre otras, una confianza en el mundo fantástico —digamos— y un jugarse a un mundo de fantasía que no tiene nada que ver con "El Quijote", que es la obra más entera y madura y que es un punto medio entre los dos extremos en los cuales él se dejó llevar por el placer de imaginar cualquier cosa- "La Galatea" es sobre todo una obra pastoril y tiene episodios fantásticos a montones y hay un conocimiento —que creo que es lo más interesante de la obra— del platonismo, en la versión que Cervantes podía conocerlo desde España y de Italia, donde estuvo. Uno entiende hasta dónde influyó ese concepto del platonismo en las concepciones de! amor que luego se reflejaría en los amores de Don Quijote y Dulcinea o en otros episodios amorosos de la novela. Pero entonces, ¿qué le pasó a Cervantes que más joven estaba por la ilusión y deliraba por ella y luego ya viejo, otra vez? Yo le decía a mis alumnos que Rocinante da cuatro pasos y se cae, en cambio en Persiles hay un pasaje en que Persiles viene galopando en un caballo mágico y el caballo cae a un precipicio enorme, gigantesco... pero el caballo cae en cuatro patas y él sigue. Es un poco el western nuestro, ¿no? ya hecho en aquel momento, Persiles puede ser una versión de Perseo, de aquel héroe mitológico que adiestraba caballos —según alguien pensó de acuerdo a esa escena—. Lo curioso es que las dos obras que están en las puntas del hacer, resultan hermanadas y por una fantasía que en "El Quijote", se hace compatible con una lucidez e inteligencia para observar la vida, para juzgar, para conocer personajes, lugares, situaciones, reacciones, palabras, gente ... es de una riqueza fantástica. Yo descubría Cervantes muy joven. Cuando lo comencé a leer no pude parar y leí hasta las obras de teatro que se le atribuyen sin la seguridad de que sean de él. Después, leí crítica. "El Quijote" en el Mundo Occidental está traducido a todos los idiomas. Sólo "La Biblia» —y por razones religiosas—tiene más traducciones. También hay varias ediciones Orientales. Hay una que es japonesa y con unas ilustraciones en las que Don Quijote y Sancho aparecen con los ojos estirados (risas). Claro que me han interesado otros escritores españoles, también.

—Recuerdo que vos en el diario "El Día" tenías una columna que se titulaba "Releyendo" en la que hablabas mucho de Literatura española. Lo evidente es que Cervantes te interesa más que Lope, Quevedo, Góngora; incluso publicaste un libro que titulaste: "Leyendo 'El Quijote'".

—Bueno, si, es el que en realidad más me ha formado. Tengo otro libro sobre el teatro de Cervantes, publicado hace muchos años por la Fundación de Cultura Universitaria, y otro sobre las "Novelas ejemplares", que publicó La Casa del Estudiante. Espero jubilarme para releerlo, porque entiendo que hay un Cervantes para cada época. Leído a los 50 años no es igual que a los 25. Vas notando que tiene una sonrisa, detrás de la que hay un llanto casi siempre. Hay un trabajo muy lindo del Profesor Alfredo Castellanos, que no lo era de Literatura sino de Historia, que se llama: "Risa y sonrisa en Don Quijote"; está publicado en la Revista Nacional. El Quijote se ríe y sonríe montones de veces, pero son pocas las oportunidades en que encontrás una carcajada, yo creo que si lees a Cervantes entre líneas, es el gran ironista. Vos con la ironía te reís, pero lo que hay en el fondo es una gran amargura. Cuando utilizás una ironía es porque no encontrás otro modo de atacar, porque hay una impotencia frente a algo que reduce la forma verbal. Eso, se siente leyéndolo.

—¿Y esas rencillas con Lope de Vega, aparecen alguna vez?

—Cervantes no atacó nunca directamente a Lope. Lope a Cervantes, sí.

—¿Y veladamente, Cervantes lo atacó?

—Veladamente, sí.

—Porque lo de Quevedo y Góngora era horrible.

—Bueno, pero Quevedo y Góngora, como Lope y Góngora, era más un asunto religioso que literario, aunque parezca mentira. Vamos a decir las cosas como son: Lope era familiar de la Inquisición y a Góngora lo tenía acá —estoy señalando entre los dos ojos—, porque Góngora tenía origen judío, era un converso. Lope era un hombre con muchas caras porque evidentemente tenia un sentido de lo popular, mayor que todos los artistas de su tiempo —menos que Cervantes, por supuesto, extremadamente sensible, fijate en "Fuenteovejuna"; sin embargo era al mismo tiempo un reaccionario de primera. Era contradictorio. En el caso de Cervantes hay una alusión clara en el episodio de Lope con Elena Osorio, la muchacha de la que él se enamoró y que terminó casándose con un hombre de dinero y entonces Lope tuvo una actitud imponente. Era de tal modo pasional, que lo que hizo fue escribir unos libelos, atacando a la muchacha y a la familia de ella, sobre todo, y él mismo se encargaba de tirar sus versos por debajo de las puertas de las casas de Madrid. Sobre todo en las casas de la gente que le interesaba porque estaba vinculada con el teatro y la poesía. O sea que volanteó Madrid con poemas contra una mujer, cosa que es sin duda muy, pero muy fea. Sin embargo, Lope a los tres meses raptó una mujer y se fue con ella. Bueno, contra eso Cervantes tiene una frase muy clara que está en "El Quijote", a través de un canónigo que habla de los autores que terminan vengando sus propias heridas personales a través de lo que escriben. Pero de cualquier manera, Cervantes era un hombre con sentido de la caridad y de la solidaridad, que le impedían entrar en la lucha de esa época, que era terrible. Tan terrible que al pobre Alarcón, aquel que fue nacido en México y que era doblemente jorobado, porque lo era del pecho y de la espalda, Lope lo llamaba: "El poeta entre dos platos". Está escrito y parece imposible que un escritor pueda ser tan cruel para vengarse de otro que le resulta un competidor. Lope lo hacia. Pero para mí sigue siendo el mejor poeta del "Siglo de oro", con una frescura y una libertad para las imágenes y el lenguaje, que no tenían ni Góngora ni Quevedo, que, por supuesto eran espléndidos. Lope es más espontáneo y natural aunque es también más desprolijo. Bueno, difícilmente vos encontrás una obra que sea perfecta del principio al fin.

—Si fuera perfecta seria hecha por dioses.

—Claro, claro- en Peribáñez hay una escena de monólogo en un gallinero que es de muy mal gusto. Sin embargo, era Lope; impuro como lo es la vida. Se le atribuyen 1.500 obras, pero se conservan 368 obras de teatro.

—Hay que vivir diez vidas para escribir todo eso.

—¿Te das cuenta?

—Cambiando de tema, ¿dónde naciste vos?

—En Pocitos. Ellauri y Boulevard España. Después viví en muchos lugares, como en Jaureguiberry, a 80 kilómetros de acá. También di clases en Canelones durante años.

—¿A quién o quiénes admiras de tus profesores de Literatura?

—A "Mingo" Bordoli que fue con quien me formé y al que debo conceptos clave.

—¿Y te gusta Luis Castelll, también?

—Me gusta en algunos cuentos y estoy de acuerdo con la opinión de Raviolo. También tengo buen recuerdo de José Pedro Díaz, de Guido Castillo y de alguien que no puedo olvidar, que es Carlitos Real de Azúa, al que tuve en más de un curso y que era un tipo con un conocimiento impresionante.

—Tiene un ensayo sobre el ensayo, que en dos tomos publicó la Universidad, en el que incluso recoge hasta el pensamiento de Juan Luis Segundo.

—Es notable, notable. También me fue importante trabajar en el IAVA porque eso me conectó con mucha gente. Además era un tiempo en que los profesores compraban libros porque los sueldos daban para eso, ahora... (risas). En aquel tiempo se intercambiaban cosas y había mucha información para poder estar al día. También di clases en el Liceo Larrañaga.

—¿Y de los autores uruguayos, cuales son los que más te importan?

—Bueno, sacando a Florencio, Quiroga, Rodó, Zorrilla, en fin, los consagrados, hay autores que me interesan y mucho como los poetas del '20; todos. Pero algunos en especial, como Juan Cartas Abellá, sobre el que se ha escrito muy poco. Vicente Basso Maglio, que es un poeta lleno de sorpresas y que prácticamente fue descalificado por un juicio de Zum Felde, que evidentemente no lo entendió y Basso Maglio tenía 38 años y no escribió nunca más.

—Hasta dónde hay que ser cuidadoso con los juicios porque llegan a cercenar una voz.

—Claro, claro. Un autor que me interesa, es Ipuche.

—Le interesaba a Borges.

—Sí, y sabía algún poema de memoria. Me interesa en algunas cosas el torrentoso Sabat Ercasty.

—Influyó en Neruda según manifiesta en "El habitante y su esperanza".

—También me interesa Oribe, de quien he escrito. Como se sabe, me interesa Líber Falco y también y mucho Pedro Piccatto.

—"Ángel amargo"... ¡qué poeta!

—Tengo un ensayo sobre Piccatto publicado en "Grafitti" no hace mucho, donde hablo de cosas que encuentro en Picatto, poeta que pienso es de primera línea y que no fue visto.

—Nos queda poco tiempo... hablame de lo mas cercano a nosotros.

—Bueno, aunque sé que a ella no le va a gustar, igual voy a decir que me interesa muchísimo: Idea Vilariño.

—Sobre todo en los "Poemas de amor".

—¡Ah! ¡claro! Con ella hemos conversado mucho y hemos hecho un trabajo para el Instituto del Libro, que todavía no se ha difundido. Sabe cualquier cantidad, de poesía, de métrica, de ritmos.

—Claro, tiene un trabajo que se llama "Grupos simétricos en poesía" publicado hace años por la Facultad de Humanidades.

—Además de ése, hay otro sobre Darío en el que ella explica ciertas cosas. Es precioso. Habría que nombrar otra gente, pero mejor por hoy lo dejamos así ya que no tenemos más tiempo porque ya entro a clase. Además puede suceder que sin intención me olvide de gente aunque la considere importante y pueda así ser injusto.

Lucio Muniz
Uruguayos de raíz vasca
Edición de: "Centro Euskaro-Español"
Montevideo, Uruguay, 1994

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