Gualberto Damonte: Socialista, sindicalista y cooperativista
“…Contribuí a que la gente tuviera su techo propio pero me olvide de mí…”
por Lucio Muniz

Entrevista realizada en Montevideo, el 11 de julio de 1995

-¿Dónde nació Usted?

-En la Aguada hace casi 82 años; ahí fui a la escuela.

 

-¿Y al Liceo, también?

-Sólo dos años, porque me dieron de baja; iba al Miranda que estaba en la calle Sierra, que ahora es Fernández Crespo. Hubo una huelga y nos concentrábamos los estudiantes frente al Liceo y a los que entraban les gritábamos "carneros". Salió a increparnos y a identificarnos, el Director, Reyes Tebenelli -que estaba interinamente en el cargo- y hubo una pequeña incidencia en la que yo no tuve nada que ver, pero, como estaba "marcado" a raíz de la huelga ... recuerdo que teníamos de profesor de dibujo a un gran artista que era el pintor Laroche, al que los muchachos le decían "el fantasma de la ópera" porque en vez de sobretodo usaba una capa y vestía todo de negro.

 

-Así que usted ya era medio revolucionario desde chico.

-Nosotros nos criamos con mi abuelo materno. Mi padre era un obrero de los talleres ferroviarios, asmático y con bajones de salud, entonces mi madre tenía que salir a trabajar, y éramos siete. Así que nos repartieron y a mí me toco ir con el padre de mi madre, que era un asturiano anarquista.

 

-¿Su padre y su madre eran uruguayos?

-Sí, sí.

 

-¿Cómo era el apellido de su madre?

-Vergara. Damonte, es piamontés. Nosotros de niños, aprendimos dos cosas que acá se hacían con mucha solemnidad; los domingos de mañana íbamos a la feria de Yaro -hoy Tristan Narvaja- a revolver las mesas de libros viejos que estaban a la altura de Cerro Largo, como ahora, y mi abuelo compraba porque tenía inclinaciones naturales aunque no había tenido oportunidades de estudiar. Aquellos grupos de inmigrantes españoles se caracterizaban por su tendencia anarquista, como algunos italianos, también, y practicaban la lectura y los círculos de discusión y estudio. Recuerdo como ejemplo, el Ateneo Popular, que estaba en la calle Rio Negro 1180, y era sede del Sindicato de Yeseros, -actividad que no existe-; el Sindicato de la Aguja, que agrupaba a los sastres; el Sindicato de Artes Gráficas, con el que en plena dictadura de Terra aguantamos una huelga de cuatro meses, dejando a la ciudad sin diarios; una cosa episódica, maravillosa. Yo me fui haciendo ahí, en ese tiempo. Mi primer trabajo, siendo muy jovencito, fue en Barreiro y Ramos, empleo que conseguí leyendo los pedidos que salían en los avisos del diario "El Día". Me tocó trabajar en la sección papelería, tal vez porque era ordenado y allí atendía pedidos de materiales de oficina. Con un compañero -como no había sindicato- resolvimos repartir un boletín interno que hacíamos en la máquina de escribir, al que le pusimos de nombre "El tañido". Hacíamos unos ejemplares y los llevábamos por las distintas secciones. Eso me costó una reprimenda de los vendedores de la papelería, que nos decían "mocosos de m..." los boletines de ustedes nos van a complicar la vida a nosotros que estamos tranquilos. ¿Se da cuenta? promovíamos la organización gremial.

 

-¿Y qué edad tenía en ese tiempo?

-Catorce o quince, por ahí.

 

-¿Y cuándo se integró a la política?

-Mucho después. La acción más definida desde el punto de vista gremial, fue a raíz de algunos planteos de viejos funcionarios del comercio, entre los que estaba Juan Edmundo Miller, que después se hizo popular por sus escritos, y que trabajaba en una compañía norteamericana de aceites industriales y combustibles que funcionaba en Casa Trabucatti, en la calle 25 de Mayo. Por iniciativa de este hombre se formó un comité "pro semana inglesa", porque en aquella época, muchos trabajábamos los domingos de mañana y los sábados de tarde. Hicimos una campaña muy grande en ese sentido y al final lo conquistamos. Hasta que no salió la ley no descansamos en la lucha, porque había muchos sindicatos de "acción directa", a los que la legislación no les interesaba. Pero nosotros buscábamos tener una ley que nos amparara. Teníamos mucha controversia. Eran tiempos en que yo frecuentaba mucho el Ateneo Popular y donde había mucho gente de tendencia anarca, o anarco-sindicalista, y también blancos y colorados, porque esos son los partidos tradicionales de este país. Pero al cristalizar eso, se formó la Asociación de Empleados de Comercio del Uruguay, que ya incidía más. Sobre todo, se hizo una gran campaña por la extensión del sistema jubilatorio, es decir la protección social. Eso era muy limitado y cubría sólo determinados gremios, y entonces se fue generalizando y extendiendo; tal es así, que el concepto general que predominaba en el movimiento sindical, era un sistema de protección total, porque a la vez que el Movimiento avanzaba, íbamos superando algunas limitaciones que imponía la influencia anarquista y anarco-sindicalista de nuestro Movimiento Sindical. Ellos andaban todos con "acción sindical directa", y como condiciones, hacían firmar a las empresas como garantía;    nosotros, en cambio, pensábamos que las empresas cambiaban y que al desaparecer el firmante, se terminaba la garantía; por eso queríamos la legislación. Nos inspirábamos un poco en algunas experiencias europeas, por publicaciones que recibíamos o que conseguíamos, revolviendo en la feria periódicos viejos que venían de España, y que trataban esos temas sociales. Después se recibió mucho material de la Argentina, porque los socialistas de Juan Bautista Justo, formaron una especie de empresa colectivista: "La Vanguardia", que editaba el primer periódico socialista que yo conocí, pero a su vez también publicaban una serie de folletos y de libros que inundaban el Río de la Plata. Eso iba nutriendo y despertando conciencia. Además había apetencia por leer y conocer. Ahora, mirado a la distancia, se puede decir que se trataba de un fenómeno social, y hubo sociólogos que lo estudiaron, -sobre todo, en la Facultad de Derecho, en la época de Héctor Hugo Barbagelata y Ruben Caggiani- todos eso abogados especializados en Derecho Laboral ,que tenían muchas inquietudes e influían; y desde luego que había una gran influencia en el medio, por el Movimiento Universitario Reformista. Es una cosa muy interesante que ahora no se menciona.

 

-¿Cómo nació y quiénes integraban ese Movimiento?

-Ese Movimiento parte de un Congreso estudiantil y de una elaboración doctrinaria filosófica, en la ciudad de Córdoba. Lo conocíamos por "el Movimiento Reformista de Córdoba". Fundamentalmente era la integración de la Universdidad con el pueblo, y la toma de todos los problemas populares para incorporarlos al Movimiento Universitario, para que la Universidad se debiera al pueblo; y todo eso, combinado luego con la famosa Reforma Universitaria, que después lideró el Dr. Mario Cassinoni.

 

-Que fue el Rector.

-Primero fue Decano de Medicina dos veces, y luego Rector.

 

-Era socialista.

-Era un hombre de formación socialista; cuando estudiante fue compañero de pensión con Crottogini.

 

-Hubo otro socialista que también fue Rector de la Universidad.

-Leopoldo Carlos Agorio, que era arquitecto; fuimos compañeros en el Partido Socialista, integrando comisiones de dirección política y de estudios de problemas económicos y sociales. Era un hombre muy capaz y muy modesto.

 

-¿Usted conoció a Adrián Troitiño, fundador del Sindicato de los Canillitas?

-Con él fuimos compañeros en una cantidad de movimientos sindicales. Yo era muy amigo de los hijos. Delio Troitiño, era vendedor de diarios. También estuvo conmigo en el Partido, y fue diputado, Liber Troitiño, que era empleado administrativo en Casa Guelfi. Adrián terminó afiliándose al Partido Socialista pero venía de "acción directa", porque su formación era anarquista. Adrián fue un fenómeno social y humano muy particular.¿Usted imagina lo que es hacer un sindicato de vendedores de diarios? Ellos tienen una psicología muy especial porque no son empleados de ninguna empresa pero están relacionados con todas, y los caracteriza una gran autonomía e independencia. Cuando venían delegados de sindicatos del exterior, se asombraban de que se los hubiera nucleado, porque además tenían una importante Caja de Auxilio que los asistía en cualquier circunstancia desgraciada; se llegó incluso a conseguirles hasta la jubilación.

 

-¿Y eso dejó de funcionar?

-No, no, continúa; lo que pasa es que la venta de diarios se ha restringido bastante, y se vende mucho en quioscos, pero en aquella época la características eran otras.

 

-El voceo.

- Se voceaba el diario, sí, y se subía a vehículos de pasajeros como tranvías y omnibuses. Lo que hizo Adrián fue de enorme valor y trascendencia.

 

-¿Y había antecedente de ese tipo de agremiación en otros países?

-No, no. Incluso, hizo una quinta de salud en el Barrio Malvín. Más le digo, desde el punto de vista -digamos sindicalero- eso parecía una labor de carácter filantrópico, porque nosotros no conocíamos el desenvolviendo de la madeja de los sentimientos solidarios; lo que conocíamos era la lucha y la reivindicación sindical; pero eso tenía mas extensión y profundidad. Lo que hizo Adrián Troitiño fue un ejemplo para todos; una cosa maravillosa. Lo que no sabemos es si en su momento la gente supo valorar su obra. Y mire que era un hombre modestísimo. Sabe usted que en el año 34, cuando la dictadura de Terra, hicimos una huelga de cuatro meses en que dejamos a todos sin diarios, y los "canillas" fueron solidarios siendo que para ellos la venta era el pan nuestro de cada día. Se sacó un diario por parte de los obreros gráficos en huelga, -que arrendaron un taller en la calle San José y que se llamaba "El mundo"- a fin de que los canillitas tuvieran algo para vender, fuera de la patronal, desde luego, porque esa patronal agrupaba los diarios dictatoriales y antidictatoriales porque los intereses económicos los mantenían unidos.

 

-En aquel tiempo Terra tenía el diario "El Pueblo".

-El Pueblo, sí,

 

-Y funcionaban La Razón, EL Día, El País y El Plata.

-Si, claro. Y sucedió que los "canillas" con esa publicación que vendían se sostenían, y cada uno de ellos en una esquina, significaba un propagandista de la huelga. Entonces por parte de la dictadura, apareció un decreto prohibiendo vocear los diarios; ¿y sabe lo que se les ocurrió a estos muchachos? se plantaban en las esquinas amordazados con un pañuelo; eso cayó simpatiquísimo en la gente.

 

-¿Cuándo conoció a Frugoni?

-En el año 31, cuando me acerqué al Partido Socialista. Porque yo tenía 17 años y en el Partido según los estatutos para ser miembro había que ser ciudadano, así que estuve de simpatizante hasta noviembre en que cumplí 18. Ahí conocí mucha gente, como a José Pedro Cardoso.

 

-¿Y Trías?

-Vino mucho después.

 

-Igual que D' Elia.

-Sí, claro.

 

-Hábleme de Frugoni. Yo tuve amistad con él, pero por razones literarias.

- A Frugoni, cuando teníamos reunión del comité ejecutivo, a veces teníamos que salir a llamarlo porque se quedaba conversando con gente que lo abordaba  para hacerle preguntas de carácter técnico, ya que como político tenía una gran resonancia y entonces la gente como sabía que iba allí, se le arrimaba creyendo que de otro modo no podía llegar a él sin pedir audiencia. Siempre estaba ayudando a la gente.

 

-¿Y por qué la separación posterior con Cardoso y demás gente? A Frugoni lo dejaron solo.

-Discrepancias siempre había, pero eso fue en los últimos años. Lo que pasó fue que hubo un pequeño grupo que explotó el nombre de Frugoni. Ahí el que promovía la cosa era un muchacho muy inquieto  y muy nervioso amigo mío: Eduardo Jaurena, que no tenía mayor trascendencia.

 

-Y qué promovía, ¿la escisión?

-Ellos promovían otro tipo de relaciones socialistas con el medio político, que contrariaba la tesis del Partido que sostenía su clásica posición de socialismo marxista, que algunos, como los comunistas, decían que era un marxismo reformista, discrepando con nosotros. La lucha ideológica, era con los comunistas. Además en la lucha sindical, cuando yo ingresé, los que tenían una gran influencia eran los anarquistas, y con estos las relaciones de Frugoni eran de otro tipo, porque como abogado, siempre les había servido; él siempre fue proclive a ayudar. Yo le garantizó que como profesional, nunca debe haber ganado un peso.

 

-Trabajaba gratis para los demás.

-Claro que tenía una posición especial, porque venía de una familia con recursos. Lo que le puedo asegurar es que en el ejercicio de su profesión, al pueblo le fue útil.

 

-Además tenía su sueldo como legislador.

-Claro, pero fíjese que en el Partido -ahora cambió un poco la cosa- el legislador tenía que dejar un 50% al Partido para colaborar, ya que  siempre vivimos en una penuria económica, porque ahí, se hacía todo a pulmón.

 

-¿Y ahora cambió en beneficio del legislador?

-No, los Congresos le fijan al legislador una asignación de acuerdo con los obreros calificados.

 

-¿Es una decisión del socialismo internacional?.

-Si, sí, eso se determina por los congresos generales; pero además los diputados y senadores, tienen otra retención para los fondos del Frente Amplio. Recuerde que el Frente no tiene más recursos que los que recauda de los Comités de Base. Lo que yo a veces recuerdo y añoro es que siempre fui proclive a una tendencia al sindicalismo, por formación. A raíz precisamente de los bloqueos patronales por mis andanzas sindicalistas, fue que acepté un empleo en una cooperativa de consumo; y me dije: ya que esta gente me da trabajo me voy a especializar, porque no todo el mundo entiende que el cooperativismo es una manifestación del "movimiento social". Hay países que tienen organizados sectores de la economía a través de las cooperativas.

 

-¿Qué países?

-Chile bastante; en Argentina hay influencia y en Europa también, pese a modificaciones debido a las guerras. Las cooperativas en Francia son grandes. En Alemania habían articulado un gran movimiento cooperativo. Los socialdemócratas desarrollaban mucho eso. Y en Suecia, claro que hubo gran desarrollo.

 

-Usted por su condición de especialista en cooperativas, viajó bastante.

-Por todos lados, digamos, porque como sindicalista tuve que viajar en el año 45. Aquí en Montevideo, funcionaba un comité de relaciones sindicales que promovía la unificación del "movimiento latinoamericano", y entonces concurrí a la Conferencia Internacional del Trabajo, de lo que la gente conoce como O.I.T. (Organización Internacional del Trabajo) que es una dependencia especializada de las Naciones Unidas. Eso funciona en Ginebra, Suiza; allí se establece a través de la acción del grupo obrero un gran intercambio internacional del "movimiento sindical". Eso es "La Torre de Babel".

 

-Variedad de idiomas.

-Cada cual hablando el suyo y con intérpretes. Allí regresamos recorriendo el continente, con el mandato de consolidar todas las relaciones intersindicales que ya teníamos en la sede de Montevideo, pero que se extendieron más por los encuentros en Ginebra. Tal es así, que contribuimos mucho a la unificación del "movimiento sindical" en Venezuela, que tenía una característica muy particular por la riqueza petrolífera de ese país. Yo nunca había visto lo que era la explotación del petróleo.

 

-En Maracaibo.

-Cuando conocí Maracaibo llegué en avión, de noche, y comprobé que esto que para nosotros es un golfo, para ellos es un lago; entonces, cuando el avión pierde altura, usted ve un bosque en llamas. ¿Vió el quemador de La Teja? bueno, allá hay infinidad, porque las perforaciones se hacían en el subsuelo marítimo y la capa de petróleo estaba ahí. Después estuve en Menen Grande, una zona petrolífera del oriente de Venezuela, que es riquísima. Y sucede que en estos países -según observé- donde llega un delegado sindical de tipo internacional, produce cierta conmoción y atracción.

 

-¿Eso sucedió con su llegada?

-Claro.

 

-Usted conoció a Rómulo Gallegos.

-En Caracas. Yo llevaba varios días allí porque andaba de reuniones con las federaciones, y un venezolano me dijo: "don Rómulo dice que es una vergüenza haberse enterado por el diario "El País",de que hay un delegado sindical uruguayo y socialista, y que no lo ha conocido todavía". Fue cuando me regaló ese libro dedicado que le mostré. Después me enteré de que para hacerme el obsequio del libro, lo mandó comprar porque no tenía ejemplares. Era un hombre muy especial con el que estuve más de una hora charlando, porque quería tener algunas referencias del Uruguay.

-¿De tipo sindicalista?

-De tipo político-social, porque en el exterior, en esa época en que habían caído muchos gobiernos democráticos, la situación estable de nuestro país llamaba la atención ya que el sistema seguía funcionando, a pesar de que se había pasado antes por la dictadura de Terra.

 

-Pero todavía no habíamos llegado al militarismo

-No, la peste llegó después. Pero mire que en Europa también me dí cuenta de que el Uruguay tenía un prestigio que no correspondía a la extensión territorial del país, ni a la cantidad de habitantes y de que estábamos muy mal representados, porque el Embajador que teníamos en Francia se pasaba de parranda en parranda.

 

-¿Quién era?

-Guani. pero a mí, con una atención muy particular, me atendió un agregado cultural -que ahora no recuerdo el nombre- y me puso a disposición el auto y un chofer español, antiguo soldado republicano que se había refugiado en París. Por esa atención pude desplazarme y cumplir.

 

-¿Y con qué misión iba Usted?

-Era el delegado de los Sindicatos del Uruguay y de la Coordinadora de Sindicatos  de América Latina; es decir que había una especie de mandato internacional para cumplir la misión de coordinar todo el "movimiento sindical" que era muy disperso en América Latina.

 

-¿Y en cuántos países más estuvo?

-En Suiza, en Bélgica, en Francia, Estados Unidos, donde interesaba tener contacto con la Federación Norteamericana del Trabajo, con la que teníamos muchos roles y discrepancias, a tal punto que, a veces cofundíamos el imperialismo yanqui con algunos acuerdos de esa Federación. Había otro sector agrupando más obreros industriales, que era el Comité de Organizaciones Industriales, el C.I.O. ,comité sindical que unía a muchos sindicatos poderosos de la industria.

 

-¿Y había mucha gente afiliada a los sindicatos en Estados Unidos?

-Sí, sí. Mire: yo fui a visitar el Sindicato de la Industria del Vestido.

 

-Lo que acá era el De la Aguja.

-Sí, y funcionaba en un rascacielo que habían comprado a una empresa internacional famosa que se había fundido; publicaban tres periódicos: uno en español; otro en italiano -porque había muchas costureras de la colonia italiana- y el otro en inglés. Tenían un enorme poderío.

 

-Mucho aporte obrero.

-El poderío radicaba en la cotización regular de los miembros pagando sus cuotas, y con buena administración de los fondos y haciendo inversiones en la industria productiva. De ahí salían muchos recursos.

 

-¿Dónde más estuvo?

-En Argentina, en Chile, en Venezuela.

 

-¿Paraguay?

-No; con Paraguay trabajábamos mucho con el Movimiento Febrerista Revolucionario", que era lo más afín que teníamos en una colonia muy grande que había acá, y entonces trabajábamos en colaboración con ellos;  y la introducción de la propaganda antigubernista -porque siempre había dictadura militar en Paraguay- se infiltraba a través de los paraguayos que iban y venían, ya que  la corriente era muy intensa, porque si bien este país estaba bloqueado como Bolivia, teníamos los canales de comunicación a través de las personas que viajaban. Bolivia estaba más aislado.

 

-¿Pero eso era a nivel sindical, o a nivel político?

-A los dos niveles, fíjese que muchas veces la gente de formación socialista es activa a nivel sindical. Usted "rasca" un poquito a un socialista o a un comunista y lo que resulta es que es un sindicalero. Se trata de gente trabajadora que se ha hecho en "la base". No es gente de formación universitaria. La gente creé que los socialistas somos todos literatos por la participación y conocimiento de gente como Frugoni, Cardoso o Trías. Cuando yo entré al Partido hice gran amistad con Julio César Marote, un maestro que era de una gran modestia y con él fue que aprendí la importancia que tenía el cooperativismo en la escuela, y que eso estaba en el programa de enseñanza, pero que nunca lo articulaban porque a los gobernantes no les interesaba. 

 

-¿En la escuela?

-En la escuela, sí;  yo tengo los programas guardados y si quiere se los muestro. Cuando yo ingresé al "movimiento cooperativo" lo hice en una pequeña cooperativa de consumo, de formación ideológica, más que nada; muchos católicos, evangelistas y socialistas -desde luego- que se llamaba Roschdale, que es el nombre de la ciudad inglesa de los pioneros. Era un grupo tan interesante e idealista, que yo a los tres meses de estar ahí les dije: "aquí tenemos un presupuesto que resulta que cuanto más vendemos, más perdemos, y tenemos que encontrar una solución a eso". Yo había organizado todo, pero llegaba a esa conclusión. En aquel entonces en la Cooperativa del Transporte -en que había una influencia socialista sobre todo en el personal aministrativo y en el de guardas y conductores- había un presidente que -en la Asociación Cristiana de Jóvenes, donde él alternaba- se había relacionado con el grupo Roschdale, y sucedio que ahí había sustento ideológico -que era la que le faltaba en su cooperativa- y entonces planteó una fusión que en realidad no era tal, sino una incorporación de un grupo al otro, porque nosotros  éramos una cantidad insignificante, y fue así como nos unimos a la Cooperativa del Transporte. Ahí se hizo una labor social importantísima. Yo fui jefe de secretaría y manejaba todas las comisiones y los programas de promoción. Ibamos a los sindicatos, a los barrios y a las Comisiones de Fomento, a predicar.  Julio César Marote fue el que nos convenció de que el camino estaba en la Escuela, y eso parecía una utopía. Decía que a él lo habían bloqueado los Consejos de Primaria. Se organizó una Comisión Especial para estudiar el cooperativismo escolar. Conclusión: se llegó al Consejo de Enseñanza Primaria y Normal con la propuesta concreta de hacer una experiencia en la Escuela Sarmiento -que tenía un director socialista llamado Luis Guidotti-.    Allí se hizo una cooperativa piloto. Se formó una Comisión Especial por parte del Consejo de Primaria -porque había que tenerla encuadrada en su disciplina, ya que era una experiencia Oficial- y fue presidida por una inspectora. Se pidió un delegado a la Cooperativa Magisterial de Consumo, por razones obvias, y un representante de las Cooperativas del Transporte, como patrocinador de la iniciativa. Fue cuando yo comencé a trabajar en cooperativismo escolar. Con Guidotti hicimos una obra trascendente que después se generalizó. A veces me preguntaban "¿maestro, de qué escuela es?" (risas).

 

-Usted además en un tiempo fue diputado, según ese carnet que me mostró.

-Como suplente, porque el Partido tenía un sistema: las organizaciones "de base" -que en esa época eran los Centros Seccionales y Departamentales- cuando se aproximaba una elección, nos ponían pre-candidatos para los cargos electivos. La Secretaría Electoral preguntaba a los precandidatos si aceptaban ser sometidos al voto general para integrar listas, a fin de que no se produjeran renuncias después de confeccionadas. Yo siempre renuncié a eso, porque no me gustaba. Pero un día, el Secretario Electoral -que era muy amigo mío- tiró mi renuncia y salí electo. Fue durante mi segundo período como edil.  Fui a la Cámara supliendo a D' Elía, que había ido a Yugoeslavia, donde tuvo un problema de salud y fue intervenido, por lo tanto lo suplí durante seis meses, que era el máximo de licencia que se daba.

 

-¿Se acuerda de alguna intervención importante, en su actuación? ¿En qué año fue eso?

-Acá el carnet dice: del 22 de mayo del 59 al 21 de noviembre del mismo año. Ese fue el lapso en que actué como diputado. Pasé los seis meses  trabajando en la Comisión de Legislación Social, atendiendo una cantidad enorme de situaciones conflictivas.

 

-¿Cómo se formaba esa Comisión?

-Estaban representados todos los sectores.

 

-¿Recuerda los integrantes?

-Me acuerdo de Tomás Brena que representaba a la Unión Cívica,  abogado y hombre de sensibilidad social exquisita y que no era un católico conservador. Otro era Enrique Rodríguez.

 

-Comunista.

-Comunista, Secretario Sindical del Partido, de la Confederación del Trabajo y de la Industria del Calzado. Recuerdo a Francisco Rodríguez Camusso -del que me hace gracia algún desplante- que era vice-presidente de la Cámara y formaba parte del herrerismo medio radical.

 

-Con Viña y Otamendi.

-Otamendi ya había pasado y Viña era un conservador.

 

-¿Recuerda a César Mayo Gutiérrez? Era un buen hombre.

-Era un batllista con algunas ideas agraristas; hombre muy respetable.

 

-¿Conoció a Lorenzo Carnelli?

-Lo conocí en el movimiento sindical. Era radical; abogado de presos. Tenía prestigio en los medios sindicales.

 

-¿Y Barrios Amorim?

-Un personaje muy especial; hombre muy bien conceptuado, digno del mayor respeto de los representantes de los partidos políticos y también de la opinión pública. Recuerdo que la gente voceaba su nombre Javier, repetidamente y en forma emotiva. El electorado de él ha sido heredado por Carlos Julio Pereira que no calza los mismos puntos de lo que fue aquel hombre.

 

-¿Y Fernández Crespo?

-Era un tipo de herrerista-obrerista. Trabajó mucho en la Comisión de Legislación del Trabajo y se hacía presente en los mitines obreros. Era muy popular en la zona de la Aguada.

 

-¿Qué opina de Luis Batlle Berres?

-Fue un hombre con el que en su presidencia discutíamos mucho por que tuvimos huelgas grandes y yo era coordinador de Sectores Industriales. Pero con él se podía hablar, como también con Amézaga, con el que discutíamos frecuentemente y no teníamos que pedir audiencias. Ibamos a la Plaza Independencia y le mandábamos decir por los secretarios que la delegación de los Sindicatos tenía necesidad de hablar con él y luego nos recibía.

 

-¿Martínez Trueba?

-Era un bonachón, en el trato personal daba la sensación de ser un hombre modesto que jamás se engolaba por su investidura.

 

-¿Cúal es su opinión sobre Sendic?

-Con él trabajé mucho porque cuando yo era edil me asesoraba en materia jurídica;  además con él formamos una Comisión de Disciplina en el Partido. Digo eso porque se ha distorsionado mucho la opinión de Sendic. Eso fue a raíz de una infiltración trostkista por el que nuestro Comité Nacional formó una comisión de disciplina que integramos Raúl, Trías y yo, y por la que nos bautizaron "los verdugos", porque tuvimos que expulsar a siete u ocho personas; gente que no tenía mayor incidencia con su tarea incisionista, pero que molestaba . Raúl Sendic era el fiscal, y como tenía algunos desplantes algo irreverentes, le decíamos " el trosco", cariñosamente, desde luego, (risas). Sendic tomó esa táctica de tipo guerrillero, decepcionado porque los partidos seguían en su manejo distorsionado del país y su economía. El provenía de Flores, un departamento pobrísimo.

 

-Fue compañero de "Maneco" Flores Mora y de Mario Arregui, que eran también de ahí.

-Bastante le rezongaba  yo porque no terminaba de recibirse, diciéndole: "mirá Raúl, acá los contrarios vienen con abogados de tres y cuatro apellidos, mientras que yo voy con un procurador y quedando sicológicamente en desventaja. El se ponía colorado cuando yo le rezongaba. La gente piensa que por la experiencia esa de los tupamaros, Sendic debía de ser un tipo agresivo, siendo que era totalmente lo contrario, porque tenía coraje pero era tímido. Cuando íbamos al interior, igual dormía al costado de un arroyo, sin importarle ir al hotel.

 

-Hombre sacrificado.

-Hecho al campo y los rigores.

 

-Dígame, ¿a qué personajes de la Historia admira?

-Eso es difícil, pero claro que admiro a Gandhi, porque haber movido La India que tiene tantas religiones y sectas -porque es un enorme mosaico de creencias y de fanatismos- es más que sorprendente y estimable. Nosotros al principio no estábamos de acuerdo con los ayunos.

 

-Se trataba de otra cultura.

-Seguro que sí; él estaba tan compenetrado de la idiosincracia de su pueblo -no obstante la diferencia de religiones y de castas- que apelaba a recursos que les tocaba las zonas más íntimas. En el libro de Nerhú aparece muy clara la forma en que tomando el ejemplo de Gandhi, los indúes hacen ayuno durante días y noches rindiendo culto a su memoria.

 

-Otra cosa, usted fue director del diario de F.U.E.C.I.

-Sí, porque yo era el Secretario de Organización y Propaganda, y entonces teníamos que competir con la prensa grande.

 

-Gualberto Damonte ha tenido mucha incidencia en zonas de la vida nacional;  ¿se siente conforme con la vida que ha hecho?

-Mire, estoy conforme con mi conciencia; de repente hice las cosas bien, regular o mal. El juicio debe ser de los otros.

 

-Si volviera a hacer todo de nuevo, ¿qué sería?

-Socialista, sindicalista y cooperativista. Entiendo que en el "movimiento cooperativo" es donde los obreros aprenden a manejar la economía. En cuanto a lo que hice, le diré que desde el cooperativismo contribuí a que la gente tuviera su techo propio pero me olvidé de mí; porque acá donde estoy, soy inquilino.

 

entrevista de Lucio Muniz

Publicada en el Semanario Siete sobre Siete

 

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