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Proporcionalmente estaba repartida
la carretera abierta en dos
como una herida.
A los costados fiesta parecía:
un verde tenue en luces se brindaba
y otros verdes variados
en el aire
vigorosos temblaban y crecían.
Recostándose al cielo, el horizonte,
confundido en el humo de la bruma
ostentaba celestes y nubes desflecadas.
Animales pastaban o bebían
frescura
en las aguadas.
Ensayaban los puentes largos saltos
sobre arroyos humildes que sangraban.
Los árboles unidos y lejanos
inauguraban montes,
y la siembra en los surcos
prometía
la cosecha madura y esperada.
Carretera adelante.
Mediodía.
Todo era un coro alimentando voces,
resplandeciendo natural y libre
bajo un cielo vibrando iluminado.
Y hasta el sol entibiaba tan cercano
que lo posé en el tacto de mi mano. |