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Canarios y jilgueros:
Sobre una práctica psiquiátrica en Montevideo

Rafael Moreira

"Quiero ir contigo hasta acabar el patzarán

o a estar ciego de vinos antes de comer.

Mil kalimotchos hasta ver amanecer.

(...)Gracias por enseñarme hoy

Como tiene que ser la diversión

Ahora sé lo que tengo que hacer

Voy a montar un bar pa unir la juventud

Me voy a convertir en camello de alcohol.

Quiero ir al médico a quitarme una ansiedad

O a que me den pirulas pa mi depresión

Quiero que alguien dirija mi vida interior

Quiero estar enganchado a la droga legal

Quiero que algún estúpido me diga que he de hacer con mi salud

Quiero drogarme como tu

Quiero ir a la farmacia como un borrego más a darle beneficios a una multinacional

(...)dime amigo como lo ves

desde el derecho o del revés

cada droga tiene un valor

según esté a un lado o a otro de la ley

¡lo prohibido es caro y lo legal también!"

 

The Kagas, De legal.

Pródromos del encuentro

El grupo irrumpe en el gran recinto con un personaje, que pide permiso como lo hace un padre desconsiderado al invadir el cuarto de sus hijos, a la cabeza; el resto de los integrantes van de excursión por el zoológico, o visitan el gabinete del Dr. Calegari con consecuente expresionismo que se manifiesta ante la suciedad de la sala o ante el abordaje de algún loco. Han comenzado los cursos y los aspirantes a cabezones hacemos nuestra visita de reconocimiento al hospital.

"Si eres loco y pobre soportaras que hombres y mujeres te observen, allí en el lecho que ocupas, con repugnancia": mandamiento del estado, o mejor, de la articulación de instituciones que le pertenecen, impuesto por esta práctica: práctica de psicopatología de 3er ciclo, Facultad de Psicología, UDELAR. Combinadas con esta, Taller y Niveles de Atención en Salud, proponen el seguimiento de un paciente a través de cinco entrevistas con él, y una con la familia -que en este caso se efectuó en la casa- con el fin de ahondar en su problemática y acompañarlo en el proceso.

Integro un grupo de cuatro miembros, y el primer caso del año nos toca en suerte. El elegido por el equipo tratante no llega, le están aplicando electrochoques, el otro considerado corre con la misma carga -¿110v.?-. Se consigue un tercero. Físicamente magro, con más de 1.80, expresión de chiquilín ansioso, y la parafernalia de un punki en decadencia, ingresa al cuartucho donde lo esperamos con la compañía de dos de los tres docentes involucrados. Ocupa la silla del interrogado con buena disposición. ¡Que el aveu se ponga en marcha!

El asunto

Su primer nombre hace honor a su abuelo paterno, a el le gusta Pepe. Nace en diciembre del 81 en Corrientes Argentina.

Tiene tres hermanos mayores, dos hombres y una mujer, que tiene siete hijos con los que vive en Argentina, con uno de los hermanos. Su padre tiene 82 años, oriundo de Corrientes, es jubilado y se dedica a hacer bloques de hormigón en su casa. Su madre, mujer de 62 años rochense y desocupada, relata en la entrevista que tuvimos con la familia: "Nos conocimos en Montevideo" -su marido acota: "como se forman todas las parejas"- ella prosigue: "Tuvimos cinco hijos, uno es fallecido, cuando tenía un año y medio. En el país de él [refiriéndose al marido] nacieron los tres varones. El embarazo de pepe fue natural, tuve la posibilidad de controlarlo en clínica privada, Jimmy[1] estaba celoso. Los atendía a todos por igual, los llevaba a hacer los mandados, yo nunca los deje solos; tenía terror de que les pasara algo, estaba pendiente siempre de él. No era como esas madres que dejan a sus hijos solos".

Pepe dice llevarse bien con su familia pero "…al que mas quiero, el que mas felicidad me da, es mi hermano Jimmy de 23 años, es el que me apoya más".

Dice también querer al hospital: "Es como una segunda casa".

Pepe decide contarnos como fue su vida, "con las cartas sobre la mesa", en nuestro segundo encuentro, a partir del cual los entrevistadores somos cuatro:

"Yo nací el 3 de diciembre de 1981 en Belén, provincia de Escobar. Había quintas y esas cosas, era muy andariego, salía con mi hermano y la honda a cazar hasta que un día… el 21 de septiembre de 1989 a la una de la mañana, cuatro individuos aparecen disparando en el negocio de mi padre, porque mi viejo tenía un almacén. Nos cagaron a chumbazo limpio. Nos querían matar para robarnos; querían la plata y la escopeta (porque mi viejo tenía, viste). Estaban armados hasta los dientes, dame el fierro y la guita le decían, y mi viejo les dio la plata. Estábamos todos adentro. Agarraron un tronco y golpeaban la puerta. Mi padre estaba intentando abrir la puerta del fondo que estaba abollada por los disparos. Logran entrar y lo hacen gritando y preguntando por la luz, dos por atrás y dos por el frente. Estaba todo tirado por el piso, judearon a mi vieja, le pegaron a mi vieja, judearon a mi viejo, le pegaron a mi viejo. Ví a mi viejo encañonado, nos salvamos porque mi vieja se escapó, la dejaron sola en el fondo. Robaron bebidas y cosas y un poco de plata. Nos salvamos porque mi madre se escapó, ella fue a pedir ayuda a la casa de un vecino, mi vieja nos salvó la vida. Mi viejo tuvo el coraje de quedarse esa noche, los demás dormimos en casa de un vecino".

Cuenta que a partir de ahí pasaron las noches en casas de diferentes vecinos. "Hacíamos una vida normal… lo pasado pisado…" dice luego.

La familia relata el hecho con identidad sorprendente. El miedo resultante aparece como factor explicativo de su venida al Uruguay, y agregan: "…regalamos las cosas para poder venirnos".

Volviendo a nuestro protagonista.

"El 16 de marzo de 1990 mi viejo pudo vender la casa. Cambió el auto por una camioneta, al otro día todo en la camioneta chiquita". –Recuerda con lástima a unos perros que no vendrían con ellos, y la despedida de todos los vecinos. Su hermana se queda allá – "Cuando llegamos a Montevideo mi tío nos cobijó por dos meses, hasta mayo". Por ese entonces se construyen la casa en la que viven en el momento de la entrevista, en la zona conocida como costa de plomo, desde hace años. Empezó la escuela en Argentina, la retomó en Carrasco (el barrio del tío) y continua en esta durante tres años incluso después de haberse mudado. Luego vino otro cambio, una escuela en Neptunia a la que concurre unos días hasta que lo echan. "Terminé en la escuela de Salinas hasta sexto año. Tenía trece años, se ve que la maestra hizo una excepción, pasarme de grado con lo burro que soy. Estudiar no me llama la atención".

Su padre cuenta que de chico, en Argentina, jugaba con los otros niños. "Cuando recién nos mudamos extraño mucho… al principio no había barrio y se fue formando".

La madre dice: "La maestra siempre decía que era raro, que no se juntaba con los otros niños" –El padre interviene para que la palabra raro no deje lugar a confusión (raro cuando no hablan, no van al fútbol) y ella continua "Al liceo no fueron porque faltaron algunos papeles y porque no tenían mucho interés".

La enfermedad para su padre "…es una debilidad física, mental genética, una predisposición a enfermar; hay personas que son mas fuertes que otras". Él se considera de los fuertes, sano.

Pepe dice haber trabajado desde que tenía ocho años haciendo bloques con su padre, también haciendo jardinería y vendiendo leña y piñas con un amigo apodado Indio. Para él su vida fue así "…hasta que el 21 de agosto del 2001, y bueno, tuve una descompensación[2] y me trajeron al Vilardebó y hasta ahora estoy con medicación, inyectables, sabiendo que no me hace falta porque yo ya estoy curado; si ellos creen que estoy loco, es problema de ellos. Yo lo único que quiero es que me dejen cantar, ser libre, que me dejen en paz. Ellos dicen que soy esquizofrénico, yo no lo creo, estoy seguro de mi cuerpo, esa enfermedad no existe. Mis viejos piensan que estoy loco porque canto. Yo no me considero una persona enferma".

Para su padre la enfermedad comenzó aquel día que estaban solos y empezó a cantar muy fuerte en el patio. Quiso lograr que se callara y sin conseguirlo llamó a una ambulancia, y por "las cosas del estado", o por "el estado de las cosas"[3] llegó un patrullero, que lo conduce al hospitalito[4]; luego el hospitalote[5] y "…después cuento conocido (…) en un depósito sucio perdió la virginidad"[6].

"Yo quiero ser libre y me tienen entre rejas y candados, las pastillas me están haciendo mierda, y si no las tomo me dan los inyectables que son peor, quiero ser libre, tener mi banda, vamos a tocar con los amigos, empezando bien de abajo. Lata y guitarra criolla (tan, tan, tan), cuaderno y lapicera y vamos a escribir letras. Escribí dos canciones; quiero encontrar un grupo de rock que no tenga vocalista ni nombre, la banda se va a llamar clon-hace-punk... También me gustaría hacer murga, es una cosa pendiente que tengo, no tiene nada que ver que te guste el punk, no tiene porque no gustarte otra música. El folklore me encanta. Hay gente que dice que porque te guste una música no te puede gustar otra. Una de las cosas que mas extraño acá [hospital] es mi radio, mis casetes".

"Mi familia no me puede ayudar en todo lo que preciso, preciso el cariño de la gente, el amor porque me siento triste. Estoy bien un día, estoy mal otro día, un día me bajoneo, otro día no, un día puedo cantar, otro no. Tenía una ansiedad que no se como contar. Dejemos la ansiedad para nunca porque no la podemos explicar. Cuando no me podían ayudar, esos eran los momentos de depresión."

En su historia encontramos intentos de suicidio con cosas tales como "…veneno de pulgas, perfumol y jabón líquido, pero nunca paso nada, eran momentos de tanta soledad, tanto sufrimiento, que la única salida era el suicidio. Yo quería conseguir un arma para hacer "clack" y ya fue. Pero dios no quiso que pase eso y hoy estoy acá. Me sentía solo, mis padres estaban alrededor pero yo me sentía solo y para mi sufrimiento no me alcanzaba. No había mucha comunicación con ellos. Era la soledad el problema, pasé mucha soledad en mi corta vida. Mi madre era doméstica y pasaba todo el día afuera, yo hacía bloques con mi padre y mi hermano. La soledad la empecé a sentir como a los quince años. Mis hermanos se fueron todos para Bs. As."

Las relaciones fuera de la familia casi no existen. Jimmy contó en la entrevista sin demasiados detalles algunos episodios en los que los amigos de Pepe se burlaron de él, amigos que por otra parte ya no están. La madre mencionara que frecuenta a uno, pero Pepe nunca se refiere a él. Hubo una novia "pero no fue más que un amor de verano". Hubo un encuentro sexual con ese amigo Indio, al que Pepe refiere en una entrevista que encontramos en su historia clínica, seis meses antes de su primera internación Según su madre: "Pepe estuvo muy solo, los hermanos se fueron todos para Bs. As. Su vida era bien, normal… actividades naturales. Se levanta se lava primero, y después empieza a trabajar. A veces va a la casa de Marcos, un amigo. Yo le llevo el desayuno para que tome el medicamento, y para que se alimente".

Se revela un núcleo de tensión detrás de un panorama inicialmente cómico. "Mis padre tienen discusiones de familia: ¡Ud. es una mujer completamente nula!; ¡y Ud. es un viejo bolúdo! No es que se lleven mal, lo que pasa es que mi madre y mi hermano[7] se quieren ir para Bs. As. Y mi padre y yo nos queremos quedar acá. En el 99 mi madre se fue por tres meses, mi padre y yo estábamos muy bajoneados, él extrañaba a mi madre. Yo quiero que mi familia este unida, yo extrañaba mucho a mi hermano y sé que algún día se va a ir para Bs. As. Mi enfermedad empezó en esa época, yo me quedé con mi viejo, el no me enfermó."[8]

La madre declaró (aparte del padre) en la entrevista estar esperando que Pepe fuera dado de alta para "…dejar a ese viejo insoportable que nos tiene viviendo en la miseria, nos vamos a ir para Argentina y vamos a llevar a Pepe". Ante la cuestión de la posible retirada de su madre y hermano Pepe se posiciona del siguiente modo: "…si ellos se van a hacer su vida allá yo me voy a dedicar a lo que quiero. Todo bien con el trabajo pero yo me voy a dedicar a la música por entero. Yo a Uruguay no lo cambio por nada. El cariño de la gente es impresionante. Me vine cuando tenía ocho años, me crié acá. Adoro su cultura, su gente, si me sacan de Uruguay me sacan de mi rebaño".

Pepe por su parte dice "compartir las pequeñas cosas de la vida" con su padre; "lo abrazo le digo que lo quiero".

"Mi madre se la pasa mirando comedias, me dejan a un lado. Por eso rompí el televisor, porque rompe los vínculos, como dice el Indio"[9].

En el 2001 cuando se lo deriva de la policlínica del Hospital de la Costa para ser examinado en el Vilardebó, en el transcurso de tal examen ocurre lo siguiente. A Pepe lo aqueja una intensa necesidad de orinar, pide en reiterados momentos que lo dejen usar un baño; en todas las oportunidades se le niega, se lo permitirán pero cuando la entrevista concluya. A lo cual Pepe dirá "¡a la mierda! Y agarré saqué la cosa y meé en un rincón".

Otra internación ocurrió con motivo de haber deambulado desnudo inspirado por alguna relación con dios que en ese momento no se distinguía del Indio Solari. En la historia clínica nadie parece darle importancia al hecho de que en la propia entrevista Pepe declara: "ese día había comido unos hongos exquisitos", y diagnostican PDA a secas sin hacer referencia al consumo de sustancias alucinógenas.

Otras dos internaciones son la recaptura de dos fugas que no puedo recordar si corresponden ambas al período correspondiente al episodio de la cantarola a gritos, o al del dios nudista, o si correspondió una a cada cual. Lo que si recuerdo con precisión fue que Pepe dijo haberse fugado porque extrañaba mucho a su familia, a su radio, a su bandera de ataque, y porque ya no podía soportar vivir entre rejas y candados. Las dos veces se fue a su casa un poquito caminando y otro poquito a dedo.

La semiología consideraría síntomas positivos de la psicosis los siguientes acaeceres. Pepe a veces adjudica esa ansiedad, de la que no pude dar cuenta precisa, a la intervención de un dios que lo chapucea: "…ansiedad provocada por alguien, por dios". A su vez presenta una relación cordial con éste en los momentos en los que no lo distingue del Indio Solari: "Yo le hago preguntas y él me contesta como con unas burbujitas en las piernas, si o no". Del mismo modo será entendida la rotura del televisor. Que culmina con la quinta y última internación. Intentará escapar también esta vez. Se lo impedirán atándolo a la cama, y se vendrá "…la noche de medidas de contención, noche sin-amor, de in-comprensión, de distancia, de prisión indebida, inmerecida, de desamparo; día de muerte"[10]. El ciclo se cierra con el lazo en la garganta. Pepe se ahorca con sus cordones en el hospital.

Canarios y jilgueros, pájaros de jaula

que nos alegran con su tristeza

y solo salen de su jaula muertos[11]

 

Algunas consideraciones…

Cada vez que el poder sea invocado no vacilara en acudir. Sabe que multiplicará sus efectos; querrá ir siempre más allá, la psiquiatría reclamara para si territorios cada vez más extensos. Así la Asociación Psiquiátrica Norteamericana declarará que "…en la actualidad, la única cuenca apropiada para el caudal de la psiquiatría contemporánea es el mundo entero, y la psiquiatría no debe amedrentarse ante la magnitud de la tarea"[12]. ¿Como dejar de acudir entonces ante el llamado de un padre que no sabe como hacer callar a su hijo? ¿Y porque este padre llama en su auxilio a quien llama? Porque ya desde hace siglos los problemas humanos son tecnificados, mistificados por la retórica medicinal. Porque esta retórica tiene el poder de un discurso-verdad que ha calado tan hondo que este señor entiende lo que le ocurre a su hijo desde la teoría de la degeneración. Las creaciones dramáticas, trágicas, o en este caso las rockero-religiosas-mitigadoras de soledad, serán capturadas por la medicina bajo rótulos psiquiátricos.

En esta experiencia concreta hallamos a un medico que se esfuerza por deslegitimar la alteridad de un modo que termina resultando caricaturesco. Cuando el cuarteto de ilusos decidimos compartir con él lo que habíamos conseguido averiguar sobre la trama familiar, sobre el conflicto entre las dos orillas del Plata, etc. recibimos por respuesta una burla franca, entre risas y expresiones condescendientes replicó: "Si, si, la escuela de Palo Alto y todo eso; pero no se olviden que hoy en día ya se están investigando fármacos que actúan a nivel cromosomático, así que…" concluyó encogiéndose de hombros y haciendo una mueca con la comisura del labio que no es exagerado traducir a: "no vamos a andar con esas pelotudeces". Los diagnósticos del hospital, según pudimos apreciar, no son otra cosa que la aplicación del DSMIV -aquí evitaré la enojosa tarea de extenderme en lo que todos sabemos que eso implica- y la terapéutica es el chamanismo medicamentoso, todo lo demás es basura. Ocurre que a la cabeza de la horda está el paranoico. Parado desde la cuadrícula que de suerte le toca en el diagrama del poder, o del deseo, que en ultima instancia es decir lo mismo, parado desde su casillero en el diagrama, que es a fin de cuentas lo real, hace lo que todos: afirma esa posición, sabiendo, intuyendo que la existencia misma del poder delimita inmediatamente focos de resistencia, presintiendo que el deseo producirá líneas de fuga, de confrontación, y acaso maquinarias de guerra. Sería fastidioso repetir una vez mas la historia de la locura, la problematización teórica del conjunto de los desviados, los flirteos entre penalidad y psiquiatría, etc.; lo importante aquí es subrayar que la psiquiatría se hace cargo de la desviación que por algún motivo queda fuera de la jurisdicción penal. El hospital es esencialmente un aparato burocrático. Desde la perspectiva de la psicoterapia institucional esto puede leerse como una reducción de la palabra al lenguaje; la institución hospitalaria es un grupo sometido, sus descripciones formales son de palabra vacía.; "…soporta su jerarquización en el momento de su ajuste con los demás grupos"[13]. Mientras que el grupo-sujeto enuncia algo, para el grupo sometido decimos que "su causa es oída. Oída no se sabe donde ni por quién, en una cadena serial indefinida"[14]. El psiquiatra no es aquí otra cosa que un burócrata, que conjura el sin-sentido de su práctica, se entrega al goce, volviéndose un parásito del nivel simbólico del fantasma de grupo, del que succiona "datos imaginarios singulares que vienen a esconderse "naturalmente" en los diferentes roles, potencialmente estructurados por el despliegue de significantes puestos en circulación por el colectivo"[15]. Esta corporización imaginaria cristaliza el conjunto de la estructura. Así el medico nos da la bienvenida al reino de la estereotipia, a la crispación paranoica del grupo sometido: "Limítense a lograr una adhesión al tratamiento"[16].

Baremblitt no descubre la pólvora cuando dice que "…modelos médicos hegemónicos hay muchos y que uno toma relevancia epistemológica e institucional en determinada formación económico- social"[17]; tampoco lo hace cuando dice que la especificidad se compone de reconocimiento, legitimación y credibilidad, -sobre todo porque a mi entender las tres categorías son la misma cosa- y que la existencia de un estatuto profesional articulado con las normas y las leyes del aparato jurídico económico le garantizan una sinergia con los intereses y deseos de una clase dominante, -aunque yo por mi parte no haría una división de antemano entre profesionalidad y clase dominante, aceptando que efectivamente exista una- esa legalidad es la figura que se denomina profesionalidad. Barrán, más allá de sus tropiezos, ha echado buena luz sobre los periplos corporativistas de la medicina en este país. El estatuto profesional y la especificidad que abarca la conducta humana en su totalidad es un pescado muy gordo, y no solo a nivel imaginario! Nadie lo va a largar porque si, porque pintó largarlo, sobre todo después de haber tirado tantas redes, tantos anzuelos. Nadie declarará incompetencia ante aquello que le hacer ser quien es[18]. Cuánto trabajo ha dado transformar al loco en enfermo mental, cuanto ha costado "alambrar la parcela florida de esa jurisdicción que con tanta paciencia y tardes de sol se fue sembrando"[19] . Aquí no parece injustificado entonar con decisión alguna estrofa de Viglietti. Parece necesario pensar como ejercer la violencia en este asunto, como lo han hecho tantos. Tendremos que ahorcarlos epistemológicamente, llevarlos contra las cuerdas de la parresia, o acaso hacerles una zancadilla cada vez que podamos[20]. ¿De que clase de cientificidad estamos hablando, de que clase de competencia técnica hablamos cuando la atención al enfermo mental se reduce a evaluarlo según un manual extranjero[21], secuestrarlo so pretexto de tutelaje y probar permutaciones de fármacos hasta dar con un equilibrio aceptable entre lo que jode y el tembleque? Parece una buena pregunta de investigación. Podemos aventurar la idea de que debe tener algo que ver con que las instituciones son un campo de condensación del deseo que, acaso en un hegeliano juego de tres piezas, delimita un campo de acción de prácticas. Parece que de ese deseo hay una enunciación que falta.

Será necesario enunciar muy claramente también, ya que dijimos junto con Baremblitt, que el modelo de atención es inseparable de la formación económico-social en la que toma relevancia, nada más y nada menos que cuál es esta última. Puede que si "…la gestión gubernamental periférica implica negociar la decadencia y administrar la miseria, garantizando las condiciones para que el bloque histórico en el poder extraiga los estertores de plus-valías sin infligir las reglas del juego de la dependencia y sin tener que apelar a antieconómicos genocidios…"[22]; y considerando que el hospital Vilardebó es un aparato burocrático de una de las gestiones en cuestión, sea necesario producir un saber que no desatienda a estas cuestiones; para que, en primer término, no desaproveche los potenciales recursos institucionales que se le presentan; para tal vez, administrar un poco mejor la miseria.

El sueño de Pinel niega al loco el derecho a serlo; pero si ha de concretarse debemos hacer todo lo que este a nuestro alcance para que no termine por hacerlo en atrocidades tales como la reciente operación cerebral que se ha celebrado tanto.

En cuanto a la iatrogénia hospitalaria, que de ningún modo puede olvidarse, muchos han hablado de esclarecedora forma. Chazaud lo hace muy bien en su Introducción a la psicoterapia institucional, se apoya en el hospitalismo de Spitz, para delinear un cuadro de errores de la práctica, que terminan por perfeccionar la psicosis y, como todos sabemos, el conocimiento sobre ese objeto que es la enfermedad mental se produce en ese lugar privilegiado que es el asilo, así la semiología clásica continúa la tradición charcotiana describiendo aquello que en parte provoca, describiendo signos deficitarios o evolutivos de las psicosis que no son otra cosa que el resultado del callejón sin salida del asilo. Banchero hace también un buen trabajo en este sentido, con una bella maquinaria de letras nos dice: "…allí, en el patio, y a lo largo de los pasillos, el tiempo de ocio se dilata, abruma en su espesa transcurrencia y se vuelve casi un veneno que mata de a pétalos la vida".

¿Como no cantar a los gritos en un lugar así, cuando mi sueño es cantar, cuando no tengo mi radio? Como no cantar a los gritos mi más enérgica repulsa contra este personaje que me iba a ayudar con mi ansiedad, con mi sufrimiento, pero resulta inútil, no "me escucha, no me entiende, lo que le digo le entra por una oreja y le sale por la otra", retrasa el alta que prometió, que tanto ansío para volver con mi radio, con mi bandera de Ataque, y con Jimmy?

Cuando el médico decide comenzar con la micronarcosis, cuando decide brindarle a Pepe el servicio de terapia electroconvulsiva, a pesar de que éste hace todo lo que está a su alcance para prescindir de él, el cuarteto demanda razones. El Dr. las da: "Yyyy.... Estaba muy extravagante, viste lo que se hizo en el pelo[23], lo estaba notando muy oscuro[24], [y esta es la mejor] y además estaba cantando mucho". Todo lo que puedo hacer es coincidir con el pelado (Foucault): Ubú siempre da risa.

También dan risa los técnicos timoratos apresados en imaginerías diagnósticas que sobrevuelan pasillos y escaleras. Cuando el cuarteto iluso aborda a la asistente social con el fin de conseguir algunos boletos para que Jimmy pudiera visitar a su hermano, la señora pone el grito en el cielo a la voz de "Ese muchacho tiene tendencias homicidas, dejen el caso, olvídenlo".

Cuando en otra oportunidad quisimos problematizar el tema de las micronarcosis el médico volvió a referir al asunto de que Pepe cantaba demasiado (demasiado seguramente en relación al cuerdo ideal de este señor) y agregó mientras se retiraba ofuscado: "¡y además romper un televisor de un hachazo no es algo muy normal que digamos!"

¡Que cuadro este ¿equipo? técnico!

En el caso de la supuesta esquizofrenia de Pepe, se me ocurren algunos motivos para efectuar la micro. La creencia del médico de que en tanto que esquizofrenia y epilepsia se excluyen mutuamente, no habrá mejor manera de combatir la primera que produciendo artificialmente las convulsiones que presenta la segunda, puede ser uno; pero la confianza que depositaba en la farmacología de punta vuelve tal creencia más anacrónica de lo es de por sí. Otro posible es que, de alguna manera, la oscura categoría oscuro tuviera alguna relación con elementos depresivos y pegarle una buena sacudida a las catecolaminas se presentara como una buena opción. Un tercer motivo puede haber sido el hecho de que las pastillas no estaban evitando que rompiera las bolas –Pepe era el loco mas bullero en ese momento– solo quedaba otra opción terapéutica para ensayar. Teniendo en cuenta que la psiquiatría ya no se preocupa tanto por el error sino por la conducta, y que los parámetros esperables para esta son los de la normalidad, y con esto no me alejo de lo que este psiquiatra declara, me inclino por este último.

Como sea, desde una limitada observación, apenas fenoménica, describiré sucintamente los efectos por mi constatados. En el cuarto y último encuentro que tuvimos con Pepe, declaró mas enojado que nunca: "las micro son una mierda, me sacan la memoria". Cuestión que se volvió, para el grupo, patente cuando no podía recordar la tan anhelada visita que sabíamos, le había hecho su hermano la tarde anterior a la aplicación de esa mañana.

Hay que decirlo una y cien veces, la psiquiatría institucional de este país, es un órgano estatal para administrar la desviación. Fuera de eso no sirve absolutamente para nada.

Un Agregado

Fácilmente caí en la tentación de ofrecer aquí una interpretación psicoanalítica del pobre y monótono mundo delirante de Pepe. Me disuadió de tal cosa una interpretación fenomenológica-existencial, ofrecida por un amigo[25] al presentarle el caso, que me gusto mucho más. Aunque también desborda el marco del presente, me decidí a incluirla por su brevedad, comicidad y brillantez. La transcribo con la mayor literalidad posible:

"CLARO! El guacho estaba ahí pajereado, en el medio de la nada, mas solo que jodéte, y como uno se cuelga con las manchas de humedad del cuarto, el guacho se colgaba con las burbujitas cuando se le dormían las patas, y les preguntaba cosas; tantas burbujitas serían si, y otras tantas serían no, o algo así. Y quien iba a ser el que le contestaba? Dios de frente! Además fanático de los Redondos, quien va a ser dios, el Indio. ¿hacía catequesis el tipo? No. Escuchaba los Redondos."

 

Referencias:

[1] - Apodo puesto por Pepe, quien a su vez recibe su apodo de este.

[2]  -  Nótese a que discurso pertenece esta forma de referir a las violentas agitaciones de su propio deseo.

[3]  -  La Polla Records, Donde se habla, Lirios y rosas, SD. Sopa fría.

[4]  -  Hospital de la costa.

[5] -  Hospital Vilardebó. Que por su especialización se inscribe en el nivel terciario de atención con alcance nacional. ¡que monada!

[6] - De uno de los preferidos del punki traidor en cuestión (Jaime Ross).

[7] - Se trata de Jimmy que ha venido hace unos meses con motivo de la enfermedad de Pepe.

[8] - Teoría sostenida por Jimmy y la madre.

[9] - El Indio Solari, que a veces aparece en relación de identidad con el dios de Pepe, como ya veremos.

[10] - P.  Banchero Ob. Cit. (es en realidad mas extenso, yo he recortado fragmentos).

[11] - La Polla Records, Canarios y Jilgueros.

[12] - Rome, H.P., "Psychiatry and foreign affairs: the expanding competence of psychiatry", Amer. J. Psychiatry, Vol. 125, 1968.; En T. Szasz, ideología y enfermedad mental.

[13] - F. Guattari, Psicoanálisis y transversalidad. , CEUP departamento de publicaciones.

[14] - Ibidem.

[15] - Ibidem.

[16] - Chamúllenlo para que tome las pirulas.

[17] -  G.Baremblitt, saber, poder, quehacer, y deseo. Ed. Nueva Visión. Bs. As.

[18] - El psiquiatra construido en relación especular con el enfermo mental, rechaza toda función paterna, es un perverso poderoso.

[19] - P. Banchero, informe para un equipo técnico (2003).

[20] - De quien es tributaria esta primera persona del plural? de los que nos disgustan los nudos allí donde estén. O de los que somos oposicionistas porque alguna tragedia griega nos hace rencorosos. O De los que nos calentamos con imágenes como si fueran fogatas. O de los que llenamos con el fuego la palabra. O los que tenemos las bolas llenas de que sea toda la puta vida igual. O de los que nos despierta piedad el desgraciado por cristianos que somos. O de los que simpatizamos con los hombres infames. O de los que lo somos? En fin, no impooorta.

[21] - O sea: a ver retraimiento social, extravagancia, despersonalización con delirios construidos sobre base somática, esto otrooo, ¡ma sii! esquizofrenia paranoide; que tanto! –Me permito el lujo de la banalización para devolverle la cortesía al médico de Pepe-.

[22] - G. Baremblitt, El modelo médico hegemónico, su influencia y sus alternativas.

[23] - Se refiere a que paró su cresta con jabón como buen punki que se precie.

[24] - ¿hollín? ¿exceso de melanina? ¿derrame de bilis?

[25] - Nicolás Prunel, Pensador y Hombre sensible.

Rafael Moreira

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