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Tigris humanus |
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Los tigres solían frecuentar, por las noches, los grandes templos abandonados y dormían sobre los troncos depositados en los graves y silenciosos atrios. Allí los buscaban los cazadores con sus largos rifles y sus cortas esperanzas, movidos por el deseo de alcanzar valiosos ejemplares que se vendieran a buen precio en los mercados. Pero muchas veces uno no es como realmente debería haber sido y con el renacer de la primavera los cazadores vieron crecer sus colmillos y sus garras y la piel se les volvió rayada e instintivamente necesitaron alimentarse con carne humana y concurrían por las noches a los templos abandonados en donde los tigres solían descansar sobre sus lechos, abrazados a sus esperanzas, con sus cuerpos cansados tras la jornada diaria y allí los cazaban sin piedad y llevaban a exhibir sus rosadas pieles, sus dorados cabellos y sus blancos dientes a los bulliciosos mercados en donde los gruñidos de la muchedumbre sabían elegir aquellos ejemplares que eran más valiosos. |
Álvaro Miranda Buranelli
alvaro@alvaromiranda.com
Publicado en el suplemento literario de
Tribuna Salteña (Salto, Uruguay)
16 de diciembre de 1979.
Integra el libro inédito "Bazaar"
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