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Conversaciones |
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1.- “La actividad del escritor debe ser como un asalto”. Floriano Martins. |
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FLORIANO
MARTINS nació
en Fortaleza,
Brasil, en
1957. Poeta
(O
amor pelas
palavras, 1982;
As contradicoes terríveis,
1987; Tumultúmulos, 1994),
Ensayista, participó
de ediciones
conmemorativas de
poetas hispanoamericanos,
publicó sus
entrevistas en
El
corazón del
infinito (Toledo,
1993) y Escritura conquistada
(Fortaleza, 1998). Periodista,
con vasta
y destacada
actuación en
Brasil y
en el
exterior. Publicó
ensayos, entrevistas,
traducciones, en España,
Portugal, Colombia,
México, Venezuela
y Costa
Rica. Colabora
en revistas
internacionales (Blanco
móvil; Babel;
International Graphitti )
y nacionales
(Poesia sempre, de
la Biblioteca
Nacional de
Río de Janeiro). Colabora en
el suplemento
cultural del
periódico O Povo
(Fortaleza). Fundó y
dirigió el
periódico Resto
do mundo
dedicado a
la difusión
de la
poesía. Realiza
actividad plástica
que ha
expuesto en
Brasil y
en Alemania. En
setiembre de
1988 apareció
su entrevista
A
Poesía Crítica
de Alvaro
Miranda en
el suplemento
cultural del
Diario do
Nordeste, Fortaleza,
Brasil. Entrevista
luego recogida
con el
título “A atividade
do escritor
debe ser
como um
assalto” en el
suplemento literario
de Minas
Gerais, Belo
Horizonte, Brasil. En su
presentación escribía: "Alvaro
Miranda nació
en Montevideo
en 1948.
Poeta, ensayista
y editor.
Fundó un
sello editorial
(Ediciones
del Mirador),
dirigió una
de las más importantes
publicaciones literarias de
América del
Sur (la
revista Poética ), dirige
la Serie
de Literatura
de la editorial Técnica.
Ha publicado
estudios críticos
sobre Goethe,
Walt Whitman,
la ciencia
ficción ( La poética
del espacio ).
Diversos textos
suyos han
sido publicados
en el
exterior. En
esta entrevista
dialogamos sobre
sus actividades
presentando así
al lector brasileño
este importante
poeta uruguayo”. FM:
Poesía:
conocimiento a través
de la
intuición, inteligencia ardiente, ballet
de formas
significativas, caudal
de interrogaciones
metafísicas, etc.. ¿Cómo
le llega
la poesía?. AM:
La
poesía me
llega como
dolor del
mundo, lo
que los
románticos alemanes
definieron como
Weltschmerz,
es ese
dolor universal,
ese padecimiento
y también
al modo
trágico romántico,
una insatisfacción
existencial. La
inteligencia y
la emoción
están presentes,
como corresponde
a la
poesía moderna
de este
siglo y
es la primera
quien controla
a la
segunda. Así
debe ser,
pienso, en
toda poesía
que pretenda
su nivel
de seriedad
y dignidad.
La intuición
es instrumento
adecuado para
profundizar en
la realidad
porque, como
decía Bergson,
en ella
se funden
el instinto
y el entendimiento. Procuro
que la
poesía sea,
entonces, una
experiencia de
realidad aprehensible
mediante el
lenguaje, regida
por el intelecto en
su función
neutralizadora, distanciada
de una emoción que
persista, intransferible
y necesaria,
en el fondo mismo
de las
cosas. ¿Crear
es anticiparse
a la
muerte?. Francisco de Quevedo dice, espléndidamente: |
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Ayer
se fue,
el mañana
aún no ha llegado, hoy
se está
yendo sin
parar un
punto. Soy un fue y un será y un es cansado. |
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Tal
vez porque
siento que
somos “presentes
sucesiones de
difunto” se
vive con
la muerte
en la
letra, muy
frecuentemente. Es posible
que sea
intento de
exorcizar su
efigie. Lo
cierto es
- lo sabía Quevedo y
otros grandes
de la
poesía - que
se vive
muriendo y el
poeta, sensible
como es,
no puede
evitar esa
sensación de
morir dos
veces. Así
como también,
mortal paradoja,
crear sea
burlar - me
siento tentado
a escribir
vencer pero
no vencemos -
a la
muerte. Es
difícil ese
juego donde
nos toca
ser siempre
perseguidos, en
cualquier caso. ¿Duran
las palabras
o lo
que dicen
las palabras?. En
el principio
Aristóteles sabía
que las
palabras eran
representación de las
cosas. No
pudiendo traer
las cosas
a nuestra
presencia trazamos
el signo
que las
representa. De
modo que,
desde el
inicio, fue
clara la
relación directa
entre las
cosas (el
objeto) y
la palabra.
Después vinieron
los lingüistas.
Se sabe
que el
signo no
podía aprehender
la total
realidad objetiva,
como lo
demuestra la
catacresis y
la polípote.
Se conoció
la imposible
transferencia de la
cosa al
signo. Se
comprendieron los
imperturbables límites humanos.
Acercándonos al ABC
de la moderna
lingüística de
este siglo
confirmaríamos el
concepto integrador
de Signo
como unión
de significante
y significado. Ahora bien,
cuando Borges
escribe la
palabra “rosa”
es el
signo, no
la rosa
del jardín,
pero ¿cuál
dura más?,
¿la rosa
escrita o
la otra,
cuya fragancia
perfuma la
casa?. Ya
le dije,
en otra
oportunidad, que
percibo cierta
afinidad entre
su poesía
y la
del mexicano José
Emilio Pacheco
(1939), poesía
de gran
efervescencia crítica, fusión
de denuncia
social (acentuada
por un severo nihilismo)
con ingredientes
específicamente literarios.
¿Estaría de
acuerdo?. ¿De
qué otros
poetas se
siente próximo
(pienso en
la infinita
cadena de
diálogos que
su poesía
mantiene con
la de Huidobro, Eluard,
Pound, Girondo,
Vallejo, Pavese,
Marlowe, tantos
otros)?. José
Emilio Pacheco
es un
poeta que
me interesa
pero ha
sido muy
poco difundido
en nuestro
país. Descubrí
en Tarde o
temprano algunas analogías
inquietantes pero quisiera
declarar - antes
que alguien
hable de
influencia o
plagio - que
se debe
a una
particular afinidad
en función
de preocupaciones
estéticas comunes.
Afinidad que
se traslada,
del mismo
modo, al
campo temático.
Creo en
esas afinidades
(s)electivas. Y hay
una posible
lista de
poetas que,
por una
u otra razón,
percibo nítidos
y próximos.
Todos tenemos una
lista, escrita
o no,
de nuestros poetas
cercanos. Yo
agregaría dos
nombres mayores:
Fernando Pessoa
- en
especial su
heterónimo Alvaro
de Campos
- y Konstantino Kavafis,
una de
las expresiones más
delicadas y
modernas. Pero
hay otros
que rondan
el corazón:
Charles Bukowski,
T.S. Eliot, Roberto
Juarroz, y
otro poeta
argentino, lamentablemente
no tan
difundido como
merece, que
se llama Darío
Canton. Y
hay otros nombres.
Con algunos
dialogué - como
bien dijiste
en tu
pregunta – coloquios subterráneos que vienen
del tiempo
y de
la sangre.
Son diálogos
desde el
lenguaje, desde
la poesía,
desde la
vida. Con
el afecto
que siempre
se tiene
por las
cosas que
se ama.
Es cierto,
asimismo, que
hay crítica
en mi poesía. De
hecho, cinco
cuadernos poéticos
que publiqué
entre 1980 y
1984 integran
una serie
llamada Poesía Crítica, en
la que
sigo trabajando.
Hay, allí,
una investigación
de la
expresión poética,
en términos
amplios, que
analiza una
línea o
tendencia capital
en la poesía de
la modernidad:
la interrelación de creación
y crítica.
Una de
las vertientes
de investigación
no excluyentes
es el plano de
la crítica
de la
realidad, que
no se
agota en
la denuncia
social, sino
que abarca
un espectro
más amplio
para referir
las conductas
humanas, relaciones,
psicologías, el
hombre y
sus podredumbres,
la humillación
y la culpa, el
hombre como
lobo del
hombre, ¿De
qué modo
su nuevo
libro viene
a acrecentar
su poética?. Hay una ideación, un plano conceptual, en la creación y publicación de mi obra que, espero, me alcance el aliento para llevarla a buen término. He procurado, desde el principio, desterrar uno de los defectos frecuentes en la poesía uruguaya - y sospecho que en otras ocurre lo mismo - esto es, la improvisación. Padecemos muchos males por la improvisación, suficientes para dejar a la poesía cautiva de esta falencia. Toda mi obra poética obedece a una planificación pre-concebida. Mi primer libro Nacimiento habitado recogía la producción escrita entre 1971 y 1976 y culmina, estructuralmente, en un libro aún inédito que recoge textos posteriores a esas fechas, del cual puedo adelantar el título Bajo cielos que llueven puñales. Los cinco cuadernos de la serie Poesía Crítica están numerados, integrando una unidad; constituyen la praxis que ejemplifica la teoría poético-crítica que se viene trabajando. Escalas escal(er)as es como una separata de esta serie. Hay también un libro inédito que la integra. Por otra parte, los cuadernos firmados por heterónimos (M. Olivar Aranda y Arno Malvadari, disposiciones anagramáticas de mi nombre y apellido ) desenvuelven, estilística y temáticamente líneas diferentes, como si se tratase de tres personalidades creadoras. Dejaré los signos precipitados enlazará con la obra en preparación Los lentos remeros sobre espesas aguas1 en un díptico que madura y expresa las propuestas de los cuadernos de la serie, libros de estructuración articulada desplegados en torno a un eje sígnico, casi físico. También en preparación está Cámara profunda1, un libro que si bien incursiona en líneas ya trazadas se desliza hacia nuevos cauces formales y semánticos, se abre al lenguaje en un nivel no trabajado anteriormente y lo hace con lo que, considero, una muestra de madurez e intensidad. |
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Deben
verse
como
estadios
en
el
proceso
de
transformación
que
toda
poética
implica,
work
in
progress
de
reflexión
creadora
donde
es
difícil
saber
si
el
poeta
podrá
cerrar
el
ciclo
con
la
palabra
que,
conscientemente,
eligió
como
última. Recuerdo
una
expresión
de
Mario
de
Andrade
sobre
la
situación
brasileña
en
el
contexto
latinoamericano:
“Nosotros
no
estamos
solos,
porque
nos
piensan
y
mucho;
estamos
abandonados,
lo
que
es
peor”. Recuerdo
un
pasaje
de
sus
cartas
en
que
Ud.
considera
a
la
literatura
brasileña
como
una
de
las
más
interesantes
y
creativas.
De
hecho,
ha
publicado
poetas brasileños
en
Poética
y
en
otras
publicaciones.
¿De
cuándo
es
su
interés
por
la
literatura
brasileña?. El
poeta
vive
en
una
zona
recortada
del
olvido.
Su
obra
debe
ir
contra
el
olvido.
Cuando
se
piensa
en
la
abundancia
de
poetas
iberoamericanos,
de
indudable
calidad,
que
permanecen
desconocidos
o
poco
conocidos,
se
siente
la
necesidad
de
hacer
algo
contra
el
abandono,
contra
la
soledad,
contra
el
olvido.
Mi
interés
por
la
poesía
brasileña
nace
de
un
interés
previo,
natural
y
amplio,
por
toda
la
poesía.
La
poesía
también
es
un
modo
de
vida.
No
concibo
mi
existencia
sin
la
escritura,
sin
la
lectura
de
poesía.
A
ello
sumo
una
innata
curiosidad
crítica
hacia
lo
poético.
Es
otra
forma
de
la
eterna
búsqueda
de
la
iluminación.
También,
como
descubridor,
el
poeta
está
dotado
de
la
facultad
de
revelar
con
profundidad.
Siento,
en
la
poesía
brasileña,
aquella
“naturaleza
sin
freno con
energía
primigenia”
que
anunciara
Whitman
para
América.
Aún
en
la
escritura
poética
intelectual
se
percibe
una
intensa
vibración
de
vida.
El
concretismo,
por
ejemplo,
vale
también
como
corte
transformador,
poiein
en
movimiento
y
el
poietés
continúa
siendo
el
antiguo
Hacedor
de
los
griegos.
Lo
que
me
impresiona
en
la
poesía
brasileña
es
la
potencia
expresiva.
Hay
riqueza
y
fuerza
en
su
lenguaje,
hay
aprovechamiento
cabal del
poder
sugestivo
de
la
palabra,
hay
concentración
imaginativa.
Recordemos,
con
Goethe,
que
sólo
es
verdaderamente
poeta
el
que
sabe
apoderarse
del
mundo
y
expresarlo.
Esto
es
perceptible
en
varios
poetas
brasileños:
la
transferencia
del
mundo
convertido
en
lenguaje,
materia
y
forma
interrelacionadas,
estéticamente
organizadas.
Ahora,
¿desde
cuándo
viene
mi
interés
por
la
literatura
brasileña?.
Desde
la
voluntad
y
la
conciencia
de
conocimiento
del
poeta.
Lo
importante
es
que
persista,
renovándose. Hugo Gola, en el prólogo a las Obras Completas de Juan L. Ortiz, lamenta el desdén con que la cultura argentina trató, durante varias décadas. obras de Macedonio Fernández y el propio Ortiz, refiriéndose a los graves perjuicios ocasionados. Imagino que este tipo de desastre |