|
Frutos recogidos al azar |
|
Observe qué ocurre en un canasto. El mimbre entrelazado se mece, chocan dentro los frutos recién recogidos del árbol y se machucan. El cuero que cubre el canasto no permite que los ojitos de uva vean el sol, ni el brazo desnudo de la paisana, ni su pollera y sus piernas, ni los árboles que se inclinan, ni las nubes, ni el cielo, ni los pájaros fugaces, ni el polvo del camino, ni la mano de la paisana aferrando el asa del canasto, ni su cara, ni su boca, ni sus ojos, ni su miedo, su miedo reflejado en sus ojos, en los labios temblorosos, en su paso ligero, inseguro. Los ojitos de uva ocupados en contrarrestar el ataque de las peras y las naranjas no se ocuparán cuando la tapa de cuero se alce, de mirar lo de afuera; tratarán de evitar la arremetida de las naranjas cuando se vuelque el canasto y se derramen por la tierra todos los frutos, sin distraerse en las botas del hombre que se acerca, sin pensar por qué la mano aferra desesperadamente el asa y no la suelta. |
Álvaro
Miranda Buranelli
alvaro@alvaromiranda.com
Publicado en el suplemento literario de
Tribuna Salteña (Salto, Uruguay)
14 de octubre de 1979
Integra el libro inédito "Bazaar".
|
Ir a página inicio |
Ir a índice de narrativa |
Ir a índice de de Miranda, Alvaro |
Ir a mapa del sitio |
|||||||