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Tarik Carson: un escritor atípico
Alejandro Michelena
alemichelena@gmail.com

Hace  varios años que reside en Buenos Aires. Aplicando los engañosos esquemas generacionales, se lo ubicaría en ese grupo intermedio —que no comulga con los encares usuales de los sesenta y tampoco, ni por edad ni  formación, puede asimilarse a los "jóvenes" de los ochenta— la poco catalogable promoción de los primeros setenta  que trajera a la memoria pública no hace tanto el polemista y polémico agitador cultural Alberto María Triangullare. Como muchos otros de ese grupo, Tarik Carson es hoy  poco conocido entre nosotros, a pesar de los indudables valores de su narrativa, que comenzara en una línea fantástica en su libro El hombre olvidado, para perfilarse después—en los muchos relatos publicados en la vecina orilla— en un acercamiento personal al amplio género de la ciencia ficción.

 

-Tu   trayectoria   ha  sido bastante  peculiar,   por la índole de tu obra y también por tu  alejamiento del país.

—En realidad siempre he tratado de buscar un camino distinto, propio, dentro de la literatura. Da la casualidad que casi todo lo que he escrito lo he hecho en Montevideo. Yo me fui en 1976, pero ya tenía al menos delineado todo lo que hasta el momento concreté.

-Cuando emigraste a Buenos Aires ya tu obra estaba madura.

—Muchos de los cuentos de mi último libro, que es del 86, ya estaban escritos entonces.                       

 

-Tus comienzos se remontan a algunos cuentos que publicaste en la revista Universo allá por 1970 y 1971.

—Era una publicación juvenil, que hicimos con Hugo Giovanetti Viola y otros escritores en ciernes, con el objetivo de editar y darnos a conocer. De esa manera, además, conocimos a muchas figuras de importancia en las letras nacionales. Luego, en 1973 la Editorial Géminis saca mi primer libro, El hombre olvidado. Después llegó un periodo en el cual fui escribiendo menos, sobre todo en el primer tramo de mi residencia en Buenos Aires, teniendo que enfrentar problemas de adaptación. En los últimos años pude trabajar mucho más.

 

Nuevos horizontes para la difusión

 

-¿Publicaste en Buenos Aires?

—Allí di a conocer como treinta narraciones que se pueden ubicar en el rubro de  literatura fantástica. Hay bastantes publicaciones dedicadas a lo fantástico, y eso me permitió publicar.

 

-Por lo que me contás, la gran ciudad ofrece un campo más propicio para un escritor de tus características.

—Yo creo que es más bien un problema de dimensión: al ser más grande, el público aumenta. De todos modos, esas revistas circulan en un sector minoritario, tal vez proporcionalmente más minoritario que el equivalente de Montevideo. Por otra parte, del punto de vista cultural es más rico el ambiente aquí. La enormidad de Buenos Aires hace que se formen y permanezcan esos círculos dedicados a un género específico, en este caso la ciencia ficción y fantasía, y que se editen media docena de revistas en esa línea. No hay muchos escritores de calidad como para satisfacer esas posibilidades, lo que hace que sea más fácil publicar.

 

-Uruguayos como vos y Mario Levrero, por ejemplo, han tenido buena aceptación allá del otro lado del Plata.

-Es que encontrás abiertas todas las puertas. No existe con los uruguayos esa discriminación que a veces se piensa, y si alguien escribe más o menos bien puede llegar a publicar sin problema. Incluso, en este sector de literatura fantástica, la apertura se extiende a narradores que no vivan en Buenos Aires.

 

Categorías incómodas

 

-¿Te sentís cómodo cuando se te ubica como escritor de "ciencia ficción"?

—No, no. De ninguna manera, porque tal calificación sirve para menoscabar al escritor. La ciencia ficción típica, que surgió en EEUU con fines comerciales y fue al principio bastante tonta, es la que fundamenta ese criterio. De todos modos esto ha cambiado, se ha vuelto más complejo últimamente. Pero yo me siento escritor fantástico. No tengo en realidad ninguna formación científica, y eso me hace identificarme menos todavía con la catalogación que mencionabas.

 

-¿Con qué autores te sentís hermanado?

—Me gustan Horacio Quiroga y Felisberto Hernández. También Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Son los puntales básicos de lo fantástico en el Río de la Plata.

 

-¿Hay diferencias esenciales entre un relato fantástico y otro en clave realista?

—No, mirá, en realidad las diferencias son temáticas. Y también de sentimientos y necesidades. Además hay escritores que uno sigue, que toma como ejemplos, como en mi caso Borges y el propio Felisberto.

 

-¿Sos autocrítico?

—Suelo ser severo conmigo mismo. Hay demasiados libros ya como para poner en circulación uno más solamente por un problema personal. Si uno no logra lo que quiere mejor no publicar.

 

Alejandro Michelena

alemichelena@gmail.com

 

 

Aclaración: Esta entrevista a Tarik Carson apareció en el suplemento cultural del diario La Hora, en 1988. Fue cedida, por el autor, a Letras-Uruguay, en formato papel de diario. La misma fue escaneada por el editor de Letras e incorporada a la misma el 9 de marzo de 2013. Y ahora la volvemos a difundir, en homenaje a su memoria.

 

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