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Germán Cabrera: un escultor revulsivo |
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A
metros apenas del triple encuentro entre las calles Ponce, Charrúa y
Avenida Brasil, se alza el edificio Pocitano, con su fachada vidriada,
obra del arquitecto Luis García Pardo. En el jardín —diseñado por el
legendario paisajista brasileño Burle Marx— hay una escultura abstracta
de hierro, la obra más conocida de Germán Cabrera. Cuando fuera
concebida, a principios de los años sesenta, la sensibilidad popular
estaba lejos de sintonizar cabalmente con el arte moderno. Tal vez por
eso, durante años se conoció esta obra con el mote de “monumento a la
chatarra”. De
joven, Cabrera fue ayudante de José Belloni, y un poco después
—finales de los años veinte— residió en Paris por dos años, tomando
clases con el escultor Bourdelle. En las décadas de los cuarenta y
cincuenta la labor creativa de Cabrera estará dividida entre Montevideo y
Caracas, donde reside en dos oportunidades. Es en ese período que se
fundamenta su opción por la estética de la modernidad. Al
alborear los sesenta, inicia su serie Los Hierros (de la que forma parte
la escultura del Pocitano), y a partir de allí alternará su labor en
Montevideo con largas estadías en Europa. Aparte de la pieza mencionada,
Germán Cabrera ha dejado mucha obra en lugares públicos. En
1933 realizó la estela de homenaje a Julio César Grauert, ubicada luego
en Pando, localidad donde la policía de Terra había dejado morir —muy
poco antes— al joven político opositor a la tiranía. De los mismos años
son sendos relieves funerarios en los cementerios de Las Piedras y Pando.
En 1955 esculpe un busto de Artigas, en ónice, para el Centro Militar, en
Avenida del Libertador y Paysandú. Del mismo año es el mural alusivo a
una jugada del más popular de los deportes, ubicado en la sede del Club
Nacional de Football. Al siguiente plasma otro busto del héroe patrio
—esta vez en bronce— en el Liceo Alemán. La escultura del Pocitano es de 1962, e inicia una etapa mucho más radical para el artista en lo que tiene que ver con sus recursos expresivos y audacias formales. En 1988 vuelve a animarse con la escultura en espacios públicos, cuando realiza una obra en hierro y madera en la Estación Goes. |
Alejandro Michelena
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