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I
Vorágines de ruedas van pasando
entre luces y signos.
Y torrentes de gentes
aparecen, se esfuman y retornan.
Y en la terrible altura de los pisos
-en altos edificios futuristas-
alguien propone camuflar la sombra.
Ahogado en la maraña de las calles
se pierde un peregrino
-hereje de los dogmas
del vértigo
virtual pero incesante-
soñando al hombre
detrás de imágenes.
II
Eterno solitario de las calles
aquí estoy
escondido
detrás de los afiches y apariencias.
Y sé que tal vez
no te llegue este grito sin palabras
y sigas a tus huellas
previsibles marcadas
destinadas:
la pantalla de siempre
encandilándote.
III
Estancarse en un bar lleno de luces
monitores y ruido.
Aguardar que las horas nos envuelvan
en brumas de entresueño.
Sentir desolación un poco menos.
Engañarse otra vez.
IV
Avenidas sin pausa
senderos reiterados
de tránsito infinito.
Portales que nos llevan
hacia los no lugares
sin calidez, sin alma.
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