Alejandro Michelena

ALEJANDRO MICHELENA. Montevideano. Poeta, narrador, ensayista, cronista y periodista cultural.  

El cronista:

Con siete libros dedicados a la crónica general de su ciudad, y dos a historiar sus tertulias culturales de café, se ha transformado –a fuerza de talento y de trabajo– en el cronista de Montevideo. En tal sentido, su tarea, que incluye además cientos de notas periodísticas sobre esta temática, es de consulta ineludible para todo aquel que quiera conocer a fondo la capital uruguaya.

Esta saga dio comienzo en 1987 con Los cafés montevideanos (Editorial Arca; con tres ediciones, la más reciente en el 2006).  Continuó en 1990 con Rincones de Montevideo (Ed. Arca, tres ediciones), Más rincones (Ed. Arca, 1994), Otras latitudes de Monte Vi Deo (Ed. Arca, 1996),  Montevideo: historia de gentes, reuniones y lugares (Editorial Cal y Canto, 1998), Descubrir Montevideo (Ed. Arca, 2002). En los años más recientes se sucedieron: el libro dedicado a hacer la historia del desaparecido café Sorocabana, Gran café del centro (Ed. Cal y Canto, 2003), y la Antología de Montevideo (Ed. Arca, 2005). La culminación de la serie fue Montevideo, la ciudad secreta (Editorial El Caballo Perdido, 2005), centrado –como su nombre lo indica– en la tarea de desentrañar los secretos que encierra el entramado urbano.

A propósito de Los cafés montevideanos, y teniendo en cuenta en el análisis también la tarea del autor en otros géneros, el crítico Pablo Rocca escribió que: “Michelena ha sido uno de los mayores, y menos publicitados, trabajadores de la cultura” (semanario Brecha, 27 de mayo de 1988). A su vez, el crítico Jorge Albístur describió así su labor intelectual: “Michelena ha desarrollado una intensa labor de memorialista y se ha propuesto descubrir el alma urbana...”  (Brecha, 10 de octubre de 2003).

El narrador:

El espectro de sus intereses creativos es muy amplio. Incluye la narrativa, a través de dos novelas y de cuentos que fue dando  a conocer en revistas, periódicos y antologías. Las primeras son: Apartamento 108 (Editorial Antares, 1984; firmada con el seudónimo M. A. Daniel) y El vuelo de la oca (Editorial Signos, 1993).

Sobre Apartamento 108 afirma el escritor Ricardo Prieto, que: “se ha situado significativamente en el panorama de la narrativa uruguaya; ha conseguido infinidad de lectores, ha cosechado abundantes comentarios y sensatas reflexiones de valiosos sectores de la crítica independiente.” (revista Graffiti, junio de 1993). Y en cuanto a El vuelo de la oca, escribe el poeta Gabriel Peveroni: “No es una novela más; puede y debe ser leída como una corrosiva metáfora de los últimos 50 años de la historia montevideana.”  (diario El Día, 12 de mayo de 1993).

El poeta:

Como tal, ha publicado dos libros: Formas y Fórmulas (Editorial Libros de Granaldea, 1978) y Rituales (Editorial Siesta, Estocolmo, 1984). Sus poemas integran dos antologías significativas: Los más jóvenes poetas (Ed. Arca, 1977; compilada por la crítica Laura Oreggioni y el poeta Jorge Arbeleche) y Poesía uruguaya del Siglo XX (Editorial Alfar, 1994; realizada por el doctor Walter Rela, reconocido estudioso e investigador literario). Textos suyos han aparecido en revistas literarias y suplementos culturales.

Fue merecedor –en dos oportunidades– de la Primera Mención en concursos organizados por la Feria del Libro y el Grabado, en 1973 y en 1978 (los jurados fueron, respectivamente: el poeta y narrador Enrique Estrázulas y el crítico Hugo García Robles, y los poetas Circe Maia y Washington Benavides; en ambos casos, la poeta Nancy Bacelo).

Obtuvo una quinta mención en concurso convocado en 1982 por la Embajada de España en Uruguay y el matutino El Día –el más importante de comienzos de los años ochenta– en el que actuaron como jurados los escritores Amanda Berenguer, José Pedro Díaz, Sylvia Lago y Jorge Arbeleche, y el crítico Roger Mirza.

El crítico José Carlos Álvarez lo llamó “poeta indudable” (diario La Mañana, 27 de marzo de 1977).  Y Florencio Vázquez escribió: “Es, la suya, una voz segura en la búsqueda del prodigio poético...”  (El Día, 17 de junio de 1987).

El ensayista:

En este género su labor se desplegó en revistas literarias como Nexo (1975) y Cuadernos de Granaldea (1981), culturales como Hoy es Historia (entre 1988 y 1994) y Graffiti (entre 1992 y 1998), y de carácter general como Latitud 30-35 (2000 y 2001). Más recientemente: en el suplemento La Jornada Semanal, del diario La Jornada de México (desde el 2004), y en Cuadernos Hispanoamericanos de Madrid (desde el 2003).

Parte de esta labor ensayística se relaciona con la identidad uruguaya, desde el ángulo cultural. Y ha revalorado, además, figuras tutelares de la vida intelectual, como Rodó, Vaz Ferreira y Torres García.

En este costado de su labor, el crítico Wilfredo Penco encuentra “una firme solvencia intelectual...” (diario El País).  Y refiriéndose a los panoramas de la literatura uruguaya de los setenta realizados por este autor, el crítico Pablo Rocca escribe: “Michelena fue el primero que se atrevió a los balances que, aunque breves y medidos, fueron fundadores”  (Cuadernos de Marcha, julio de 1990).

El periodista:

Ejerce el periodismo desde la segunda mitad de los años setenta.

En su carácter de crítico literario, en los diarios Mundo Color (1977 y 78) y La Hora (1985 al 91), en los semanarios Convicción (1984) y Brecha (a comienzos de los noventa, y desde el 2004), y en la revista cultural Graffiti (1992 al 98).

Como crítico de cine (La Hora), y de televisión (La Hora y Brecha), durante más de un lustro.

Como periodista cultural, en los medios ya nombrados y en revistas como Saltomortal (Suecia, 1983 y 84), y La Jornada Semanal (México, desde el 2004 hasta el presente). 

Como periodista de "información general", en diarios como La Hora, y en mensuarios como Periscopio (1996 a 2007). 

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