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Almacén y bar El Hacha
Alejandro Michelena

Es sin lugar a dudas el boliche más antiguo de Montevideo. Abrió sus puertas en pleno siglo XVIII, siendo al comienzo una de las pulperías urbanas más concurridas (de las denominadas popularmente “esquinas”). Su nombre original no ha quedado registrado. Se llamó El Hacha desde el 15 de abril de 1794, cuando uno de los dependientes que allí trabajaban fue asesinado de un hachazo en medio de una trifulca confusa a causa de la ingestión de alcoholes fuertes.

Promediado el siglo XIX dejó atrás su condición de pulpería para transformarse en almacén de “ramos generales”. Ya en el albor del 900 se torna almacén y bar, y como tal fue conocido hasta el cierre temporal en el año 2000.

Es uno de los boliches tradicionales de la zona, junto a otros no menos legendarios y que ya no están como Las Telitas y El Perro que Fuma. En su mostrador de estaño confluían criollos, italianos, judíos sefardíes, descendientes de africanos y otros inmigrantes; marcó un perfil cosmopolita que sigue vigente en la zona.

Uno de sus propietarios, el más cercano en el tiempo, fue José Pérez González, un gallego que bajó del barco y se empleó ese mismo día de 1953 como dependiente en El Hacha. Pasó a ser propietario en 1960, y se mantuvo al firme detrás del mostrador hasta el 2000, cuando tuvo que cerrar. El buen hombre se transformó en una memoria viva, y ha sabido evocar en más de una oportunidad la enorme lista de personalidades que frecuentaban el boliche en diferentes momentos.

Entre las figuras que Pérez González recuerda está nada menos que “Huesito” Pérez, el autor de la famosa Despedida de los Asaltantes con Patente. Otros integrantes de la cofradía del dios Momo que se acodaban en el viejo mostrador de El Hacha fueron Marta Gularte, el siempre inquieto Pirulo, Juan Ángel Silva y el Canario Luna.

Representantes del gremio periodístico solían “tomarse una” entre esas paredes más que centenarias. Allí recalaban Julio César Puppo “El Hachero” (uno de los más jugosos cronistas que tuvo Montevideo), y Nelson Domínguez “Guruyense” (gran cronista de tango y carnavales).

El deporte también estuvo presente en las tertulias de El Hacha, con figuras como el gran Dogomar Martínez, el cultor del arte de los puños uruguayo que llegó más alto en sus triunfos, y Roque Gastón Máspoli, el golero del 50 en Maracaná.

Luego de su cierre momentáneo, en poco tiempo El Hacha resurgió de la mano de gente emprendedora que lo ha recuperado. Manteniendo el espíritu y la tradición, el aura que le ha dado justa fama, es ahora además un restaurant interesante y un ámbito para el tango y la música popular.

Alejandro Michelena

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