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El “poder” y los mitos

por Jorge Medina Vidal

Quizás el personaje más elegantemente escandaloso que produjo la Historia política europea en los últimos siglos fue Charles Maurice de Talleyrand-Perigord (1754-1838), que dominaba como nadie esos peligrosos juegos de la “diplomacia” y las “negociaciones”, casi siempre colindantes con la inmoralidad. Talleyrand fue capaz de decirle a Napoleón: —“Señor, puede conseguirlo todo con las bayonetas, pero no puede sentarse sobre ellas”. Su pensamiento estaba en el poder efímero que dan sólo las armas; estaba en el desgaste que la vida cotidiana produce implacablemente en todo sistema represivo y en las exigencias que arrastra de aumentar la Fuerza para poder sostenerse. Dicho de otra manera, todo sistema autárquico de Gobierno podría responder al esquema siguiente: —Si hoy se gasta un diez por ciento de energía para establecer la represión, mañana se necesitará un veinte por ciento para mantenerla y así sucesivamente hasta que se llegue a un grado ideal de eutropía o se desemboque en el paroxismo.

Esta lección la sabía muy bien el "divine Kingship” (que ya conocemos) pues alternó desde la noche de los tiempos el empleo de las “bayonetas” materiales con las “bayonetas” mentales; agregándole dulces gratificaciones simbólicas que distraen a los impacientes y conforman a los satisfechos.

Como ya se sabe existen distintos modelos de organización del Estado donde la relación entre el Gobierno y los súbditos o ciudadanos es conflictual por motivos inconcientes. Los ciudadanos desconfían del Estado aún cuando hayan contribuido a establecerlo en forma más o menos indirecta. En sus actitudes siempre hay un resabio de incomodidad frente al Poder establecido y los ingenuos lo explican como algo natural con el esquema vacuo del “espíritu de contradicción”. Esas relaciones dialécticas pueden abarcar el plano político, el económico, el administrativo, el ceremonial etc. y se manifiestan en una amplia gama que puede ir desde el acto delictivo (por ejemplo soslayarlos Reglamentos aduaneros), hasta el pequeño desasosiego que producen las gestiones burocráticas donde el ciudadano se siente como extraño o enemigo. Esto es muy común como fenómeno cultural contemporáneo y nos. permite documentar que la mayoría de los pueblos actuales no “internalizaron” al Estado, al Gobierno, a sus llamados representantes y no les ofrecen una especie de depósito de confianza en esa¡ aventura común a todos que se distingue j como organización política Nacional.

Pero, en el otro extremo, parecerían surgir conductas sociales que se muestran como presencia de un ideal. Por ejemplo, el "Rey divino” gozaba de un handicap beneficioso porque su fórmula política podría ser: —El Rey o su Poder es mi amigo, porque él representa o distribuye el orden cósmico— y en lontananza puede calificarse como el “fantasma” del Padre gratificador. Demás está decir que en este caso las relaciones entre Rey y súbdito eran más fluidas y el elemento represivo, en parte, se asentaba en la propia conciencia manipulada de los hombres.

Este esquema polarizado que venimos dando entre el “Rey divino” y muchos gobernantes contemporáneos: uno integrado y otro en conflicto con su pueblo, tiene una sola ventaja, su sencillez. Casi todo lo demás es engañoso para poder comprender fenómenos tan complejos. Porque hasta las buenas intenciones de ambos, sus preocupaciones por los débiles y sus intentos de emulsionarse con las masas es también un acto de imposición y de Poder que desata mecánicas oscuras de placer y displacer al mismo tiempo. Y hasta el "amor” es un acto de Poder: (Oh, manes de Francesca de Rimini —“Amor che a nullo amato amar perdona” —)

Todo acto de conducta es una elección, y toda elección es una represión, y toda represión se actualiza gracias a un acto de Poder, por eso tanto el “Rey divino” como sus remotos herederos los Gobernantes contemporáneos, organizan sistemas Jurídicos para protegerse primordialmente de aquello que amenaza sus existencias y la Fuerza, en todas sus variaciones proteicas, vienen por obligación en su ayuda. Entonces, el problema no está en la Fuerza (como lo daba por descartado Talleyrand), sino en el “discurso” que domestica a la Fuerza y la sacraliza, adormeciendo al “individualísimo” para sacar a flote la perdida camaradería de la horda original, cantera madre que lima las aristas del egotismo.

Recordando otra vez el lúcido cinismo de Talleyrand, el “Gobernante” y su clase deben sentarse sobre un “discurso” manipulado y no sobre las ásperas bayonetas. Pero, hoy día, muchas veces, por desgaste o fracaso de los mitos heredados, o por carencia de sus “discursos”, los Gobiernos parecen marchar por un lado y los pueblos intuyen que van por otro.

 

Jorge Medina Vidal
"Jaque" Revista Semanario - Año II Nº 35

Montevideo, viernes 10 de agosto de 1984

 

El autor: Jorge Medina Vidal (Montevideo, 4 de marzo de 1925 - Ib., 17 de junio de 2008) fue un poeta, ensayista, semiólogo, crítico literario y docente universitario uruguayo.

Biografía

Licenciado en Letras en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. Fue profesor de Enseñanza Secundaria, del Instituto de Profesores Artigas, y titular de las cátedras de Teoría Literaria y Semiótica de la Facultad de Humanidades y Ciencias y de la Facultad de Arquitectura. Colaboró con las revistas Marginalia, Clinamen, Altamira, Aquí poesía, Cuadernos de Mercedes y en el diario El País.

 

Editado por el editor de Letras Uruguay

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