Es poco lo que sé
-si vamos a medirlo por las respuestas
ciertas e incontestables:
pierdo con cada año
de un cinco a un diez por ciento de mis certezas.

Pero si he de juzgar por las preguntas
-y más: por el coraje necesario
para inquirirse sobre algunas cosas
y afrontar las respuestas o su ausencia-
puedo afirmar
que de allá para aquí por el camino
algo aprendí.

Aprendí que no quiero silenciar las preguntas con cosas.
Aprendí que si el viaje es sin rumbo ni destino
no hay razón valedera para prisas,
si no es la pasión.
Que se disfruta mucho
siendo amable y leal
con los compañeros de viaje.
Que cualquier placer menor puede ser una fiesta mayor
cuidando no exagerar
prevenciones ni análisis.
Que el agua que el río le da a los sembrados,
animales y hombres
se salva, tal vez, de ir a dar a la mar.

Juan de Marsilio
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