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Frutos: Si me permiten vestirme, señoras.
(Las mujeres se retiran Frutos empieza a vestirse de moro pero no bien se calza sus babuchas reaparece José)
José: Mi general, llegaron los ministros.
Frutos: Ah si, che, ¿y de qué vienen disfrazados?
José: Están de particular, señor. Son los doctores Vázquez y Jiménez. Traen un asunto. Dicen que es urgente.
Frutos: Mirá vos, y me agarran a medio vestir los chasques "principistas". ¿Sabes que son principios, vos? ¡no! Ni amagués decido. No podés saber: principios viene a ser lo que está escrito en una cartilla que nadie tiene. ¿Comprendés? Ordenes que vienen de ningún lado. Una cosa como la Constitución pero sin constitución: etcétera, inefable! ¿Qué me decís? ¿Vos tampoco decís nada, José? I-ne-fa--ble. ¿Qué te parece? ¡Decí!
José: Usted habla mucho.
Frutos: ¿Yo? ¿Y ellos? Ya los vas a oír. Piquitos de oro. Andá. Hacelos pasar y preparáte para la lluvia. De Montevideo llegan nada más que líos y reclamaciones y alegatos y calumnias, si los dejo hablar, adiós fiesta. ¿Vos que opinás? Me gustaría saberlo. ¿Qué opinás, José?
José: Usted ya sabe. No soy político, ni jefe, señor, ni hacendado ni tengo comercio. Soy uno nomás.
Frutos: ¿Y que opinás? Decí. ¿No me tapaste a noticias cuando llegó el chasque? Ahora decí: ¿qué opinás?
José: ¿Donde vio alguien como yo dotoreando? Opinan los que no tienen nada que hacer. Yo, cuando no pueda más, le aviso.
Frutos: Está bien, José. Tenés razón. Como siempre tenés toda la razón. Servirías para tenerte de ministro. vos.
José: Entonces no sería el mismo, señor. ¿No cree? Sería otro.
Frutos: Hacé pasar a esa gente... filósofo.
(Sale José)
Vázquez:
(Entrando) Señor presidente: perdone que lleguemos así. Pero la situación es realmente grave. Venimos, el doctor y yo en nombre de... Cómo está señor
(le tiende la mano)
Frutos: ¿Cómo andás? ¿Y vos? ¿Qué lío se armó ahora?
Vázquez: La revolución está apoyada desde el exterior. Las
instituciones están en peligro.
Jiménez: Tenemos noticias positivas de que se concentran fuerzas importantes. El peligro es inminente.
Frutos: Babuchas. ¿Te fijaste? Estos árabes han de ser lo más estrafalario. Zapatos con la punta para arriba...
(se pasea divertido mirándose el calzado de fantasía que ha
sobrepuesto a sus botas)
Vázquez: Es necesario procurarnos aliados en el exterior que nos permitan resistir.
Jiménez: Señor Presidente: yo le pediría que...
Vázquez:
La situación es tan grave, señor!
Frutos: José.. .traéme el espejo grande, ¿querés? El de cuerpo entero que está en el dormitorio.
Jiménez: Hay que tomar medidas.
Vázquez: Tenemos algunos decretos, por si usted entiende que es conveniente proceder...
Frutos: Papeles...
Vázquez: No queríamos perder un minuto, Montevideo corre
peligro inminente... el enemigo... el invasor.., esta.
(A José que entró trayendo un gran espejo)
Frutos: Ponelo, aquí.
(Se prueba el turbante) Mí Babá! (Silba o tararea una melodía árabe)
Vázquez: Permitame que insista, señor presidente, pero entendemos que es imprescindible y de toda urgencia una declaración de guerra y la firma de tres decretos diversos mediante los cuales se declare el estado de sitio y se tomen medidas complementarias, así como una activa política diplomática que nos permita...
Frutos: Aladino y la lámpara maravillosa. Frotamos esos papeles y ya derrotamos al enemigo, ¡chuic!
Jiménez: Señor, consideramos absolutamente imprescindible que el presidente de la República se haga cargo de la situación.
Vázquez: Nosotros, señor, solo procuramos...
Frutos: Si estos supieran lo que me está pasando... Yo...
(a Jiménez)
Jiménez: Usted es el presidente, señor, y nosotros simples
ciudadanos a quienes usted confió un Ministerio.
Vázquez: No entiendo su posición, pero razones tendrá para actuar así.
Jiménez: Tiene mi renuncia en el momento que la requiera. Mejor dicho: ahora, señor presidente. Visto el fracaso de este viaje renuncio a mi cargo de ministro.
Frutos:
¿Cuándo vas a aprender que esta patria de
nosotros es un gran desbarajuste, que está todo a medio hacer y que no hay más remedio que seguir tirando como se puede? ¿O te crees en Francia, vos?
Vázquez: Permitame ofrecerle mi renuncia, señor, como el doctor Jiménez entiendo que...
Frutos: Me parece que a ustedes se les subió el cerebro a la cabeza. Me hacen enojar. Vengan y póngase aquí, al lado mío. Mírense en ese espejo, cristianos, y díganme si lo que ven son dos ministros y un presidente de la República. Mirá que estampa la tuya, Vázquez y mirá a este otro matrero
(se ríe) Mirá el mamarracho que soy yo, el Primer
Mandatario de la República Oriental del Uruguay con el mundo en sus manos
(juega con el turbante) En los libros, che, cuando dicen Su Excelencia, vos pensás en una cosa así? Mirá esos tres en el espejo y contestame, doctor: te
parecemos el Poder Ejecutivo? (Pausita)
Jiménez: Pese a todo yo presumo que hay algo sagrado que...
Frutos: Algo sagrado... ¿Sabés lo que siento cada vez que arranco a mi gente de sus casas y los meto de nuevo en el lío? Vení, hermano, dejá a tu mujer y tus gurises y vení a pasar hambre conmigo, y a enfermarte de frío y después, de premio, si la suerte quiere, quedáte acuchillado en el primer encuentro. Los mirás de lejos, mientras te vas yendo y los ves en el suelo, tan poquita cosa, tendidos, hechos un puñadito de lástima, ensuciando el campo
porque son suciedad sobre el pasto y más nada. Le conozco el nombre a cada uno, yo; y el pago de donde vino y sé quien lo está esperando
(Reaccionando) ¡Van a venirme con papelitos a arreglar lo que me pasa!
(Al borde del llanto) ¡¡Gran puta!!
Vázquez: Usted decide, señor, si cree que un país como el nuestro puede prescindir de tener amigos poderosos en el exterior...
(Guarda los papeles en la cartera con brusquedad) Esperamos sus instrucciones.
Frutos:Frutos: No te pongas nervioso. Tusé, traé esos decretos. ¿O
pensaste que voy a mezquinarles la firma? No me dan ninguna noticia ustedes. Se nos van a venir tranquilos y yo los pienso dejar que se floreen, que entren nomás, que se vengan. Dame la pluma
(la examina) Es preciosa, che.
Vázquez: Esta es la declaración de guerra, señor.
Frutos: (Mientras firma) Es una seda como escribe, y ¡qué brillo! ¡flor de pluma!
Vázquez: Estos son los decretos complementarios.
Frutos: (Firma y antes de suscribir el tercer decreto va hacia el espejo y se mira con la pluma puesta en el turbante)
Notable! Me trajiste lo que más me hacía falta, Vázquez. Queda estupenda. Es increíble que no se le haya ocurrido a Bernardina. Un lujo asiático esta pluma. Trayéndola vos..., en fija es importada. ¿Es de pavo real o es de ganso?
Vázquez: Falta el decreto imponiendo el estado de sitio.
Frutos: Traélo. Te lo firmo a condición que me dejes la pluma.
Vázquez: Por supuesto, es suya
(Firma Frutos)
Frutos: Colocála que quede firme. Vení, ayudame (Vázquez manipula hasta dejar la pluma bien sujeta enhiesta sobre la frente de Frutos) Un lujo suntuoso el plumacho. Pienso que van a pasar meses antes de que pueda desvestirme para dormir. Pero antes de eso esta plumita me va a ver esta noche haciendo más de una diablura.
Vázquez: Señor presidente, nosotros, si usted lo permite, desearíamos volver sin la menor tardanza.
Frutos: Por supuesto, los padres de la patria no duermen ni comen, ni pueden bailar ni reírse: galopan y se desvelan bajo el látigo del deber. Por eso están tan pálidos che, y sufren de estreñimiento. Vos, ¿como andás de la barriga, Vázquez?
Vázquez: Más o menos, señor.
Frutos: ¿No te dije? Si de vez en cuando no le das un gusto al cuerpo, el cuerpo se te aburre de vivir. ¿En serio no quieren quedarse? Es un baile de aquellos.. y hay una vaquillona con cuero que... Está así: ofreciendo un abrazo.
(Los mira expectante por un momento y ambos permanecen dignos y en silencio)
Como quieran. (llamando) José (Entra José). Acompañá a los doctores: supongo que habrán cambiado los caballos del carruaje. Fijáte que sean buenos y que lleven provisiones y dales el colchón de mi cama.
José: ¿El colchón de la habitación de huéspedes? Pero la
coronela…
Frutos: La dueña de la casa no me lo va negar y yo no pienso pegar los ojos esta noche, ¿para qué lo quiero? De acostarme no va a ser en mi cama.
Jiménez: Buenas noches, presidente.
Vázquez:Buenas noches, señor. ¿No tiene fecha para volver a Montevideo?
Jiménez: ¿Va a defender la ciudad?
Vázquez: ¿Cuándo vuelve?
Frutos: Eso es asunto mío. Los buenos negocios pueden esperar, ¡carajo! ellos y yo vamos a poner el pellejo así que…
(Vuelve a llegar al baile de la Coronela, pero de pronto gira y levanta un brazo) Soldados: se cumple hoy el aniversario de un día glorioso: el triunfo que nos devolvió la patria y se cumple en esta fecha en circunstancias graves para la República. El enemigo ha invadido nuestro suelo y lo tenemos a la vista. El choque de nuestras armas contra ese oprobio es cuestión de días. Sí, orientales, se aproxima otra fecha inolvidable, nuestro triunfo sobre ese monstruo. Somos el brazo que defiende la gloria de este pueblo y sabremos cumplir, sabremos cumplir, sabremos cumplir
(Transición) Che, José, armáme uno de chala y naco brasilero. Cada vez que hablo, me pongo loco por fumar.
(Transición) Ciudadanos: cinco salvas de cañón serán nuestro homenaje al triunfo logrado. Cinco salvas. Cinco salvas que son el anuncio de un nuevo acontecimiento
(Sin convicción) La victoria nos espera. Nos espera una patria en paz y floreciente y con justicia para todos. Nos espera la gloria. Nos espera la felicidad.
(Se mantiene inmóvil con los brazos en alto) (Suenan los clarines. La luz que se ha concentrado en el, se agranda y se ve el coro de viejas cubiertas por sus pañoletas negras, esperpénticas y trágicas corno el hambre y la muerte. Entre ellas, María que tiene 100 años)
Frutos: ¡Y ustedes! ¿Qué quieren ahora? ¿A qué vinieron? ¡No tengo nada! ¿Qué quieren?
María:
Queremos comer, general. Nosotras y los niños y los pocos viejos que nos dejaste.
Frutos: ¡Ah! ¡Ustedes quieren comer!
María:
Nosotras, no. Nosotras venimos a hablar contigo. Las que necesitan son las familias que están del otro lado del río, viviendo al raso. Muriéndose de frío, abajo de las carretas. Te llevaste a los hombres, nos quitaron las casas y los caballos, somos más de diez mil los que vinimos de todas partes y estamos en la otra orilla, a monte, como matreros, por culpa de tu guerra. Tu sos el jefe, Frutos. ¿qué podés darnos?
Frutos: (Sin convicción) Se repartió maíz y les mandé mil zapallos de los buenos. Los soldados que hicieron el reparto, dos platos de maíz a cada uno y un buen zapallo, hacía día y medio que no probaban bocado y volvieron sin comer.
María:
Pero eso fue el miércoles, Frutos. Y entre ayer y anteayer llegaron tres carretones más con ocho criaturas muriéndose de hambre.
Vieja 1: Y nosotras, mirá como estamos, en harapos
(muestran sus garras y sus desnudeces al borde de lo macabro y con tales gestos, poco a poco componen un baile)
Vieja 2: Miráme, Frutos.
Vieja 3: Y miráme a mí.
Vieja 1: Miráme hecha pedazos, caudillo.
Vieja 3: ¡Miráme, presidente! ¡Deshecha!
Vieja 2: Miráme, general.
Vieja 1: Miráme a mi.
Vieja 4 y 3: Miráme. Miráme a mi.
Viejas 1 y 2: Mirá Frutos, mis huesos (vieja 4 ríe)
Vieja 3: Mirá el hambre, jefe (vieja 2 ríe)
Vieja 4: Y el dolor bailando. Mirálo sobre mí.
Vieja 2: Mirá el castigo cayendo.
Vieja 4: Mirá la muerte saltando entre nosotros. Mirála.
Vieja 1: (Grave) Mirá la guerra, Frutos (pausa breve)
Coro de viejas: Frutos: mirá la patria (la danza macabra termina con una pausa: un zócalo atroz que componen las viejas brujas y sus jirones)
Frutos: (Tratando de ser formal) Señoras, queridas damas
orientales, yo, presidente de la República y Brigadier General del ejército, tengo el deber de decirles (Transición) que no me queda ¡un puto patacón! ¡Qué me caiga muerto si les miento, viejas! Estamos en el suelo. Madrecita, creéme hay que aguantar.
Marías: Frutos, no podés tratarnos así. No podés desentenderte. Es tu guerra. Tenés que dar la cara.
Vieja 2: Confiamos en vos nosotras.
vieja 3: A mí me llevaste dos hijos.
Vieja 1: A Pedro lo mataron en el Catalán.
Vieja 3: Y de Germán y de Minguito y de Juan José, el mayor, no te acordás de Juan José de los Medina de para acá de Chamizo? Eran tres.
Frutos: Vamos a parar con eso o nos ponemos todos a llorar y viene el enemigo y nos pega otra corrida. Dije que hay que esperar un poco.
Marías ¿Esperar qué?
Frutos:Frutos: Esperar, aguantar, María. Cuando se está en la mala hay que saber esperar. Las cosas cambian, no. Ustedes vienen a pedirme de comer y algo con que taparse. Mirá que lindo si yo tuviera! Pero no queda nada aquí, como no sea el hambre misma y el mismo frío que sufren todos. En cambio, lo que yo más necesito, ustedes lo tienen y pueden dármelo.
Marías ¿Qué podemos dar nosotras o nuestros chiquilines?
¡Lástima!
Frutos: Me pueden dar tiempo y un poco de alivio. No. No mucho tiempo. Un respiro hasta mañana, les estoy pidiendo. Algo tiene que surgir entre ahora y la mañanita. Es que está oscureciendo y al caer la noche todo se ve más triste. Ayudarme a creer en algo.
Vieja 2: ¿Qué podés prometemos?
Frutos: Miren: está brillando el lucero. Se hizo noche. Ya no pueden cruzar a la otra orilla. Es demasiado tarde par vadear el paso. Quédense por hoy.
Vieja: ¿Qué estás ofreciendo?
Frutos: No ofrezco nada, todavía: les pido que se queden aquí en el campamento hasta mañana y que traten de sostener a mi gente. Ellos sufren tanto como ustedes. Ayúdenme a espantar la tristeza cantando un poco. Y hasta bailando, si hay que bailar. Ayudáme, vieja. Decíme que sí, que se están quedando. ¡José! (Entra José) Traéme al porteño, al que canta.
José: Munilla.
Frutos: Sí. Traéme pronto a Munilla y a Cavia y a aquel de Rincón del Pino. Quiero música. Vamos a ofrecerle una fiesta a las señoras. Rápido (Sale José) Damas orientales, el ejército de la patria está día y noche al servicio de los ciudadanos y ciudadanas. Esto es un honor para mí. Tomen asiento, como puedan, es un honor, sobre el pasto señoras o póngase cómodas por ahí, arriba de una piedra, donde sea. Dentro de un instante va a empezar, la soirée que el presidente de la República tiene el honor de ofrecerles. (Se tapa la cara con las manos como sí llorara)
(Se canta y se baila el Candombe de Frutos)
Ponga el crespón
en el barril de caña buena donde se hundió
Mi general.
Y haga un farol
para pasar de pena en pena
con el licor
de ese tonel.
Que si murió
Mi General Frutos Rivera quiero brindar
quiero brindar
quiero brindar, en hora buena
A su salud, mi General.
(A través del candombe va quedando despoblado el escenario. Frutos
solo en el medio, de pie, contempla a su alrededor)
Frutos: Señoras! ¡Damas orientales! Por favor damas.., paisanos... es una barbaridad esto! Hombres del partido.. correligionarios (hablando para sí) Me están dejando solo. Me están dejando, paisanos. ¡Compañeros! No me oyen siquiera. ¿qué pasa? (Como en un sueño) Bernardina... Bernardina (Entra José y Frutos no lo reconoce) ¿Quién sos, vos? ¿A qué viniste? ¡Qué están queriendo todos!
José: Sáquese esos trapos (le saca el disfraz)
Frutos: ¿Por qué estoy solo? Me dejan abandonado. ¿Qué pasa aquí?
José: Se acabó la fiesta y no pasa nada bueno. Usted lo sabe. Se acabó la fiesta.
Frutos: No. Yo no. ¿Qué querés decirme? ¿Por qué?
José: ¿Cómo se siente?
Frutos: (Llamando) José... José...
José: No grite y esté tranquilo. Descanse.
Frutos: Necesito tomar un trago. Decile a José que haga traer el barril grande. Me quema aquí. Decile, te dije. ¿Por qué estoy solo? Quiero un trago. Decíle.
José: Ya viene. No se agite.
Frutos: ¿Y vos qué querés? ¿Qué estás queriendo?
José: Vengo a cobrarle.
Frutos: Cobrarme a mí. Ni que fueras el diablo podrías sacarme un real. ¿O sos el que cobra el tributo?
José: El recaudador, señor.
Frutos: Yo te pagué. Sabes bien que sí. Ya te pagué, yo, andate.
Dejáme en paz.
José: Sabe que no me vio nunca.
Frutos: No tengo nada. Andáte. No tengo nada de nada.
José: Si, que tiene.
Frutos: Antes... Tuve todo, antes, o podía tener... todo. Pero ahora estoy acabado y solo. Lo estás viendo. |