"La madreselva"

 

Amargueaba largo todas las mañanas, al aclarar, bajo un "paraíso" copudo y trinador, el viejo Calixto Sosa, gastado de andar por todos los caminos, hundiéndose en huellas y haciendo volar suspiros que se alzaban en silbidos viboreadores y finitos.

Allí, a la sombra de dos pinos vigilantes, estaba su carreta de siempre, compañera de andanzas, de distancias, de esperas y de lucha. Parecía esperar todavía, bueyes y yugos y cantos y picana. Amargueaba con ella, en el recuerdo de lo que fue, cruzando zanjas y barreales, con lucha empantanada hasta los "matagueyes"; con fríos y garúas; esas ajugas lo acribillaban al carrero y rebotaban en el techo combado de la carreta. Se partían los soles como chairas de fuego sobre el matungo, sobre los bueyes, sobre el andar; pero la carga estaba siempre "a salvo", bien reparada de las picardías del tiempo.

Allí, casi frente a ella, como para no perderla de vista, mateaba Calixto Sosa. Y en el recuerdo de todos los días, -un poquito nomás, como para no gastarlo del todo-, viajaba el carrero. "La "Madreselva"... qué carreta, señor!!!; era una flor que se abría en cualquier pago... servicial siempre!!!; tanto rumbíaba pa Valizas como pa Siete Cerros; pa Garzón o pa la Pantanosa...; nunca le hizo asco a los caminos; andaba sin quejarse, sin chillar cansancio. Era mi casa, mi rancho, mi vida. Y ahí está la pobre, todavía capaz, dispuesta a marchar si le pegara un grito. La "Madreselva"!!!, nos entendemos sin una palabra, y cuántas veces, para hacerle compaña sesteo a su sombra. No los he sacado y ni los pienso sacar ni al cencerro ni al "muchacho"; allí están; a lo mejor extrañen y piensen en los caminos..."

Cuando ya la sombra del "paraíso" iba corriendo su mano, Calixto Sosa, despaciosamente, se levantaba; le tapaba la boca al braserito para que no siguiera gritando en chispas; tiraba la yerba al mate y comenzaba a dar sus vueltas caseras, cortas, menudas, de rutina. Las gallinas conocían el movimiento y lo seguían en cacareos de fiesta y el gallo crestudo dueño del "harén", levantaba el canto contra el telón de la mañana. La "Madreselva" aguardaba, brillante el techo y con su letrero como carta de identificación.

Ni las lluvias, ni los soles, ni los años, borraron su nombre. La intemperie no pudo con ella. Y allí estaba resguardada entre dos pinos que le zumbaban desde arriba.

Había caído en tristeza Calixto Sosa. Un suspiradero lo hundía en un tremendo zanjón de silencio. Pasaba cerca de la "Madreselva" y la acariciaba con la mirada, y a veces hasta le sonreía. Llegaba hasta ella; le golpeaba con los nudillos a los ejes; le daba un tinguiñazo al cencerro que se sacudía sonoro, riendo como negrito mimoso. En esa actitud el viejo carrero parecía estar dispuesto a partir de nuevo, pero "era jugando" para ver lo que decía Calixto Sosa, el hombre, el curtido de tiempo, el amansador de distancias, el de antes. Fuertes estaban los ejes; las llantas, gastadas pero relumbrantes; el nombre, presente... "si señora, ya sé que está como antes, pero calcule, yo no soy el mismo".

Y una sillita con asiento de cuero de vaca, lo esperaba para aplacarle el sofocón de tiempo.

Una mañana, en la que el "paraíso" desbordaba su copa de trinos; en la que el gallo "jefe" había parado rodeo de cacareos; cuando ya Calixto Sosa se disponía a tirarle la yerba al mate, un mozo medio trompetón", desde un alazán barullento de coscojas, partió en dos el silencio...

-¿Cuánto pide por la carreta, viejo?

-Primero, buen día; después... ningún precio!!!

-¿Ni aproximado?

-Ni cerca ni tiene precio.

-No sé pa que diablos la quiere!!!

-Pa irme en ella...

-¿Adónde?

-¿Usté se cree que solamente se va por el camino de tierra?

-¿Y de no?

-Hay otras maneras de andar por lugares que no se ven y que nos saben llevar lejos; ustedes, no ofendiendo, son de caminos cortos y llanos...

-¿Usted no está chupao, viejo?

-¿Mamao yo?, desgraciadamente ni cuando fui borrego, mamé...

-¿Guacho, entonces?

-Claro!!!, abollao a golpes desde muy cachorro...

-¿Y de recuerdos?

-¿Recuerdos? Ave María!!!; lleno esa carreta y quedan montones por cargar...

-Con razón!!!

-Con razón o sin razón, es mi pensar y me basta... 

-¿No me la vende, entonces?; pida el precio que quiera...

-¿El alma tiene precio?; al menos la mía, no; ¿entonces?

-¿Por qué le puso "Madreselva"?

-Hace cosa de muchos años.., había "un porqué" y me la escribió, por media carga de cueros un almacenero que por ese entonces tenía comercio allá, en los "Siete Cerros" y ahí está ella y su nombre, tan patente como antes...

Por la memoria del viejo carrero se atravesó una nube lejana con ternura de madre y con mucho de selva. Se detuvo en la narración. Estancado. Profundizando raíces. Se repuso y siguió picaneado por el recuerdo... "Es mi' compañera, mi alma, mi camino, mi vida ¿entiende?; por eso, solito por eso, no pienso apartarme de ella, jamás... si señor, jamás!!!". 

Ángel María LUNA
Suplemento Dominical "El Día" s/f

15 de abril de 1979

 

Editado por el editor de Letras Uruguay

Email: echinope@gmail.com

Twitter: https://twitter.com/echinope

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-echinope-arce-1a628a35/ 

Círculos Google: https://plus.google.com/u/0/+CarlosEchinopeLetrasUruguay

 

Métodos para apoyar la labor cultural de Letras-Uruguay

 

Ir a índice de narrativa

Ir a índice de Angel María Luna

Ir a página inicio

Ir a índice de autores