Aquellas tortas..

cuento de Ángel María Luna

Ilustró Eduardo Vernazza (Uruguay)

El petiso barullento, panzón y sofocado, frenó su carrera menuda mismo en la tranquera del rancho de Eufemio Da Costa. Levantó la cabeza la dueña de casa y se encontró con un grito alegre, contento, galopeador...

—¡Doña! aquí le manda mama esas tortas... que no sabe cómo le habrán quedado...

Y la maleta se levantó en brazos del gurí, como en un remate.

—iMire que andarse incomodando de esa manera!

—¡Valiente!, no es nada.

Con el mentón metido en el pozo del índice y del pulgar la mujer escuchó aquello, con extrañeza y silencio. Eufemia era una paisana tosca, ruda, casi ya ahondada en algunas arrugas que le caminaban por el rostro; pálida más por dentro que por fuera, observadora, de mirada larga, cargaba de un hombro. (Allí se le detuvo el tiempo). Seguía en silencio. Entonces, con la "atención'’ todavía tibia, contra el pecho, se abrieron las preguntas...

—¿Tá bien tu madre?

—Que yo sepa, si...

—¿Está sola?

—Quedó con don Pejerto...

—¿PejertoCruz?

—El mismo.

—¿Suele ir?

—Casi toditos los días...

—Digo yo que será para ayudarla en alguna tarea...

_¡No! a matear... ¡en ocasiones prosean horas

y horasL,.

—¿Y vos?

—Hago los mandados, pastoreo las lecheras, corto forraje...; es muy bueno conmigo, don Pejerto...

— ¡Menos mal!

_De cuando en cuando hasta me da plata para

que vaya al pueblo y me compre algo...

—¡Mirá vos!

—Amasa muy bien, don Pejerto...

—¿A sí, che? ¡no me digas!

—Si, señora... esas tortas, nomás, son hechas por él...

Eufemia Da Costa cambió de postura y escupió lejos. El gurí esperaba tranquilo, jugando con el aro de la portera. Muchachito estevado, retacón; en el paréntesis de sus piernas se encerraba un andar de tiempo acostumbrado. Seguía dándole vueltas al aro mientras el silencio giraba también, callado, de asombro, de recuerdos...

—Deja esa argolla, m'hijito...;bueno, ¿te vas o te quedás?

—No tengo prisa.,.;me dijeron que la acompañara un rato...

—¿Quién te dijo?

—Los dos...

—¿Los dos?    „

—Sí, los dos ¿y qué tiene?... está lindo su jar-dincito, ¿verdad?

—Alguna flor tengo...; pero, entonces, ¿nunca tienes apuro?

—¡Y... yo qué sé! ¿usted qué dice?

—Qué si siguen enseñándote asi, vas a ser un pachorriento..,.

—Don Pejerto dice que él nunca tiene apuro...; que las cosas hay que hacerlas despacio y bien

—¡Mirá nomás! Y él se conserva bien, ¿no?

—Así parece...; es muy bueno. A veces, de noche jugamos a la "escoba"

—¿Cómo de noche?

—¡Bah! cuando lo agarra la noche o está lloviendo..., pobre, ¿verdad?

—¡Está bien!, ¡está lindo! ¡muy atento! ¿y ella, la pobre, tan generosa?

—¡Ah, si!

—Menos mal que se acuerden de una, ¿no hallás?-

—Debe de ser lindo, claro, pero... ¡quién sabe!

—Es razón.

—Ahora mismo, figúrese, cuando yo estaba ensillando, don Pejerto se me allegó a alcanzarme las tortas y me recomendó que le dijese que las había amasado él y que ella las friyó...

—Siempre salen mejor las cosas hechas entre dos. (Ella las habrá frito en grasa de mofa, ríyéndose de una)

—¿Decía, doña?

—Nada... esas cosas..., que parece que va a llover...

—Capaz, nomás...

—Lindo para tortas y "escoba". (Linda noche voy a pasar yo)

—Otra vez hablando sola, como pa dentro.... ¿precisa algo? sí no me voy...; a lo mejor tengo que hacer otro mandado...

—Dile a tu madre que por lo "crecidas" se ve que son hechas a medías, por dos, a cuatro manos; con manos de buena levadura.

—Y a él. ¿qué le digo?

—Andate, bobo, que te puede agarrar el agua...

Y rumbo a la querencia, el petíso panzón, con un gurí asombrado arriba, galopaba en un entrevero de patas. Eufemia Da Costa entró al rancho. Miró las tortas; descubrió allí el tacto de Pejerto Cruz. Se detuvo frente a la soledad como si rezara. Las miró nuevamente y como si sintiera el amargor de un veneno, las escupió; volvió a escupirlas y por último, tragó saliva...

Y como contando las palabras, varias veces le gritó a la soledad: "ES LA VIDA!", "¡ES LA VIDA!"

 

Ángel María LUNA (Especial para EL DIA)
Suplemento Dominical "El Día" Año LII N° 2610 Montevideo, 6 de noviembre de 1983

Ilustró Eduardo Vernazza (Uruguay)

 

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

Link del texto: https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/54820  pdf

 

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Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

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