Arca poética de Emilio Carlos Tacconi

Crónica de Iris de López Crespo

(Especial para EL DIA)

Suplemento dominical del Diario El Día

Año XLI Nº 2114 (Montevideo, 27 de  Enero de 1974) pdf

Emilio Carlos Tacconi

¡Ay, la molienda del sueño!

Goce y tortura a la vez.
¿Qué viento empuja las aspas

del molino de mi sien?

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¡Cuánto grano en la tahona!

¡Y no poderlo moler!
¡Ay, la molienda del sueño

cómo lastima la sien!

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¡Ay, la molienda del sueño!

¡Cómo duele su moler!
Y qué s¡n vida la vida

sin un molino en la sien!

Estos versos dan fisonomía a su autor. Lírico, asordinado, intensamente tierno, realizador de poesía por imperativo vocacional. Obediente al irrenunciable ejercicio de escribir, mitad deslumbramiento, y mitad dolor. La sien transida y la avidez de concretar el milagro, que se agolpa desordenado e impetuoso a veces, o se esconde en lapsos huidizos como si jugara un inefable zigzag taumatúrgico. “¡Moliendo del sueño, goce y tortura a la vez!" Cuánto para expandir, para verter desde el manantial intimo, hacia las instancias colectivas del vivir debatido y cambiante.

"Cuánto grano en la tahona! y no poderlo moler!". Exhortación a los que pueden integrarse a la pasión lírica con color de trigal para un pan de paz, y de amor y de justicia. ¡Qué hueca la vida sin esa perspectiva de solidaria entrega! ¡Que menguados los limites sí sólo fueran perímetros individuales!

“Qué sin vida la vida sin un molino..." que canta desde el amanecer en las polcas; en la linfa celeste, y en el bronce húmedo del hombre que tritura su cereal para el y la colectividad.

Poeta éste, con el símbolo ardiente en la sien, y la bondad creadora de la palabra honda, humana, es tética, limpia! Porque así es EMILIO CARLOS TACCONI! Con una misma y única vertical! Vertí al para su vida. Para su ortodoxia de hombre. Para su frase literaria. Para su intención constante de nobleza. Para la invariable tesitura de sus sentimientos.

Vertical desde su amanecer en el casi campesino y prócer Peñarol. Vertical en el 9º piso de una jaula de luz con la reiterada incitación de verdes  lejanos ... de mar con transatlánticos tras cristales que detienen la frente urgiendo hacia la realidad rutinaria de números y expedientes, donde algún latido suele acurrucarse y que sólo detectan los sensibles...

Vertical desde el primero al último de sus libros; del primero al último de sus poemas, vertebrados, de humanidad, de calibración para la dinámica del trabajo; de emoción para los vínculos sentimentales del hombre; de ecuanimidad para el usufructo de lo merecido.

En la década 1920 - 1930 empiezan a exteriorizarse sus obras.

"EL PECADO AJENO", pieza teatral estrenada en Montevideo y en Argentina por la Compañía que dirige el escritor Edmundo Bianchi. La obra se argumenta dentro de la realidad rioplatense, la auténtica y representativa del barrio. Se vive la influencia del teatro de Florencio Sánchez, y es la época del mensaje directo, emocional, romántico, y del dialogado prolijo. La crítica, si bien subraya vacilaciones del autor novel, señala que la pieza está creada con sinceridad, con sentimiento, ''con un alto e inspirado pensamiento de moralización social" y es acogida con entusiasmo por el público, que es a la postre, el juez valedero y definitorio.

Pero Tacconi no continua con el teatro, y se interna en el poema publicando "ROCIÓ" y luego "PAN Y ESTRELLAS" (Premio del Ministerio de Instrucción Pública).

Se ahonda su subjetivismo; el discurrir sobre su anécdota. Es el vértice del amor, de la alucinación, de la mujer metáfora, de la obstinación para biselar la forma feérica de la criatura ideal detenida en su inspiración y en su plenitud.

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“Si tú la conocieras...
temblarías de unción al acercarte a Ella
y ante las melodías
de su voz, sentirías
como si en su garganta se quebrara una estrella"


En “El poema de tu voz";

“La mano azul de Stradivarius

pulió de tal manera tu garganta

que tu voz es de agua y de luz y de entresueño..."

Pero una síntesis alerta que no sólo es encantamiento estético:

Tu voz
parece una conciencia de pie”.

El “Poema de tus cartas", transmite la desazón del que aguarda alternando angustias y esperanzas. ¿Quién no ha esperado alguna vez, pese al teléfono, o a la comunicación ya sin prejuicios, el breve manuscrito, clave de una contingencia sentimental?

¡Aleluya, aleluya! ¡Viene una carta tuya!

       ¡Aleluya!
gritaría cien veces con júbilo de hermano

si el cartero supiera lo que trae en su mano.

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Si el cartero supiera lo que trae en su mano

sentiría en los dedos extraña quemazón

como si en carne viva tocara un corazón...”

Al poeta deslumbrado llega naturalmente el equilibrio. Ya mira la Vida con la frente inclinada; la meditación consecuente; la reflexión que aporta oportunas sentencias filosóficas, y escribe “MANOS ASPERAS", soneto antológico que transciende fronteras e idiomas, y que, sin proponérselo, se convierte en exégesis de su propia personalidad.

“Tengo las manos ásperas pero hay pan en la mesa.
Tengo las manos ásperas pero hay luz en la casa.

Tengo las manos ásperas; me honra su aspereza

porque así fueron todas las gentes de mi raza.
No me avergonzó nunca mí heredada pobreza

ni me achicó tampoco la humildad de mí traza:

tengo las manos ásperas pero hay vino en la mesa,

tengo los manos ásperas pero hay paz en la casa,
Mientras en ricos guantes tú las tuyas enfundas,

yo, por llenarme todo de asperezas fecundas,

quisiera veinte manos en lugar de estas dos...
pues si pulir un rumbo me dejó tales huellas,

después de haber pulido la luz de las estrellas

que ásperas las manos le habrán quedado a Dios!"
 

Cuarenta y cinco años de vigencia afirman lo intemporal del logro artístico, La depurada forma clásica que lo añeja, y el mensaje, que de tan actual, gravita en el futuro. Así lo entendió la Dirección de la Escuela Industrial de la ciudad de Florida al transcribirlo en uno de sus murales.

 

Transcurre prolongado lapso y aparece un libro en prosa: "LA SEÑORITA MARIA".


Tierno, evocativo, pleno de gratitud, de nostalgia y cariño. El ámbito maravilloso: Hogar y Escuela: padres, maestros, condiscípulos... El ayer con alas de pájaro... que sólo se valora a través de la melancolía de las ausencias absolutas, del aire de ceniza que se resquebraja fugazmente con los esporádicos apareceres de un brillante arco iris entre gotas de llanto. D' Amicis hubiera reconocido su línea; pero el paisaje es otro. Los poliedros blancos de los Apeninos, se cambian para el uruguayo, en ese pueblo suyo que:

 

"Nació con blusa azul. Y anduvo sus primeros pasos en alpargatas.
Nació de un all right, entre toses de pipa y sueños de whisky.
Nació con los talleres del ferrocarril en torno a la estación y al Centro Artesano y a las casas de los ingleses. Nació con el martillo en la mano. Nació obrero. Nació demócrata.

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Las muchedumbres te conocen a medias. De ti "sólo ven la fama deportiva de los colores amarillo y negro. Y sus pulmones y sus gargantas y sus bocas se llenan con tu nombre: ¡Peñarol!¡Peñarol! Como si no tuvieras más gloria que la de haber sido cuna del fútbol criollo!

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Aquí, en Peñarol, se reunió el Congreso de 1813. Aquí, en este pedacito de tierra, echó raíz la democracia de América india. Aquí, en este pueblo, se tejió el gorro frigio de las hermanas del Sur.
Aquí flameó la tricolor de la roja diagonal, apadrinando las Instrucciones ...

 

Un nuevo titulo se suma a la producción de Tacconi: "BORDON" (Premio del Ministerio de Educación y Cultura) dedicado al "Pájaro de Monteimar” (Celia Lena de Tacconi). Poemario fino, estético, congruente, que ratifica las inveteradas coordenadas del poeta: sensibilidad, señorío, conducta.


Incorpora el romance del que fluye la imagen colorida, dulce, melódica.

 

Limón. Limón. Limonero


Pintura de tus limones

de las estrellas goteada,

perfume a novia en el aire;

bordón de abeja en tus ramas;

abajo grillos con luna,

arriba sueños de hados

y en torno a tu viejo tronco

antañonas remembranzas...


En acuarelas minuanas, el reloj rueda entre amaneceres, crepúsculos y noches serranas;


de tiza, cal y silencios.
A cada pie dan un rumbo

y a cada pupila un sueño.
 

Planos de agua de aleccionadora humildad ascética: "Cañada humilde de Minas":


Reina y señora del valle

todos los cerros te aclaman

y a besar tus culantrillos el

el viento arisco se agacha.

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Cantando y puliendo piedras

pules tu voz y tu agua...


Valles reparadores, contacto con la naturaleza donde la crispada rutina se distiende, hasta poder erguir el inhumano ángel que la ciudad febril y tóxica ahonda con voracidad de antípoda. . . Valle

 

hundido al pie de los cerros

tú nos despiertas el ángel

que todos llevamos dentro..
No te apene estar tan bajo,

hundido al pie de los cerros,

que lo hondo es también altura

si se mira desde el cielo...


Y el viento, . . el cerrero vierto escarceador, el engreído porque... "cuentan viejas leyendas que le hace punta a los cerros". El viento con rostro casi humano que hace arrodillar a los árboles y tumbar a los juncos...


“Por más que subas y subas

siempre estarás en la tierra.
Por más que soples y soples

no apagarás una estrella".


Si, rostro humano el de este viento, potente porque lo infla su ubicación, los oscuros ímpetus de los desfiladeros... Viento traidor


“el mismo viento alborero

—guante de piel de pichón—

se enloqueció de repente

con locuras de ciclón...”

 

como se enloquecen de arbitrariedad los miniválidos.


“BORDON" de guitarra de tono intimo, majestuoso, profundo, plácido”. Guitarra solariega con la prestancia del fraseo español, y la diagonal de ceibo de la vihuela gaucha.


"BORDON" para el canto con música de Dente, Airaldi, Marcora. Canto con solemnidad de himno. "Himno al Prado de Montevideo", "Himno al Parque de UTE". "Himno al Trabajo":


Gánate el pan cantando. Pon cantando el ladrillo.

Que tu canción lo suba desde el cimiento al techo.

Canta cuando manejes la pinza o el martillo.
En cuesta abajo canta. Y canta en el repecho.

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de pie, valientemente, trabaja ¡Pero canta!

Resbalará más suave el pan por tu garganta

si el canto le ha dejado un camino de miel.


Quizás suene esto obsoleto y sensiblero en el apogeo del grito, del atentado, de la crueldad. Pero la sugerencia debe regir para ambos frontales. El canto enfría empecinamientos, restituye niveles, estimula fraternidades, y no auspicia vasallajes.
Antes bien, superó al ariete y a la bala por esa energía de trasmundo, de imponderabilidad que le asiste.

 

En otros sonetos, un acento de égloga tematiza la composición cincelada y armoniosa. Hay cierto acercamiento con Herrera y Reissig, además del común denominador de un modernismo cuyo mayorazgo ejercitó y proyectó Herrera. Pero Tacconi desborda de autenticidad telúrica, y es espontánea e intrínseca su área vivencia! y poética.


Vengo del campo abierto; de acunar recitales

y hundir los pies en aguas de arroyo montaraz.

Traigo en los ojos verdes cascadas de sauzales

y en el oído un grillo y un palomo torcaz.

............................................................
Vengo del manso rumbo del vellón y el balido:

de andar tras lagartijas y un nidal escondido;

de regustar hinojo, menta y burucuyá.


Traigo la piel curtida; con chúcara fragancia.

Vengo desde una alegre resurrección de infancia
a la rutina triste de la adulta ciudad.



"El Viento de los Pinos"


El Viento de los Pinos, con vaivenes de ola,

hace bailar la luna en medio del pinar.
El viento de los pinos es una caracola

de canción marinera; marinera y lunar.


El pinar es un mar. Cada pino enarbola

un mástil verde-alga y una estrella de mar.
Con música de ola, rodante caracola,

el viento gaviotero le luna hace bailar.


Y este “viento gaviotero’’ nos va insinuando otra grata peculiaridad de Tacconi: la sutil dosificación de humor o de travesura que hace donosa y leve la pulsación humana de la circunstancia:


“Viva el vino que canta cantares de cantina

y emburbuja los brindis en boda y en bautizo.

Viva el vino que alhaja de estrellas la retina

y hace bailar el techo, la lámpara y el piso.


Viva el añejo tinto que enciende y alucina

y al sueño más lejano lo torna alcanzadizo.
Viva el rubio espumante que la sien enjardina

y en aires de guitarra conduce al Paraíso".
 

"La sonrisa de Lala”


La sonrisa que Lala me regala

es una bendición más que sonrisa:

no cambio la sonrisa de mi Lala

por la sonrisa de la Mona Lisa.


Perdón. Leonardo: aunque nadie iguala

de Mona Lisa la gentil sonrisa,

yo no te cambio, no, la de mi Lala

por la sonrisa de la Mona Lisa.


Tu sabes, por pintor y por abuelo,

que una nietita es un candor del cielo,

y a mi Lala le falta sólo el ala


del ángel que a les cielos simboliza

Por eso, entre mi Lala y Mona Lisa

yo me quedo, Leonardo, con mi Lala


Una reconvención cabe, sin embargo, a este talentoso poeta nuestro: es el espaciamiento, la avaricia con que entrega su producción literaria.

 

Cierto que la dimensión de un escritor no se mide por su copiosidad. Pero cuando éste posee todas las virtudes y calidades habilitantes para una excepcional labor, es cuando menos, disciplina artística, social y patriótica el ejercerlas.


Encontramos su firma en el Suplemento Dominical de EL DIA a instancias de su extraordinaria Directora, a la que él, juguetonamente nominara:


“iDora Isella! ¡Dora Isella!
Cuidadora de palomas.
Palomera!... Palomera!
De tanto andar entre plumas

hasta tu voz es de felpa”.


Además, no ha de ser exclusivo el canon ultra en la literatura actual, al que el profesor y poeta dominicano Apolinar Núñez califica de “Aspecto ambiguo e irónico” agregando: “El escritor inteligente tiende a ironizar toda la realidad en que vive inmerso. El lector tiene que convertirse en cómplice para descubrir el trasfondo de esas ambigüedades”.


El arte es el gran crisol donde convergen y se expresan todas las corrientes creativas. Albeldadas, convulsas, inversas, las de ahora, propias del mundo cinético, técnico, comprometido, que vivimos. Pero... ¿propiciará el nuevo concepto de estética, el necesario, remansado paréntesis que sublima espíritu y sentimientos?


El niño, rebasado de tanta agresividad, ¿no mirará, entre expectante y azorado, como antídoto, a ese poeta ejemplarizado por Emilio Carlos Tacconi, que a sabiendas de las responsabilidades del oficio, convoca a él desde la alegoría del poema, ratificando su entrañable e incoercible devoción.


“Oficio de tahonero

difícil oficio es
cuando es de sueños el grano,

el grano que ha de moler.


¡Ay, la molienda del sueño!
¡Cómo duele su moler!
¡Y qué sin vida la vida

sin un molino en la sien!”

 

Crónica de Iris de López Crespo

(Especial para EL DIA)

 

Suplemento dominical del Diario El Día

Año XLI Nº 2114 (Montevideo, 27 de  Enero de 1974) pdf

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

 

Ver, además:

 

                       Emilio Carlos Tacconi Letras Uruguay                  

 

                                                             Iris de López Crespo en Letras Uruguay

                    

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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