Despertando a la vida
Elizabeth Lencina 

¡Toc! ¡Toc! ¿Y esos ruidos...? ¿Son golpes en una puerta? ¿Son los vecinos nuevos arreglando el departamento de arriba? ¿La imaginación? ¿O el despertar medio atormentado de alguien que tuvo un sueño?

Silencio otra vez... Estos silencios ya no son nuevos para nosotros, y mucho menos para nuestra amiga Aurora, que de vez en cuando queda así: entreverada, enredada en su propio mundo interno.

No importa... De vez en cuando soñar es lindo, es algo así como proyectar en otro mundo aquello que nos gustaría que nos sucediera. Y a veces, cuando no nos animamos ni siquiera a expresar verbalmente aquello que tanto anhelamos (o que tanto tememos), logramos plasmarlo en nuestro mundo onírico.

-¡Buen día Aurora! ¿Qué hay de nuevo?-

Y Aurora ni siquiera contesta.... No es para menos. Todavía está reponiéndose de “la caída” que la llevó por un rato al Universo del Equilibrio... (en sueños, claro)

¿Lindo, no? Pasto verde, flores, mariposas, cielo despejado... Y Aurora llegando (más bien cayendo) a su Nuevo Mundo...

Comienza un nuevo día... Hay que despertarse bien, tomar un buen contacto con la realidad, hay que ¿bañarse...? Otra vez silencio... todo depende del ánimo de Aurora.

Lo que sí es infaltable es un rato de juego con ella misma frente al espejo... Cara medio fea, cabello despeinado, incipiente sonrisa (que más que sonrisa parece una mueca, pero no porque se sienta mal, sino por el sueño que tiene).

Lo que sí le sucede es que está muy pensativa... ¿Existe o no existe el Mundo del Equilibrio?

Y en el caso de que existiera, ¿es así, tan, pero tan lindo como en los sueños?

Y en el caso de que existiera, “-¿está bueno que alguien me empuje para que yo llegue a ese mundo-?”

Aurora siempre duda de todo... También... su autor de cabecera es nada más ni nada menos que el Sr. Renato Descartes, y su obra preferida se llama “Discurso sobre el Método y la recta conducción de la Razón y la búsqueda de la Verdad en las Ciencias”

-“No es poca cosa lo que estás pensando Aurora”- Ella no se acuerda bien de dónde salió esa frase, el “no es poca cosa”. Es de alguien conocido, pero no hay caso... no puede recordar ni siquiera el nombre de su amigo. No importa, el asunto es que hay momentos en que esas palabritas resultan medio creíbles.

Y “no es poca cosa” leer a Descartes, aunque sólo sea de vez en cuando, ya que una de las cuestiones que pretendía este racionalista era eliminar todo aquello que admitiera la menor posibilidad de duda. Y Aurora es una buena discípula de Descartes...  La desconfianza y la duda son una de sus principales características.

Y sí... esta incipiente escritora cree que tiene razón. Después de todo, caer en un Mundo Nuevo empujada por otro (sea lo que fuera) ¿qué tiene de lindo?

Al principio quizás uno pueda sentirse atónito frente a semejante hecho, o feliz por haber dejado su Viejo Mundo e introducirse en otro que aparentemente, de taaan lindo que es parece completamente distinto...

¿Y qué hay de su mundo anterior? ¿Se fue? ¿No quedó ni un vestigio? ¿Dónde está su historia? ¿Y su pasado? ¿Y lo lindo y lo feo de antes? Da la impresión de que todo desapareció en esa supuesta “caída” al Mundo Nuevo.

Y Aurora en el sueño se sintió así... como desnuda digamos. Sin nada que la identificara con su mundo anterior, como si se hubiese despojado de todo. ¿Es lindo llegar así a un Mundo Nuevo?

Otra vez la duda cartesiana...

“-¿Porqué diablos se le habrá ocurrido a mi madre regalarme un libro de filosofía en alguno de mis tantos cumpleaños?-“

-“En vez de tortas, globos, gente alegre a mi alrededor en un día tan importante como el de MI NACIMIENTO, mi dulce mami me regala un libro en donde el protagonista, después de tener tres sueños consecutivos, se convenció de que su misión era la búsqueda de la verdad mediante el empleo de la razón. ¿No era muy chica yo para complicarme tanto la vida con semejante lectura?

Sin respuestas de nuevo...

En realidad, creo que se lo regalaron porque su mamá la veía como a una “chica muy fantasiosa”. Es cierto, pero además de fantasiosa Aurora se consideraba (por momentos) bastante lúcida (por no decir inteligente porque de vez en cuando se inhibía tanto que ni siquiera era capaz de darse un voto de confianza). Como sea, hubo muchos momentos en que ella sintió que sus pies pisaban firmes sobre la realidad.

Y así llegó a la conclusión de que el día en que ella eligiera vivir en el Universo del Equilibrio, habrá sido producto de una elección consciente, una elección que no se convertirá en una caída repentina o en el empuje de un otro (la palabra consciente ¿no ha sido pronunciada también por ese supuesto amigo de Aurora?).

No importa. El tema es que ella pretende llegar sola a su Mundo Nuevo. Es decir, con la ayuda de alguien sí, todo bien, pero eso no es lo mismo que con el empuje de un otro.

A ella le gusta llegar por su propia cuenta, cuando tenga ganas, cuando se sienta preparada... Y además su idea es llegar a ese lugar llevando, por lo menos, una mochilita en la espalda.

En esa mochila seguramente irán muñecas vestidas de novia, muñecas de plástico desnudas (una blanca y una negra), muchas revistas de historietas, el recuerdo de una vieja radio celeste que funcionaba a golpes, una especie de disertación que su mejor amiga le brindó sobre como dar el primer beso en la boca (algo así como una especie de manual explicado en el recreo de 10’ de un liceo cualquiera), también irá Juan Enrique (el primer novio que le duró dos semanas)... Sería muy extenso seguir enumerando todas las cosas que entrarían en esa mochila.

¿Y las otras cosas? ¿Las más feas? ¿Las que a veces ni se anima a decir? ¿Dónde quedan?

¿Allá o acá?

Yo creo que sea donde sea el lugar en donde Aurora elija vivir, se va a llevar su esencia, su mundo interno plagado de cosas feas y lindas. La idea, supuestamente, es que esa mochila no obstaculice demasiado su caminar...

Mientras tanto, Aurora VIVE, aunque piense, vacile, tartamudee o llore... la cuestión es que intenta sacar las cosas más pesadas de esa mochila. No tanto como para tirarlas todas a la mierda, sino solamente para aprender a transformar aquellas que fueron muy, pero muy feas, muy desagradables, en algo productivo.

Y en ese momento, Aurora recuerda a aquel personaje del capítulo I: “la niña de los juegos escénicos”. Y bueno, allá va Aurora... a jugar de nuevo. Con las muñecas vestidas de novia, con las muñecas de plástico (la negra era su preferida), tratando de que los recuerdos de aquel juego de la escondida que en algún momento fue abruptamente interrumpido y de aquellos sentires que también fueron cortados de raíz, duelan cada vez menos...

Aurora se reconoce. Se acaricia el rostro, las mejillas, se seca las lágrimas, se habla a sí misma frente al espejo, se consuela y la agitación en el pecho se le va calmando poco a poco.

“-Buenas tardes, Aurora. Bienvenida a laburar.-“

Otra vez surgen palabras que le suenan conocidas, como si alguien se las hubiera dicho antes.

Da igual... Total, Aurora labura más o menos desde los 17 años.

Lo bueno es que todavía no está cansada. Y eso no es poca cosa...

Elizabeth Lencina 

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