Simplezas

poema de Ana Larravide

 

No es mucho lo que me gustaría tener:
un libro para leer sentados
uno al lado del otro, 
dos vasitos para brindar,
y una lámpara para 
ver bien tu sonrisa
en medio de la noche.


Querida.
Es más lindo
pronunciar
querida
que decir
mi amor
mi vida
mi tesoro.
Todo eso 
en el fondo
es querer
apropiarse
o depender.
Pero querida
es aceptar,
es ser feliz,
es alegrar.
Decir querida
es dar 
la bienvenida.


¡Qué gracioso!
¿vos ibas para allá?
yo venía de allí.
Entonces
¿se nos ocurrió lo mismo?


Pensar que no me animaba 
a decírtelo porque creí
que entonces me dirías 
que 
no 
y entonces 
nunca podría
volver 
y sin embargo
era todo
mucho más simple. 

Qué sorpresa
encontrarte,
nunca hubiera soñado
que volverías
a andar por estos lados.
Pensé
(esas veces
en que pensé
en vos)
que todo ya había sido,
que todo había acabado,
que me quedaba
de ese tiempo
un recuerdo
precioso,
un halago
por haber vivido
como se debe 
vivir siempre,
un aliciente
para seguir
haciendo algo
con que agradecer
la vida
y el regalo 
de haber estado 
enamorado. 
Simplemente.


Si tuviera un jardín
me perdería
paseando entre los rododendros.
¿Qué son los rododendros?
Lugares especiales
que tienen los jardines
para perderse adentro.


Nada más 
que té de jazmín
un día de verano 
en un jardín sombreado, 
con lagos y con puentes,
tomado en un liviano
cuenco de porcelana
junto a ti.


No quiero hacer nada útil.
No quiero decir nada oportuno.
Sólo quiero ser parte del paisaje.


El abanico 
de Sol
que elegí en la Casa de Diego
es de un solo color.
No tiene majas desnudas
ni vestidas
ni toros
ni claveles,
rojo y airoso
me sigue regalando
el aire de Madrid.



Una vez oí decir
que en un país difícil de encontrar
vive un hada en su torre
y como la puerta se abre 
desde el lado de afuera
mientras que otro no quiera
no se puede escapar. 


un pequeño papel
un pequeño poema
en este café donde te espero 
queriendo ser feliz.


música
musical
garúa
cristal
atardecer
contraluz
perfil
querido


Era suya la voz 
que estremecía
todo 
con el simple
decir que te quería.
Era tuyo aquel sitio en el abrazo
donde estabas sitiada y protegida
donde era victoria y no fracaso
darse por vencida.
Fue de los dos el ritmo acompasado
al andar ciertas calles antiguas
donde siempre hay jazmines
y siempre
o casi siempre
garúa.


Cuando se dice chau sin pretender explicaciones
sin bronca
sin llorar 
sin decir perdonáme
ni te quiero
ni ¿te acordás?
cuando se dice chau sin un reproche 
es que se dijo para siempre chau.


Ah... bueno, volviste.
claro que te quiero
yo también.
¿y entonces?
Tenés la nariz helada...
Hice una sopita
¿querés?


el abrazo
el trabajo
el almuerzo
y el rezo
el descanso
el encanto
el invento
el asombro
el recuerdo
y el sueño
salvan 
de la locura


Aniversario

Es tan simple adorarte
alcanza con mirar
de tu nuca la dulce inclinación
o tu sonrisa leve 
o tu forma de andar.
Es tan alegre compartir contigo
el almuerzo, 
el trabajo, 
el colchón.
Me gusta tu voz entrecortada,
tus temas de conversación
y tu risa frecuente
que ilumina todo lo que hacés.
También me gusta olerte, 
al hacerlo reconozco que llego 
al lugar de la felicidad.
Venía pensando en todo esto
hoy que hace cinco años,
pero encontré la florería cerrada.
Espero que te guste, 
envuelta en celofán,
esta declaración de amor.


Aquí estuviste.
Al lado
de mi mesa
cuando yo trabajaba
y siempre
al levantar la cabeza
te encontraba.

Tus dibujos
están
desparramados
porque me gusta
mirarte en todas partes.

Riego el balcón
cada mañana:
me parece
que te debe gustar
cómo florece.

Y no cambio
las cosas
de lugar
porque así 
están bien.

Si lo único que hiciera
fuera esperarte,
me pondría a llorar.

Pero aprendí
cuando estaba contigo
que cada uno es testigo
de su edad
y que no hay excusa 
lo bastante fuerte
para huir de la vida
que nos toca en suerte.


Inevitablemente

Nunca dijiste bien
donde encontrarnos.
Sos tan atropellada que inventás esquinas 
donde hay sólo calles paralelas, 
proponés citas a la luz de las velas 
en ningún restorán 
(o en uno que allí estaba,
pero ahora 
hay una agencia de quiniela y un bar). 
También hubo esperas en andenes 
con la ilusión de inexistentes trenes. 
O viento de la rambla y mucho frío
junto a una escalera 
que no era...
Hubo más.
Pero, es raro: 
cerca o lejos, 
afuera o adentro
siempre, siempre, querida, 
te encuentro.


Al agua pato

Como quien juega un solitario
y pone en hilera las barajas
tendría que poner mis cartas boca arriba
y hacerles cortes y rebajas:
salvar sólo los versos que por simples, 
irónicos, sonrientes o sencillos
se puedan convertir un día
en una edición de bolsillo.

poema de Ana Larravide De "simplezas" - Ana Larravide.
 

Ver, además:

                   Ana Larravide en Letras Uruguay

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