Había un cielo Magritte

 


Tan difícil,
tan fácil,
como bailar un tango
fue caminar así
de ese modo trenzados
como si nada nunca
nos hiciera soltarnos
o como si cualquier cosa
pudiera separarnos.



Había un cielo Magritte
con una sola nube
flotando en la ventana del bar
para nosotros dos.
Había un aire suave
y una suave alegría
de encontrarnos tan bien
en aquel mediodía.

Y tan lindo era todo
y tan sencillo 
que no dijimos nada inolvidable 
ni vos 
ni yo
nada
nada 
como para hacer un poema
hoy.


"Te recordaré siempre cuando mire la luna 
al tomar vino a solas en la noche
escuchando a Marsalis",
se prometió. 

Y le dijo:
"Te recordaré noche a noche, amor mío".

Pero no tuvo en cuenta
que Marsalis noche a noche, puede ser aburrido,
que no hay luna todas, todas las noches
y que tampoco todas hay vino.


Como espada que corta
el caudal del río.
pasó el amor su filo agudo.
Fulguró el sol.
Duró el tajo un espléndido segundo.
Sigue el agua su curso.


Guarda este espejo
una cara con ojos imposibles
que no es mi cara sino la de tu ausencia
y una boca con labios apretados
para que no siga diciendo
con tanto empeño inútil que te ama.





Creí que ya no volvería
a llorar de esta manera 
pero lloré perder
mi lugar en tu hombro
como se llora la casa de la infancia,
el imposible viaje de regreso
y no encontrar la puerta 
hacia el jardín de rosas.



Desmemoriadas olas
ignorantes
de lo que traen y llevan
así sean
perlas
algas
estrellas
navegantes
o náufragos tal vez
de viajes rotos
o piratas
de infancia desmedida
empecinadas olas
fuertes
inmensas
tristes
pavorosas
mínimas
dulces
cariñosas
olas.



Sopla el viento del sur
la tarde es fría
el paredón es gris
y los graffittis
que decían te amo
están borrados.




Debe haber alguien
que mire sonriendo
y moviendo la cabeza
estos galimatías que fabricamos
con lo que es y lo que debe ser
y esos plazos y propuestas
tan graciosos
como juegos de niños.

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