Treinta y cuatro

Sonido astuto.

La frontera belga.

Cuajo de pus en la oreja de Francia.

Fatal sordera.

La Wehrmacht truena al este.

Su orinazo de zinc infla la tierra.

La Luftwaffe caga sus bombazas.

Los frentes enemigos,

recogen las bisagras de sus ventanas sueltas.

La artillería nazi

les larga sus eructos metalúrgicos.

 

Las Ardenas.

Hitler quiere cascar la piedra con su martillo en cruz.

Viento escarpado,

hundido en la piscina del abismo.

Aguado patinazo de hielo busca venas

en penachudo bosque.

Divisiones blindadas.

Motorizado Regimiento Grossdeustschland

y la S.S. Leibstandarte Adolf Hitler

con misión de avanzar

por Las Ardenas de Arlon y Tintigny.

Conquistar una testa de puente sobre el Mosa.

Boquiabierta Sedán.

El paso es una apuesta de von Manstein.

Desguarnecido espacio.

Luz verde para los alemanes.

 

El Plan “Fall Gelb” me lleva a Maginot

bajo el aliento paternal del general von Leeb.

 

El Rhin agrisa su tienda de ranas

cuando nos presentamos en su orilla

para cubrir la retaguardia.

Los casamatas de la Línea

chupan un dulce agrio.

 

 

 

 

 

Entre las piedras ciegas,

la fantasmagoría secular

rescata formas de hormigón.

Las semillas heladas de la roca

cuelgan reglas de nieve en los alambres.

En los “dientes de dragón” de la línea Sigfrido.

 

 

Se disolvió el teatro de fogueo.

El falo nazi se frotaba el tallo  

en el pubis francés.

Cristina Landó
de Recuerdo de Guerra 

Ir a página inicio

Ir a índice de poesía

Ir a índice de Landó, Cristina

Ir a mapa del sitio