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Érase que se era
un duende pequeñín
que iba a la escuela
del maestro Jazmín.
Su mochila cargaba
cuadernos de amapolas,
pinceletas de aljabas,
libretones de rosas.
Resolvía las cuentas.
Leía con cuidado.
Hacía buena letra.
Aprendía cantando.
Un día en el recreo
invitó a los amigos:
se fueron de paseo
por el campo de trigo.
Jugaron a la mancha
con los escarabajos
y se asustaron todos
con un espantapájaros.
Pintaron muchas flores.
Corrieron mariposas
y no se dieron cuenta
que volaban las horas...
Y el maestro Jazmín
que perdió la paciencia
al duende pequeñín
lo puso en penitencia.
Allí está sentado
a la sombra del tilo.
tranquilito, pensando
¡No debo hacer más líos!
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