"Tengo el deber de contar para que todos sepan lo que fue Auschwitz"
dice a "Semanario Hebreo" Jacques Stroumsa, "El Violinista de Auschwitz".

Jacques Stroumsa (92) tenía 30 años cuando llegó junto a otros miles de judíos de Salónica, Grecia, a Auschwitz, donde perdió a su esposa y sus padres. Hoy, 60 años después, en conversación con "Semanario Hebreo", sigue activo y con ganas de vivir. Nos cuenta sobre el horror de aquellos años, pero como tiene claro que hay que seguir adelante, también relata orgulloso sobre sus hijos y nietos. Su esposa Lora-oriunda de Atenas, que estuvo en Bergen -Belsen- cuenta feliz sobre el bisnieto que está por venir.

Stroumsa se radicó en Israel en 1967, tras llegar como voluntario en la Guerra de los Seis Días, proveniente de Francia, donde se instaló después de la guerra. A Salónica no podía volver. Era demasiado lo que se había perdido.  

Jacques Stroumsa, "El Violinista de Auschwitz".

En su escritorio, en el departamento de la calle Uruguay de Jerusalem, también hoy tiene un violín. Hace 60 años, su amor por la música le salvó la vida. Hoy, recuerda y exige no olvidar. Al mundo, le aclara que es demasiado tarde para actos oficiales, porque ya muchos sobrevivientes han muerto. Pero admite que "más vale tarde que nunca" para comprender el verdadero significado de Auschwitz, donde él conoció la muerte.

 

P: Sr.Stroumsa ¿es posible resumir en unos minutos la historia de su vida durante la guerra?

R: Me es, creo, muy difícil hacer un resumen de dos años en campos de concentraciones en Polonia primero y luego en Alemania y Austria. Pero creo sinceramente que es un deber y una obligación no descansar nunca para ayudar a que los jóvenes que afortunadamente no estuvieron allí y no conocieron los campos de concentración, sepan lo que eran. No van a saber con una conferencia que yo puedo dar. Pero poco a poco, oyendo y leyendo los libros, de los miles y miles que han sido escritos con testimonios de los hombres, no se olvidarán nunca.

 

P: Aunque por las conferencias y las lecturas no se puede captar realmente lo que fue...

R: No se puede captar ni con una conferencia ni con cien conferencias. Yo tengo la costumbre de dar conferencias en todos los países de Europa, sobre todo a mis amigos cristianos que me llaman e invitan. Hace ya más de diez años que he estado yendo a Alemania a la que antes me negaba a ir, a dar conferencias a los jóvenes. Y di tantas conferencias que no sólo el gobierno alemán sino también el Presidente de Alemania me dio una cruz recordatoria, diciéndome que lo merezco porque hablé con los alemanes sin odio. Yo les decía a los jóvenes: "Ustedes no son responsables de lo que hicieron sus antepasados, pero con una condición. Ustedes no deben olvidar lo que pasó, deben conocer la historia". Y deben saber que los SS eran alemanes y que los SS mataron al pueblo judío. También mataron a mis padres, a mi esposa, que estaba embarazada de ocho meses.

 

P: Usted no habla de culpas generalizadas...

R: En absoluto. Pero la generalización puede venir, les digo a esos jóvenes, si ustedes no entienden. Y si un día va a haber nuevamente campos de concentración, que sepan que no serán para los judíos, sino para ellos mismos. Ya no hay más judíos en Europa. Y los pocos que hay se van a defender. Si no, el Estado de Israel los va a defender. Estoy seguro de ello.

 

P: Leí una vez lo que escribió una persona en relación a la indiferencia e inacción de cada uno ante la barbarie, cuando cree que no está dirigida contra él. "Al principio, se llevaron a los judíos y no hice nada, porque yo no era judío. Luego se llevaron a los comunistas y yo tampoco hice nada, porque no era comunista. Pero cuando me llevaron a mi, no quedaba nadie para ayudarme".

R: Era un Pastor alemán el que lo escribió. Dijo "finalmente, cuando me llevaron a mi, no había nadie para defenderme".

 

P: ¿Cómo se puede resumir su historia personal, qué es lo que usted pasó en los campos de exterminio y concentración?

R: Yo nací el 4 de enero de 1913 en Salónica, Grecia. Fui deportado por los criminales nazis de mi ciudad natal hacia Auschwitz-Birkenau II en Polonia. En nuestro transporte había cerca de 30 vagones de mercancías. En cada vagón entraban 80 ó 90 personas, hombres, mujeres y niños en condiciones inhumanas. El viaje duró once o doce días y arribó a su destino final, Birkenau el 8 de mayo de 1943. Yo tenía 30 años. En ese transporte, el número 16 que había salido de Salónica, tenía un total de 2500 personas. De ellas, 568 eran hombres y 247 mujeres - o sea 815 personas- recibieron un número tatuado en el brazo izquierda y entraron en el campamento de Birkenau los hombres y de Frauenlagger las mujeres. Todo el resto, o sea 1685 personas, fueron llevados a las cámaras de gas, donde los esperaba una muerte atroz. Sus cadáveres fueron quemados luego en el crematorio. Así desaparecieron mi joven esposa, encinta de ocho meses y mis queridos padres y los padres de mi esposa. Así perecieron millones de personas. El 20 de enero de 1945, cerca de las 18.00 horas, con un frío terrible-la temperatura era de 20 grados bajo cero- nuestro grupo salió de Auschwitz, el último en hacerlo. Así empezó la terrible "marcha de la muerte" que duró cuatro días y cuatro noches. El colmo del horror que va a quedar grabado por siempre en la memoria de los sobrevivientes, fue el 24 de enero a la tarde, cuando fuimos obligados, a golpes y con los perros amenazando, a entrar en vagones abiertos que estaban llenos de nieve, teniendo que sentarnos sobre la nieve. El tren marchó durante toda la noche. De mañana, cuando el tren se

detuvo, leímos el nombre de la estación de ferrocarriles: Matthausen. Hoy en día, 27 de enero del 2005, es un día nacional del recuerdo para las más grandes comunidades de Europa, cristianos y no cristianos. Nosotros vamos a conmemorar los 60 años de la liberación de Auschwitz por los soldados de la gloriosa armada

soviética. Eso fue el 27 de enero de 1945. No olvidaremos nunca.

 

P: ¿Cómo explicaría que usted se haya salvado?

R: Yo no hago diferencias entre mi y mis otros compañeros que por suerte salimos vivos de ese infierno. Creo que es una cuestión de suerte. Para mi personalmente, digo que es verdad que tuve suerte en salir vivo, pero que ahora tengo la obligación moral de hablar siempre de Auschwitz.

Yo considero que quedé vivo con un deber nacional, de no olvidar y de también hablar para que los otros sepan y no olviden. Nosotros somos humanos y algún día vamos a desaparecer. Pero creo que el recuerdo de Auschwitz no debe desaparecer del ser humano, porque esa experiencia trágica que el pueblo judío sufrió ya

antes de 1943, antes que haya cámaras de gas –los judíos de Europa que simplemente fueron asesinados en todos lados, con sus hijos y mujeres- eso no se debe de olvidar. Y para que Auschwitz no se repita, se debe tener siempre vivo en la memoria el pasado. Y ese es el pasado del pueblo judío. Pero es la vergüenza de la humanidad, que dejó que se cometan esos crímenes.

Será la vergüenza por siempre de los alemanes, que dejaron a un Hitler hacer lo que hizo.

 

P: Usted es conocido como "el violinista de Auschwitz". ¿Qué significaba eso? ¿Qué tenía que hacer?

R: Yo no sabía que en Auschwitz, Birkenau, en los diferentes campos de concentración, había también una orquesta. Ellos necesitaban músicos, sobre todo violinistas. Fue una gran sorpresa para mi cuando la primera noche mía en Auschwitz, uno de los oficiales preguntó si había entre nosotros alguien que tocaba bien el violín. El violín para mi era una parte importante de mi vida. A los pocos años de empezar violín, yo ya era primer violín en la Orquesta de Macabi, por ejemplo.

Luego en la orquesta de la División militar en la que yo hice mi servicio militar en el ejército griego. Siempre seguí estudiando violín y no se me olvidó nunca.

 

P: En lo personal, se alegró por supuesto de poder tocar violín.¿Pero no se preguntó para qué una orquesta en ese infierno? ¿Cuál es la lógica?

R: Está claro que eso fue para mi un golpe en mis sentimientos. No podía imaginar que la música entrar al campo de concentración.

 

P:¿Para qué había orquesta?

R: La pregunta es muy buena. La orquesta era sobre todo para considerar que los judíos que vivían en el campo, salgan como soldados al trabajo en la mañana y entren como soldados al son de la música militar, de regreso del trabajo, por la noche. La orquesta servía también a los alemanes, a los que les gustaba mucho la música. Ellos mismos querían oír melodías que ellos conocían, tocadas por los prisioneros.

 

P: ¡Qué locura!

R: Era una locura más. Sin locura no se podía comprender Auschwitz. La locura era que nosotros éramos obligados inclusive a cantar, cuando estábamos en grupo, para ir al trabajo o cuando estábamos en el trabajo. Está claro que no teníamos ningún humor ni ningún deseo de cantar. Nos obligaban. Creo que en cierto momento la música hacía más dulce el sufrimiento.

P: Uno se olvidaba por unos minutos...

R: Así es. Por unos minutos uno se olvidaba. La música tiene un poder enorme.

P: ¿El violín lo salvó?

R: Creo que se puede decir que una de las cosas que me salvó, moralmente si cabe el término, era la música, el violín.

P:¿Diría que eso le salvó la salud mental?

R: Sin duda. Eso fue absolutamente lo que me salvó. A mi la música me salvó mentalmente, moralmente, filosóficamente. Siempre oía las palabras del jefe de mi bloque, después de tocar el violín la primera noche dentro del campo, que me dijo en alemán: "Espero que no te mueras aquí". Eso me lo dijo el comandante de la barraca en la que dormíamos.

P: Le gustó como usted tocaba el violín..

R: Yo había tocado el Concierto en La Mayor de Mozart, brillantísimo. Y te cuento otra cosa que no te vas a creer. Al otro día, cuando todos se habían ido al trabajo y yo estaba tocando el violín, un SS me oyó y gritó: "No pares de tocar". Yo seguí tocando y el SS me puso un cigarrillo en el bolsillo de mi ropa. El violín me hizo ayudó a sobrepasar esas horas terribles. Me ayudó moralmente.

 

P: Usted tenía el violín con usted todo el tiempo?

R: No, quedaba siempre en la casa de música, lo que llamaban el conservatorio. Lo tomábamos de mañana y de tarde de nuevo para tocar. El domingo pedía permiso para tomar el violín y tuve la idea de ir a tocar en el sitio que servía de hospital. Un día, años después, cuando yo estaba preparando mi Doctorado en el Tejnion de Haifa, tuve el agrado que mientras tomaba un café, el dueño del café resultó haber sido un prisionero que recordó que yo había tocado el violín cuando él estaba enfermo.

 

P: Cuando usted cuenta de las reacciones de los nazis a su música y el hecho que había un "conservatorio", el pensamiento que me viene a la mente es que parece más monstruoso todavía que alguien que se presente como amante de la cultura, sea capaz de los crímenes que los nazis cometieron.

R: Es verdad. Por una parte había crímenes y por otra parte, el mismo comandante del lagger, tenía un deportado que le tocaba violín.

 

P: Usted destacó antes la importancia de relatar al mundo, para que sepa y tenga presente lo sucedido.¿Qué importancia le da a la ceremonia que tuvo lugar hace unos días en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el aniversario? ¿Cree que fue algo histórico?

R: La humanidad esperó 60 años desde la liberación de Auschwitz. Creo que es extraordinario que la humanidad, que no quería oír de Auschwitz -cuando salimos del campo, no querían que habláramos- hoy haga ese reconocimiento. Me parece que aquí, especialmente los religiosos no querían que se hable de eso.

 

P: ¿Por qué?

R: Porque la pregunta inevitable era dónde estaba Dios. Si había un Dios de misericordia, bueno como dicen ¿por qué ese Dios permitió que pase eso a los judíos?

P: ¿Lo que se hizo en la ONU es tarde?

R: Mejor tarde que nunca. Es tarde, sí. Claro que es tarde. Oí con mucha emoción lo que dijo nuestro ministro de Asuntos Exteriores y le preparé una carta que le voy a enviar, con mi libro, en hebreo. Fue muy emotivo, me impresionó mucho. Claro que es tarde, porque ya murieron muchos de los sobrevivientes. Es una casualidad que usted me encuentra a mi.

P: Hasta los 120..

R: Pero ya murieron muchos sobrevivientes de los campos, porque pasaron muchos años.

R: El tiempo pasa para todos.

P: ¿Cree que el mundo puede estar tranquilo que ese horror no se va a repetir, ahora que se cuenta y relata lo que pasó?

R: En absoluto. Para nada. No hay tranquilidad para eso porque los hombres no cambian. Cambian superficialmente. Los hombres no son todos buenos, lamentablemente. Después de Auschwitz ¿cree que no fueron cometidas atrocidades, en África, en Bosnia, Yugoslavia? Unos quieren matar a otros.

Auschwitz no fue algo pasajero, fue un drama que debe ser estudiado. Era tanto el horror que la gente tenía temor de estudiarlo. Por eso pasaron 60 años. Y por eso es importante la reunión que tuvo lugar en las Naciones Unidas, cuando finalmente tomaron conciencia de lo que es Auschwitz.

Ana Jerozolimski
Semanario Hebreo
26 de enero de 2005

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