“Los ojos de Israel”
Ana Jerozolimski

Zar´It - Frontera entre Israel y Líbano

No nos permiten  grabar ni sacar fotos. Pero el “cuarto de guerra” en esta base militar pegada a la frontera , ubicada en el Moshav homónimo, queda -de todos modos- bien registrado. Ubicado a unos 200 metros de territorio libanés -aunque desde aquí parece más cerca aún- es un  sitio  lleno de mapas, diagramas y pantallas. Y en todos los equipos se concentran “los ojos de Israel”: la unidad de “tatspitaniot”, las “observadoras”.

Son unas pocas decenas de jóvenes soldadas de las Fuerzas de Defensa de Israel , que en turnos de cuatro horas, observan constantemente lo que sucede en territorio libanés. Durante 24 horas al día, los siete días de la semana, todos los días del año. Esta unidad, perteneciente al Servicio de Inteligencia, no puede descansar ni un minuto.

Yelena Shirman

No nos pueden decir cuál es el alcance de las siete cámaras instaladas en altas antenas del lado israelí de la frontera, pero está claro que a través de ellas son capaces de detectar a quienes se acercan al límite entre Líbano e Israel. Hezbolá lo sabe y ha disparado hacia las cámaras, para neutralizarlas. Hasta hace un año, eran menos .A raíz de la guerra en Líbano del verano pasado, fueron instaladas nuevas, aunque el ejército no quiere entrar en detalles al respecto.

Un segundo componente de la unidad, son los soldados hombres, definidos como efectivos de combate –a diferencia de ellas- porque salen al terreno mismo, aunque con un objetivo idéntico, observar lo que sucede del lado libanés y cerca de la frontera. Las mujeres  en los turnos activos, permanecen dentro del “cuarto de guerra”, atentas a las computadoras con las que está conectada cada una de las cámaras. Cuando finalizan su turno y tienen sus ocho horas de descanso, no pueden andar por la pequeña base sin el arma a cuestas, ni para ir al baño. Están pegadas a un territorio hostil y la cautela, debe ser un elemento básico con el que lidiar.

“Son los ojos de Israel”- nos dice el Coronel Olivier Rafowicz, oficial en la unidad del Portavoz del ejército. ”Desde aquí, pueden captar todo lo que sucede, que puede amenazarnos. Hay que estar siempre atentos”.

Y aunque se sabe claramente que es a los 18 años que comienza el servicio militar obligatorio, por lo cual son jóvenes soldados y soldadas los que ocupan diversos puestos, es imposible no sorprenderse al ver a Yelena Shirman.

Tiene 20 años y es la Sub-Teniente que comanda la unidad. Menuda, de amplia sonrisa y voz suave, asegura que es estricta con sus soldadas cuando se distraen en el trabajo. “Esto requiere mucha responsabilidad y hay que hacer las cosas muy bien. Si alguien hace en su horario algo que no debe, sale más tarde o por menos tiempo a su casa”- afirma Yelena, asegurando que es capaz de tomar medidas de “penitencia”, aunque no lo parezca.

“Las chicas que llegan aquí lo logran después de una gran selección”- cuenta el Coronel Olivier. Yelena, que nació en Ucrania y llegó con su familia a vivir en Israel cuando tenía sólo cuatro años, relata que estuvo varios meses aprendiendo y estudiando (primero dos meses para el curso de las “observadoras” y luego en el curso de oficiales) y que está “más que satisfecha” en los últimos cuatro meses en este puesto sobre la frontera.

Vive en la ciudad de Rejovot, la mayor de tres hermanos, pero sus salidas no le permiten verlos diariamente. Está nueve días en la base y luego cinco en casa. No sabe todavía qué hará cuando finalice su servicio militar, pero no descarta algo relacionado a la medicina.”Ya fui voluntaria en el Magen David Adom (la Estrella de David Roja)”- explica.

Es imposible no comentarle que uno la ve tan joven, con aspecto casi de niña, y he aquí que dirige un puesto de observación clave en la frontera con Líbano, una zona que para Israel, todavía es símbolo de peligro. Yelena sonríe, admite que si no está de uniforme nadie le da “ni 18 años”, y resume: “Siento que hago aquí algo muy importante. Por eso quería llegar a este lugar. Realmente es algo con sentido. Realmente es un trabajo muy exigente”.

La unidad, cuenta Yelena, está conectada a tropas operativas en el terreno, lo cual es esencial para que en caso de que sea detectado algún peligro, se pueda reaccionar en forma efectiva .Las “observadoras” tienen periódicamente reuniones con los comandantes superiores  para  presentar sus evaluaciones en base a lo que ven.

Ahora, a raíz de la guerra, la situación en la frontera es muy diferente a la anterior, pero en la unidad tienen claro que el peligro no ha desaparecido. Preguntamos a esta joven oficial si acaso los “pastores” civiles que captan las cámaras, que llegan diariamente a la frontera, son realmente eso, pastores inocentes. “Claro que no, no creo que lo sean. Creemos que son  miembros de Hezbola, que llegan ahora sin uniformes ni armas”.

Y todo lo ven  desde el “cuarto de guerra”.  Es que un minuto de distracción fuera de la pantalla, puede ser fatal.

Pero de hecho, hay también ahora, a pesar de la mayor alerta del lado israelí, lo que aquí conocen como “puntos muertos”, sitios que no quedan cubiertos por las cámaras, debido a la topografía. Así sucedió el 12 de julio del año pasado, a eso de las 9 de la mañana, cuando hombres armados de Hezbolá secuestraron a dos soldados israelíes y mataron a otros ocho. El  lugar del ataque estaba fuera de las pantallas. Hezbolá probablemente lo sabía.

Shiran, una de las jóvenes subalternas de Yelena, estaba de turno aquella mañana.”Yo detecté claramente en la pantalla a ese hombre de Hezbola colocándose en posición para disparar”- relata Shiraz mientras muestra la filmación que ella grabó en aquellos minutos.”En ese momento no sabíamos que era el secuestro. Sabíamos que algo pasaba pero todavía no estaba todo claro. De todos modos, lo primero que yo hice, fue avisar a los efectivos apostados en nuestro techo, para que el misil no haga blanco en ellos y por suerte alcanzaron a bajar”.

Pocos minutos después, la cámara en el lugar  quedaba neutralizada. Los dos soldados estaban siendo secuestrados. Nadie se atreve hoy a asegurar que algo así no se pueda repetir. Yelena no estaba allí en ese momento, pero está ahora, con sus 20 años, segura de que ella y sus soldadas, harán todo lo que esté a su alcance, para identificar a tiempo cualquier peligro en camino.

Ana Jerozolimski
Semanario Hebreo

agosto de 2007

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