La victoria de Hamas es un voto de castigo a Al-Fatah

Ana Jerozolimski

En los territorios palestinos hay desde hace una semana, a raíz de la aplastante victoria de Hamas, no sólo gente festejando, sino también mucha "en shock". Y no es para menos: el partido de gobierno, Al-Fatah, el poder absoluto en los territorios palestinos en los últimos diez años, cayó estrepitosamente. De los 132 escaños del nuevo Consejo Legislativo Palestino, Al-Fatah tiene sólo 43 mientras que Hamas llegó a 76.

Las cosas, claro está, no suceden en el vacío. La explicación del éxito rotundo de Hamas es una combinación de los fracasos de Al-Fatah y los aciertos de Hamas en el plano interno. El desenlace de las elecciones debe ser analizado, ante todo, a través del prisma interno palestino.

Hamas concentró su campaña electoral no en propuestas sino en críticas a Al-Fatah, especialmente por el tema de la corrupción y la falta de orden interno. El punto primordial, fue la presentación de la Autoridad Nacional Palestina como un marco corrupto, dividido, desordenado, que no trabaja por el pueblo ni sirve los intereses nacionales, sino los personales de sus funcionarios.

A decir verdad, la propaganda electoral de Hamas en este sentido, destacó lo que la población siente y sabe hace tiempo. Hamas tuvo simplemente que agudizar el mensaje ya conocido.

Hace ya mucho que las instituciones de gobierno palestinas no inspiran el respeto de la ciudadanía. Casos de figuras oficiales que crecieron en los territorios, que no son originalmente de familias necesariamente adineradas pero que llegaron a vivir en lujosas residencias poco después de ocupar puestos oficiales, no podían menos que "chocar" a la población. "¿De dónde tienen esas casas si hace poco salieron de la cárcel israelí?" -preguntaron retóricamente a esta cronista, en repetidas ocasiones, palestinos que comentaban así críticamente el enriquecimiento de algunos funcionarios oficiales.

A ello se agregó la falta de orden interno, las profundas divisiones en Al-Fatah, que se tornaron especialmente evidentes cuando se tradujeron en choques armados, en incidentes violentos que terminaron con muertos y heridos, enfrentamientos y tensiones entre los distintos servicios de seguridad controlados por gente de Al-Fatah y rivalidades que hacían subir a figuras consideradas corruptas por el pueblo o, por el contrario, terminaban con asesinatos en la calle. Las irrupciones de los Mártires de Al-Aksa, el brazo armado de Al-Fatah, a instalaciones de la Comisión Electoral Palestina , como protesta por la forma en que el Presidente Abu Mazen y la vieja guardia del propio Al-Fatah habían armado la lista de candidatos al parlamento, no aportó, por cierto, ni un poco de confianza del pueblo en el gobierno que hoy termina su camino.

Además, Hamas supo garantizar que se traduzca en apoyo político, el apoyo que su infraestructura social dio a gran parte de la población durante muchos años, en el marco de sus instituciones civiles. Ahora, cobraron el precio de la ayuda económica y la educación gratis que proporcionan desde hace mucho a la población palestina carenciada, especialmente en la Franja de Gaza, pero también en Cisjordania.

Y al haber "ocultado" en gran medida su carácter más radical, su rechazo al reconocimiento de Israel y el llamado que aparece en su Carta Constitutiva a destruir al Estado judío, trató de crear una imagen más pragmática y no extremista, sabiendo al parecer lo que las encuestas muestran hace tiempo: que la mayor parte del pueblo palestino quiere llegar a una solución negociada con Israel y está cansado de la violencia. Según una encuesta publicada por el periódico palestino "Al-Hayyat al-Jadida" el martes de esta semana, más del 80% de los palestinos rechazan el llamado a destruir a Israel. Entre ellos, inevitablemente, hay también numerosos votantes de Hamas.

Ahora, en el gobierno, deberá combinar su victoria, la respuesta a las necesidades internas palestinas y lo inevitable de buscar la paz, para no decepcionar a la avasallante mayoría que los votó para mejorar su situación general.

Ana Jerozolimski
Semanario Hebreo
2 de febrero 2006

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