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La persona |
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(a mi tía Luz, de suave muerte) |
| En un ahora de hoy algún personaje no representado con sonidos o signos o emblemas o marcas mira una fuente profunda y sus fideos o salsas o arroces o papas de ausencia. Una tira de papel acuchillado una media burbuja de rígido aluminio una panza de barro vaciándose cuatro ocho doce dieciséis agujas revueltas en jugos y sangre. Y una persona otra apersonándose en razón de golpes de química secreta de estallantes fotones que hibernaban de tallos como hilos de súbitas encendidas nervaduras. Una persona como otra señora que interrumpe su baño en la tina común que relega su vejez y mira también esta cocina organizándose en un país nunca visitado: región de olores que sólo fueron frases en los libros o figuraciones en tarjetas agrietadas y revistas deshojándose. Una señora muy existida en sí o una anciana doncella que se aparta de almanaques tenaces de inviernos de espumosa lluvia de astros deshechos de lunas congeladas: se aleja se desentiende esta muchacha de pelo tan cercenado por tijeras blancas: solamente se mira en un después del ahora de hoy las sábanas de la piel apegándose todavía a sencillos tendones y huesos: mira solamente la pequeña totalidad de un cuerpo que desciende entre líquidos jabones como quien busca su nombre en la silenciosas raíces del océano. |
Saúl Ibargoyen
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