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El esplendor del diálogo en un maestro

 

“Pequeño canalla”, de Ricardo Prieto
por Suleika Ibañez
(Palabras de presentación de Pequeño canalla en el Café Sorocabana, Montevideo, septiembre, 1997.

 

Lo que llamamos “novela” depara sorpresas sin límites, por fortuna. Al decir esto, recuerdo a la vez a C.J. Cela y a Beethoven. Dice el español –al desgaire del humor- que la única definición de la novela sería “novela es todo aquello que, editado en forma de libro, admite bajo el título y entre paréntesis, la palabra ‘novela’”. En verdad, lo que hace Cela es tañer el violín de su ironía para ciertas especies lautreamontanas de críticos, o -¿por qué no?- hijos de Sainte-Beuve el envidiador. En cuanto a Beethoven, dijo cabalmente: “Hay que conocer las leyes. Para después violarlas”. 

La sorpresa (en su sentido etimológico de hacer presa de nosotros) que nos depara en primer término (pero no en último) “Pequeño canalla”, es la maestría del diálogo. El ya indiscutible dramaturgo que es Prieto, sabe trasbordar su don primigenio, innato, del teatro a la novela, de la escena a la soledad de la imaginación del lector. La única diferencia entre el diálogo teatral y el novelístico, es de destino, pues. Y, desde luego, la escritura de un creador es una sola, por encima (o debajo) de los “géneros literarios” que sólo son, al decir de Alfonso Reyes, diversas formas de unión del Yo y el Universo. Así, en “Pequeño canalla”, reaparecen a través del diálogo la atmósfera esquiliana, la réplica de látigo, la palabra-espejo e implacable revelación de lo humano, de ese constante juego de destrucciones y salvaciones. Prieto es entonces fiel no a las leyes hechas para ser violadas, de la escritura, sino fiel a lo que es en su escritura intransferible: su mundo propio. Y en esta novela, por eso, el diálogo es a la vez implacable en cenizas y en aperturas hacia la salvación (razón por la cual llamo en un ensayo “teatro del fuego” al de Prieto). Ahora bien, en “Pequeño canalla” el diálogo, por diversidad de destino, es eminentemente narrativo, de una condensación tan fluida del alma de cada uno de los personajes como de la atmósfera de un mundo en corrupción latiente, de donde no obstante emerge la decisiva esperanza profética. La escritura profética –fiel a su weltanschauung, es poética en su sentido más entrañable: es profecía, exactitud mágica, y “Economía, Horacio, economía”. Novela breve en su tiempo real de lectura, novela que, dejando de lado los tradicionalismos de las divisiones formales, se despeña hacia el final, sin detenerse en un blanco de respiración, deja en el lector la certeza de un relato “infinito”. Pues –a pesar de su localización en el espacio y el tiempo de nuestro país, es decididamente universal, contrariamente a la inclinación por el regionalismo, el costumbrismo y el aldeísmo de los realistas ortodoxos. 

Polifacético en forma insaciable, Prieto realiza en esta novela otra proeza, la de fluir a través de universos distintos, de compartimentos estancos, de personajes múltiples y a la vez simbólicos, sin caer jamás en la congelación de los símbolos. Y, lo mismo que en su teatro, este escritor no adopta nunca una actitud tendenciosa, jamás una postura “comprometida”. Sólo un lector superficial podría ver en esta novela la sombra de una posición o de una elección política y social. La ética de Prieto nace, como dice Thomas Mann debe ser en el escritor, una ética que nace del arte mismo de escribir, y que –de tomar partido por algo- lo hace siempre (como digo en  mi ensayo sobre su teatro) sombríamente iluminado o luminosamente oscurecido por un amor a lo humano con sabor a Lucas. En “Pequeño canalla” el autor nos da enfrentamientos de pasiones, de miserias, de tentativas frágiles pero decididas hacia la justicia (por ejemplo en el protagonista, Ulrico, o en su padre-abuelo, José Enrique). Pero Prieto lo hace con el rigor de siempre: Es implacable, es fotógrafo, es fantasma ubicuo, es denunciante y anunciante, pero constante en su objetividad maravillosa. Faltaría decir “at least but not at last”, que “Pequeño canalla” es una novela que se hace leer con placer. Y quizá nueva entre las otras obras de Prieto, porque es la mano de anunciación luminosa la que cierra este relato. Es una novela tierna, como se ha dicho oportunamente. Tierna como la carne, como la fragilidad del tiempo, como los misterios y milagros que nos zarandean del odio hacia el amor.

 

Suleika Ibañez

Montevideo, setiembre 1997

 

Este texto fue cedido, a Letras Uruguay, por el muy querido amigo Ricardo Prieto. Esta prestigiosa escritora nunca se vinculó a Letras, pese a que Ricardo me consta que se lo pidió, como hizo con más de cien escritores que si se vincularon a Letras-Uruguay. Por supuesto Letras Uruguay está abierta a trabajos sobre la labor de la escritora.

 

Carlos Echinope Arce - editor de Letras - Uruguay

echinope@gmail.com

 

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