¿?

Dejóme Dios ver su cara
cuando entre paloma y flor
sobre aquel cielo mayor
brotó una blanca almenara;
¿dejóme Dios ver su cara?

Me miraba Dios acaso
cuando en la noche sin mella
dejaron lirio y centella
testimonio de mi paso;
¿me miraba Dios acaso?

El rostro de Dios veía
cuando en el desdén profundo,
tenaz ausente del mundo,
por mi propia sangre huía;
¿el rostro de Dios veía?

Me contempla Dios, me ve
ir de la ceniza al fuego
en un iracundo juego
la muerte quitándome;
¿me contempla Dios, me ve?

¿O yo me estoy descubriendo
los ojos con que algún día
veré lo que no sabía
que en sueños estaba haciendo?

Sara de Ibáñez
de "Las estaciones y otros poemas", 1956

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