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Que me quiten esta armadura
lejana flor, pobre corteza,
polvo del fuego sojuzgado,
lama que el infierno alimenta,
que me quiten esta armadura
fina piltrafa de la guerra.
Que me arranquen esta coraza
donde un borrado bosque suena,
y con garganta sibilina
a mi triste furor se pega.
Auxilio dioses, si podéis
Auxilio, dioses, si podéis,
reconocedme en esta niebla.
Tanto tiempo duró el combate,
tanta fatiga me flagela
con un turbión de ajados rayos
que ya no quiero el alba nueva.
Quitadme al punto piel y sangre,
romped los huesos que me encierran,
que mi desnudo brille frío,
y se acrecientan las arenas. |