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Nada entre dos González
L. S. Garini

El hombre le decía que tenía que levantarse, que era conveniente que dejara la cama, etc., etc. Pero, él no tenía deseos de levantarse.

El hombre, González, secretario o ayudante, o mucamo, o lo que fuera, se movía por la habitación; ordenaba unas ropas, abría una ventana, volvía a colocar unos zapatos, o unos pantalones, o una camisa, en el mismo sitio.

Tenía que desocupar la vejiga, no era bueno estar tanto tiempo con la vejiga llena, y debía levantarse, etc., y, aparecía el otro González, el de los nueve, o los diez años, que también le decía que desocupara la vejiga, que no se quedara metido dentro del abrigo, con sus guantes, y sentado muy fijo en el asiento del vehículo. Estaba en aquel vehículo, o carricoche, con aquel individuo, González, el primer González, que le decía que bajara y orinase.

Si bajaba, podía estropear el "ensueño" del pequeño automóvil en el que estaba viajando, casi desde que dejara la casa, y no bajó.

Habían continuado el viaje en silencio, hasta el edificio de la escuela, el hombre en el cochecillo por su lado, y él en su automóvil, corriendo por senderos abiertos en bosques de vegetación espesa, con animales raros, etc., etc. y, cuando llega al local de la escuela, continúa viajando en su automóvil, y ya ha empezado la clase, y la mujer, la maestra, lo reprende, y cuando va a ocupar su sitio, vuelca un tintero con su abrigo: capa o sobretodo.

Estaba bajando del pequeño vehículo, y no tenía deseos de bajar, estaba entrando en la sala de la escuela, y no tenía deseos de entrar. Estaba subiendo los escalones de aquel "templo'', o "templete", con aquella mujer, para aquella ceremonia, y no tenía deseos de entrar.

Estaba junto a la cama de aquel hombre que se moría, y no tenía ganas de estar allí; estaba caminando rodeado por todas aquellas personas, y detrás de la "caja" en que iba -su padre, su madre, o un tío, o una tía- y no tenia ganas de caminar en aquel sitio, ni de estar junto a todas aquellas personas. Estaba oyendo a aquellos hombres, ''caballeros", "señores", y no tenia ganas de oírlos. Estaba y no estaba allí. Un reemplazante estaba tal vez en aquel sitio, asistiendo a la "ceremonia", o "espectáculo". El había quedado en la casa tal vez sin salir de la habitación.

Está por levantarse de la cama, para ir al cuarto de aseo y tomar un baño, y después vestirse y desayunar, o comer algo, y después iniciar las ocupaciones del día; y no está. Ha estado visitando a aquella gente, y hablando, y oyendo lo que dicen, y no ha estado hablando ni oyendo.

Entraba -estaba entrando- en un automóvil con aquellas personas. Salían del automóvil, entraban en un local -café, bar- bebían algo, hablaban, salían, entraba en otro automóvil, o en el mismo, con otras personas, y volvían a entrar en un café, y salían, las personas se confundían, algunas aparecían borrosas, ya no se distinguían unas de otras.

Estaba poniendo su firma en aquellos papeles, y no estaba allí, y volvía a firmar otros papeles, y volvía a no estar.

Estaba, está montado en aquella bicicleta recién comprada, junto con aquellos otros chicuelos, que no le resultaban agradables, corriendo por aquellas calles, y no estaba, no está.

Hubiese querido estar en su pequeño automóvil, pero tan sólo podía disponer de aquel "artefacto" que no le gustaba, y en el que se sentía incómodo. Estaba moviéndose en aquellos terrenos, con todos aquellos individuos, disparando tiros sobre aquellos animalejos sin defensas, y no estaba.

Estaba deseando que aquello terminara, y poder abandonar la compañía de aquellas personas. Estaba metido en aquel bote, o chalupa, o le que fuera, y oyendo la charla de aquellas personas, y viendo cómo echaban "aparatos" de pesca en el agua. Le hubiese gustado ahuyentar a los peces, y hundir el bote con sus ocupantes.

Estaba en aquella sala, o salón, lleno de humo, y oyendo a aquellas personas, "oradores", o "conferenciantes", y no estaba. Ni veía, ni oía, y deseaba que aquello terminara lo antes posible, y escapar.

Estaba, está oyendo a aquellas niñas, y a las otras, ya no tan niñas, que hablan de la luna, y el sol, y de los árboles, y los pájaros, y etc., etc., etc.; y no está, no estaba. Confundía, o se entremezclaban unas palabras con otras.

Aplaudían, y él aplaudía, pero no estaba aplaudiendo. Otro aplaudía por él. Salían y se estrechaban las manos, y él estrechaba algunas manos, y no estrechaba ninguna mano.

Estaba metiéndole en la cama (aquella cama) con aquella mujer, y no estaba. Estaba sentado junto a todas aquellas personas en aquella mesa, para comenzar una comida, y no estaba. Y estaba, está oyendo a aquellos hombres, subidos o trepados en una tarima, junto a una mesa con papeles, y un vaso y una botella con agua, y no estaba, no está. Y volvía a estar en una reunión semejante, o igual, y volvía a no estar.

Se distraía; cualquier cosa lo distraía, y ya no sabia lo que decían. Las palabras se movían en la sala, pero él no conseguía alcanzarlas. Tal vez deseaba que el agua del vaso y la de la botella cayera sobre el hombre, los hombres, y que todo terminara.

Y, estaba y no estaba, estaba y no estaba, estaba en todos aquellos lugares, y no estaba, estaba junto a todas aquellas personas y no estaba.

¿Debió descender del vehículo aquella mañana, y desocupar la vejiga? ¿Tendría que haber adoptado on algún momento, una "religión", o un "credo religioso", o algo semejante? Debió criar un niño, o dos; o un grupo de perros; o de gatos, o aún de pájaros? ¿Tendría quo haber salido aquella mañana, y etc.? ¿Debió dejar todos sus asuntos y cambiar, etc, etc.? ¿Debió ir en seguida a, etc.?

Y estaban allí, sobré la mesa amplia, bien iluminada, etc., los billetes de la moneda del país, que ya no le servían para nada, o que nada podía ya comprar con ellos, que a él le interesara o le importara. Con sus letras impresas en distintos colores, los papeles lucían sobre la madera. Pero, a él, ya no podían prestarle ninguna utilidad.

Le han traído otro plato; un ave junto a una salsa grisácea, Ya no le importa qué clase de ave es; no tiene deseos de comer. Han muerto inútilmente a ese animal, que podía haber continuado viviendo. ¿Para qué comer? Pronto, o muy pronto, tal vez, tendrá que desaparecer, y la comída ya no le servirá para nada.

Desaparecer. Le gustaría desaparecer, pero no en la forma en que lo hará. Le gustaría desaparecer, para aparecer de nuevo en otro sitio, y para comenzar allí, una vida diferente, muy diferente a la que ha llevado.

Estaba moviendo algunos libros, y esa podía ser la última vez que colocaba esos libros en ese estante. O, cuando se vestía, esa podía ser la última vez que colocaba esas prendas sobre su cuerpo. Y, sin embargo, lo hacía como siempre. No ponía menos cuidado, ni en ordenar los libros, ni en ajustar las ropas. O caminaba; quería ver las cosas del escaparate de la casa aquella, de otros tiempos. Tal vez esa sería su última tarde de paseo, y la última vez que caminaría por esa calle, y quo vería todos esos objetos expuestos.

Al día siguiente podía estar en la cama, en su habitación; y ya no saldría más. La enfermedad se anunciaba de manera clara. Había estado haciendo todo lo que no quería hacer, o lo que no había pensado hacer. Tendría que haber encontrado a otra persona, una persona diferente a la que había estado junto a él, con otras cualidades, etc.

Pero no, no era eso tampoco; el no encontrar a esa otra persona, no podía ser la causa de todo lo que había sucedido, o no había sucedido.

Era su manera de actuar ante aquellos hechos, lo que tenía importancia. Debió pensar de otra manera. Su cabeza, o su "cerebro", tendría que haber funcionado de una manera diferente.

No quería sopas especiales, no quería "cremas", ni aves tiernas, ni salsas. Quería volver a empezar.

Todo se mezcla; aparecen juntos, y hasta casi superpuestos, los niños y sus primeras clases, y sus padres, y la mujer que lo insultó, y el caballo descuartizado que lo había impresionado, y que no había podido olvidar, y el hombre que le pidió dinero con violencia, y la larga enfermedad de alrededor de sus veinte y tres, o veinticuatro años, y el primer viaje a la "gran ciudad", y los zapatos "especiales" que se deshicieron casi en seguida, y la mujer a la que creyó que lo quería, y lo hizo meter en una celda por dos días, o tres, y la primera enfermedad sexual, y la segunda, y el pequeño automóvil de juguete, y el otro grande, y etc., etc., etc.

Y después, todo se borra, y se convierte en "nada", o casi nada.

Lo que el necesita, es que le devuelvan todo ese tiempo estropeado, o desperdiciado, y volver a tener diez y siete años, o trece, o diez.

¿Qué puede hacer con esas "tortillas exquisitas'', o esas "gelatinas frías", o esos "caldos especiales", y todos los otros platos? El estómago ya no trabaja bien, y el paladar tampoco, y, tal vez el hígado y los riñones.

Desearía desandar el camino, y empezar de nuevo, pero para actuar de una manera diferente.

Estaba tratando de viajar otra vez en el pequeño automóvil, y no conseguía viajar en el pequeño automóvil.

Estaba tratando de dejar la cama para iniciar los movimientos del día, y no tenía deseos de levantarse, ni de iniciar ningún movimiento.

El hombre, González, ha vuelto a entrar en la habitación, y ha vuelto a decir las mismas palabras, o tal vez, otras semejantes. Pero él, no se levantará.

L. S. Garini
Una forma de la desventura
Editorial Alfa 
Montevideo - Noviembre de 1963

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