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El accidente o, la libertad
L. S. Garini

"Por fin soy libre, por fin puedo hacer lo que se me ocurra, por fin nadie me dice nada, por fin no tengo ante mis ojos a ninguna persona antipática, por fin me río a mi gusto, por fin puedo dar saltos, y más saltos, y puedo correr, ¡viva!, ¡viva!, ¡la libertad! Estoy libre, bien libre; a este viejo loco le doy de comer cualquier cosa, a cualquier hora, es poco lo que come, la que come soy yo, tengo toda la tarde para mí, voy a correr un poco y me baño en aquel sitio; correr, saltar, ¡qué bueno, cuánto tiempo esperé todo esto! Me baño en aquella ensenada o lo que sea, estoy sola por fin, el viejo loco duerme, tengo toda la playa para mí, no hay nadie, puedo correr y puedo gritar, voy a gritar hasta que no pueda más, voy a gritar, por fin estoy libre, bien libre, ya no voy a oír la voz de mi madre, la vieja hipócrita, ni la de mi hermana, no toques esa muñeca, no comas eso, ya comiste; toda esta playa para mí, toda esta arena y todo este mar, todo es mío, ya no me importa la muñeca, que se la guarden, y los patrones fastidiosos; dando órdenes, que no está limpio, que se quemó la

tortilla, que el piso, que la cortina, que la gran siete. Voy a correr otro poco, ¡qué aire!, ¡qué maravilla todo esto!; tienes que cuidar la vaca, y que la vaca para acá y la vaca para allá, y la grandula de mi hermana revolcándose con el marido en la cama y yo muerta de frío, con la vaca de porquería, y la vieja bruja de mi madre, que la vaca da poca leche, porque no sabes cuidarla, y que eres una tonta, y que no pareces hija mía, y que no eres come tu hermana, y que mal rayo las parta a las dos, y este viejo estará durmiendo todavía, menos mal que no come mucho, y aquella paisana mía que me robó la cartera, linda personita y de mi mismo pueblo; está lejos, soy libre, voy a correr un poco más, voy a ser libre, libre, libre, liebre, sí, una liebre que corre voy a ser yo, sin cadenas, he roto las cadenas, ja, ja, mi madre y mi hermana me tenían encadenada y las patronas, las malas yeguas de las patronas, que revienten, libre, libre, voy a cantar, qué bien que canto todavía, me gusta mi voz, es fresca, una linda voz, no sabía que tuviese tan linda voz, cuánto tiempo que no cantaba, voy a correr un poco más, la liebre corre y nadie le da alcance, cómo corre la liebre sin cadenas, rompo las cadenas, la liebre rompe las cadenas y se ríe de todos, y que la cremita del nene no está a punto, el nene de diez años, o de doce, la mala bestia gorda que me daba patadas en las piernas, y la otra vieja reteñida, siempre haciendo gimnasia, que se quemó el pastel y que espero convidados, y el té, y la abuela que la aguantara, y el viejo loco echado en la cama, y qua le diera masajes en la barriguita, el muy puerco, y la otra, la señorona distinguida, siempre sintiendo malos olores y levantando la nariz, y la vieja loca de los pájaros, que me los metía en mi pieza y no me dejaban dormir, y los bobos, los tontos, un año entero tuve que limpiar sus inmundicias, y la gente aquella de la abuelita, una vieja tragona, ¡cómo comía!, a cualquier hora, peleaba con los nietos por los platos mejores, con su cabeza de lana blanca casi metida en el plato, no sabe lo que hace y casi nos dejaba sin comer a mí y a la mucama, y la perra Fi-fi, tan vieja como la abuela, siempre perdiendo su poco pelo y rascándose contra las piernas de una, y cuando había pollo no dejaban ni los huesos, nunca pude comer ni la cola, y aquel comedor, cualquier animal es más decente que aquella gente para comer, la pobre abuelita con su temblequeo continuo, limpiaba hasta la última mancha de salsa con sus migas de pan; y el muchachón aquel que siempre andaba metiendo sus dedos en las cosas dulces, y que cuando le puse la pasta de caramelo caliente y se quemó el paladar y gritaba y me llamaron sanguinaria y hasta asesina, creo, ¡qué risa! ¡Cómo corría! y se prendía de las cortinas y de los muebles, nunca me he reído tanto. Sí, estaba volviéndome salvaje. ¿Qué querían? ¿Que reventara?

Tenía que hacerme salvaje, o reventar, y no iba a reventar, ¿por qué iba a reventar? ¿Porque se les ocurría a ellos? ¡Al diablo con sus ocurrencias! Reventar, hacerme salvaje, sí, mejor ser salvaje, y seguir viviendo.

Caramba, cómo salto, todavía no soy vieja entonces, voy a dar otro salto y ahora corro, ¡cómo corro!, me río de la muñeca y de mi madre, y de mi hermana y de los patronos, soy libre, nadie me vigila, no tengo horas fijas, voy a correr más ligero, más ligero, soy joven otra vez, me voy a teñir el pelo y me voy a comprar un vestido claro, del mismo color de la arena, qué bien, voy a cantar un poco, ¡cuánto tiempo que no cantaba! y qué bien canto, me gusta mi voz, y voy a conseguir un novio y me voy a casar y voy a ser feliz, feliz, feliz, y voy a tener mi casa, una casa bien mía y se acabaron los patronos y las horas fijas y los viejos locos y, canto cada vez mejor, qué bien me va a quedar el traje color arena, ya no me importa la muñeca, que se la metan ya se sabe dónde, las dos hipócritas, no toques esa muñeca, no es tuya, a jugar afuera, ¿estará viva todavía? Nunca me han escrito una sola carta, que revienten, mejor si no las veo nunca más, al viejo éste, le preparo cualquier cosa, no debe comer mucho, pero yo también tengo que comer, tendré que hacer algo bien hecho, pero tengo tiempo, el sol está bastante alto, llegaré hasta aquel promontorio, voy a correr, correr, correr, hasta aquella piedra, piedra, piedrita, piedrita linda y me subo, qué ágil, soy una cabra, salta la cabra, la cabra saltarina salta, la cabra, cabra, cabritilla, me voy a comprar unos zapatos de cabritilla, de cabritilla de la mejor clase, de verdadero cuero de cabra, salta la cabra, la cabra trepa, caramba, casi resbalo, piedra de porquería, y sí, resbalo, ¿qué sucede? y no me sostengo, y me voy al agua, y es hondo y no tengo donde prenderme, no quiero hundirme, soy libre, no, no, no puede ser, no hay nadie, me ahogo, me hundo, me, me...".

L. S. Garini
Una forma de la desventura
Editorial Alfa 
Montevideo - Noviembre de 1963

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