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Las Playas


Playa Ramírez

Al fondeo la sede del MERCOSUR, ex Hotel Casino Parque Hotel

poema de Emilio Frugoni

 

                         I
Montevideo tiene un aire de pereza.
Tendida cabe el río, sobre colinas gayas,

aburrida bosteza
hacia el espacio, por sus cinco playas.

 

¡Oh, las graciosas playas de Montevideo!

Abren sus blancos brazos, como con el deseo

de estrechar todo el río en sus arenas,

y el río les regala el cabrilleo

de sus aguas serenas.

 

Ramírez y Pocitos, y Carrasco y Malvín

y Capurro, hospitales que curan el esplín.
En ellas tiende el Río de la Plata

sus sábanas de espuma para la conjunción

de sus aguas azules con la arena de plata

en que lento se acuesta el río, como un león.

 

Con esas cinco playas, que son bocas divinas,
sonríe en el estío a las auras marinas
que la perfuman al pasar,
dejando en esas bocas un ósculo del mar.

 

Montevideo tiene un aíre de pereza. . .
Al descender los días estivales
sobre sus costumbres casi coloniales,
es como una criolla joven, pero algo obesa,
que al sol se despereza
con movimientos lentos y sensuales.

 

Sus pupilas se encienden de un fulgor repentino,

sus labios reflorecen con dulzor de pitanga,

y su garganta arroja al aire cristalino,

como una piedra, el grito de su risa guaranga.

 

Hacia las cinco playas vuela el aburrimiento

de la ciudad, en automóviles y tranvías,

y allí lo contemplamos, en aquel somnoliento

desfile por las ramblas, igual todos los días.

 

                        II

 

¡Playas armoniosas! En su blanco seno
Yo sorbo de bruces, junto al mar sereno,
con labios voraces,
la savia esencial de la vida,
que hierve en las ondas y flota en el viento.
En ellas mis ojos audaces

gustaron visiones de carnal belleza

que me depararon un deslumbramiento,

y también un poco de vaga tristeza

como deshojarla como flor al viento...

 

Yo adoro esas playas,, y en ellas adoro

a las mil ondinas de cabellos de oro

o de bronceados o negros cabellos,

que muestran sus cuerpos flexibles y bellos

ante el mar sonoro.

 

Yo adoro
los muslos pulidos, los brazos, los cuellos

de mujer desnudos, en la arena llena

de chispazos de oro.
¡Playas! las sirenas
cantan a los ojos sobre las arenas
que el día rescalda,
ofreciendo al aíre los senos, la espalda,

las carnes morenas
que el sol les madura con su beso gualda.

 

Playas deliciosas que adoro y envidio;

sobre vuestro seno aventan su fastidio

voluptuosamente divinas ondinas;
             ¡oh, playas divinas!
Yo envidio las ondas que abrazan y tumban

los cuerpos de diosa, tal como en un lecho;

con mil dientes blancos les muerden el pecho,

y, al fin, jadeando, a sus pies se derrumban. .

¡Playas, playas, playas! bocas sonrientes.

¡Playas, playas, playas! brazos en que veo

mecerse confiadas mil formas vivientes

que admiro o deseo.
¡Playas, playas, playas de Montevideo...

poema Emilio Frugoni (1933)
Antología de la Moderna Poesía Uruguaya 1900 - 1927

Seleccionada Por Idelfonso Pereda Valdés

El Ateneo Librería Científica y Literaria

Buenos Aires 1927

 

Nota del editor: Emilio Frugoni escribió este poema en una época donde Montevideo no es lo que es hoy. Menciona solo cinco playas, entre ellas Capurro, hoy devaluada. No menciona, entre otras, la playa Buceo, donde concurría de niño, con mi hermano, un grupo de amiguitos, con la paciencia de nuestra madre. Frente a la playa Malvín estuvo el anexo del Liceo Nº 10, donde curse 3º y 4º de secundaria.

 

Video aéreo de la costa del Buceo, Montevideo

 

Texto digitalizado, y editado, con el agregado de imagen y video, por el editor de Letras Uruguay Twitter: https://twitter.com/echinope / email: echinope@gmail.com

facebook: https://www.facebook.com/carlos.echinopearce Al día 6 de noviembre de 2016 inédito en la web mundial.

 

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