"Vistiendo a papá" de Mario Viana 

Las inconveniencias de morir a destiempo 
Por Egon Friedler

"Vistiendo a papá" de Mario Viana - Con Lilian Olhagaray, María Elena González y Javier Tio - Dirección y traducción del portugués de Jorge Denevi - En la Sala 2 del Teatro Stella, marzo 11

 

Si hubiera que encontrar alguna moraleja en esta comedia de humor negrísimo, es que la prudencia aconseja que si alguien ya está con un pie en el otro mundo debe apresurarse a llevar rápidamente el otro al mismo lugar. El héroe ausente de esta historia es un agonizante cuya agonía se prolonga mucho más de lo conveniente (lo que puede ser muy negativo para su futura memoria). Y naturalmente le va mal. Si al principio de la historia, su acongojada e inminente viuda y sus enlutados hijos todavía lloran su próxima partida de este valle de lágrimas, al final parece que el candidato a difunto cuya nominación definitiva demora en concretarse, recibe más maldiciones que lágrimas. Por supuesto, no era un padre y esposo ejemplar. Pero su abnegada esposa le consentía sus pecadillos. Después de todo, nadie es perfecto. Pero resulta que también la tolerancia con las imperfecciones humanas tiene su límite. Del mismo modo, la codicia de los hijos, varón y mujer, cada uno de ellos con un buen paquete de frustraciones a cuestas, encuentra barreras infranqueables e inesperadas. Todo naturalmente hubiera sido más sencillo si el causante de todo el lío, el "pater familias", no se hubiera demorado de manera tan obstinada en prolongar su indeseada permanencia entre los vivos.

Esta es la substancia de que está hecha está chispeante comedia del joven y talentoso autor brasilero Mario Viana. Con un diálogo inteligente e ingeniosas vueltas de tuerca, la obra no tiene desperdicio. Se disfruta cada escena, cada giro de la trama, cada agudeza del diálogo.

La realización está a la altura de la excelencia de la obra. No es ninguna novedad que Jorge Denevi es un especialista en la dirección de obras de humor y aquí una vez más da con los tiempos justos, la diagramación escénica adecuada, la impecable interrelación entre los actores.

"Vistiendo a papá" da una gran oportunidad de lucimiento a Lilian Olhagaray, quien una vez más puso en evidencia que es una actriz formidable. Su personaje de Alzira, la dolorida viuda que tarda en serlo, es una creación de notable ductilidad que va de la tímida ingenuidad y la coquetería que llega a lo ridículo, a su feroz despertar y a su violenta rebelión contra las mentiras en su vida. Cada gesto, cada frase, cada mirada de Olhagaray constituyen lecciones de histrionismo. 

La secundan con gran competencia y desenvoltura, dos jóvenes y muy promisorios actores : María Elena González, como la hija complicada en un conflictivo y problemático romance y Javier Tio, un ansioso buscavidas, maestro en la famosa operación química de convertir el dinero en basura.

En suma, una gran diversión muy bien servida, con un mensaje no precisamente estimulante respecto a las virtudes del género humano.

Egon Friedler
Semanario Hebreo

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