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“Vida en común” y “Vueltas al jardín” – Segunda y Tercera parte de la Trilogía “Las conquistas de Norman” - de  Alan Ayckbourn

Un Don Juan para mujeres desesperadas
Por Egon Friedler

 

“Las conquistas de Norman”  - Alan Ayckbourn: “Vida en común” y “Vueltas al jardín” – Segunda y Tercera parte de la Trilogía “Las conquistas de Norman” – Con la actuación de Lucía David de Lima, Cecilia Sánchez, Claudio Lachowicz, Marcos Zarzaj, Rogelio Gracia y Gisella Marsiglia – Dirección: Jorge Denevi – Escenografía y realización: Gerardo Egea y Yael Carretero – Vestuario: Nelson Mancebo – Iluminación: Martín Blanchet – Ambientación sonora y música seleccionada por Jorge Denevi – En el Teatro “El Galpón”de Martin McDonagh – Traducción y adaptación de Vicky Peña – Dirección: Álvaro Lavin – Por elenco español integrado por Maite Brik, Gloria López, Orencio Ortega y Pablo Gómez – En la Sala Zavala Muñiz del Teatro Solís, miércoles 23

 

Norman es irresponsable, haragán, torpe, depresivo, mentiroso, antojadizo y para ser un ayudante de bibliotecario, bastante alérgico a la cultura. Para coronar estas “virtudes” suele vestir en forma desprolija y lleva como distintivo personal un sombrero muy similar al de los espantapájaros. 

El chiste de Alan Ayckbourn consiste en hacer de este niño malcriado de edad adulta, un Don Juan para mujeres desesperadas. En su trilogía, las pobrecitas incluidas en esta categoría son sus dos cuñadas, que tal como las describí en el comentario de la primera parte son Annie, la sacrificada solterita a pesar suyo, encargada de cuidar a su anciana madre y Sarah, la prolija, autoritaria e insatisfecha esposa de Reg, este último el único varón del trío de hermanos que se completa con Annie y Ruth, la laboriosa esposa de Norman. 

En las dos piezas que completan la trilogía hay nuevos enredos en el sexteto familiar, los que siempre son impulsados por las muy singulares iniciativas de Norman para brindar felicidad a las mujeres de su familia. La imaginación de Ayckbourn para crear situaciones embarazosas y ridículas para sus personajes parece inagotable. Del mismo modo, parece inagotable su escepticismo acerca de las posibilidades de la felicidad humana en este planeta.

Felizmente esta visión bastante negra de la humanidad queda opacada por sus diálogos cargados de chispa e ironía. El público se divierte por igual en cualquiera de las tres partes de la trilogía, pero los exquisitos probablemente llegarán a la conclusión de que la segunda parte es la mejor, por la más precisa definición sicológica de los personajes y por sus derroches de ingenio en la creación de situaciones teatrales de gran impacto cómico. Por lo demás, en las tres partes de la trilogía, el ingenio del director Jorge Denevi se suma al del autor mediante un espléndido manejo de los tiempos escénicos.

Si en el comentario de la primera parte: “Modales en la mesa” expresé alguna reserva respecto a la actuación de Marcos Zarzj, en las dos siguientes debo admitir que en las dos piezas restantes supo manejar magistralmente su personaje de eterno entusiasta despistado y resolvió brillantemente su comprometido final de “Vida en común”. 

También Gisella Marsiglia mejoró su actuación en comparación con la primera parte de la trilogía. Sin embargo, cabe preguntarse si una actriz más sofisticada, más joven y más visiblemente sexy no hubiera calzado mejor con el rol.

Los cuatro actores restantes no decayeron del nivel de excelencia con el que se lucieron en “Modales en la mesa”. Rogelio Gracia desplegó el mismo desparpajo, la misma simpatía y la misma arrolladora insolencia ; Lucía David de Lima, evidenció con singular calidad la duplicidad de su personaje de burguesa formal y correcta que oculta el secreto anhelo de portarse lo más mal posible; Cecilia Sánchez supo dar con impecable naturalidad las oscilaciones permanentes de su personaje entre la ilusión y la decepción y Claudio Lachowicz imprimió magistralmente a su rol la adecuada mezcla de ingenuidad y de credulidad rayana en la estupidez.

La trilogía puede verse toda junta el domingo, una jornada que abarca desde las 5 de la tarde a las 11 de la noche (recompensada con sándwiches, coca cola, y un largo etcétera, en los intervalos) o puede verse por separado, en cualquier orden.

Seguramente los amantes del buen teatro no se van a perder la diversión, en una u otra forma.

Egon Friedler

Semanario Hebreo 

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