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“Un hombre de suerte” - de Eugene O´Neill

Poco simpático, pero interesante
Por Egon Friedler

 

“Un hombre de suerte”  - de Eugene O´Neill – Con la actuación de Eduardo Guerrero, Sergio Mautone y Ricardo Couto – Dirección : Jorge Denevi – Escenografía: Osvaldo Reyno – Vestuario: Hugo Millán – Iluminación : Martín Blanchet – En la Sala Cero del Teatro “El Galpón”.

Muchas veces nos fascinan en el teatro personajes que no quisiéramos conocer en la vida real. El protagonista de esta obra del gran dramaturgo norteamericano Eugene O´Neill (1888-1953) es uno de esos personajes. Es un jugador mitómano, fanfarrón, cargoso, abusivo, físicamente desagradable, pero en el teatro resulta muy interesante por su patética autenticidad. Eduardo Guerrero, muy bien guiado por la experta mano de Jorge Denevi, realiza una creación magnífica con este campeón del auto-engaño que se califica a sí mismo de “hombre de suerte”. Él domina toda la obra, Su débil contraparte es el encargado de recepción nocturna del hotel de mala muerte en el cual se aloja (Sergio Mautone), un soñador abrumado por sus frustraciones que comienza negándose a hacer de público complaciente para las fantasías de su huésped, pero finalmente termina rindiéndose y acepta sus reglas de juego. 

Hay un narrador, testigo mudo de esta pequeña historia (Ricardo Couto) que está insertado de manera bastante artificial en la trama (quizás hubiera sido mejor que Jorge Denevi lo hubiera sustituido con una voz en off). Pero la pieza está centrada únicamente en torno a su protagonista y a su singular filosofía de vida. Tanto Denevi como Guerrero lo comprendieron muy bien y por ello puede considerarse que la puesta de esta obra constituye un pequeño-gran logro teatral.

Según un comentario en el programa de mano esta obra en un acto sería la última escrita por O´Neill y habría sido escrita en 1942 simultáneamente con su obra maestra “Viaje de un largo día hacia la noche”. 

Sin duda se trata de un O´Neill muy menor pero no deja de tener su atractivo y brinda una oportunidad para el despliegue de un formidable histrionismo a cargo de un consumado actor. Y como ya lo señalamos anteriormente, Eduardo Guerrero aprovecha muy bien la oportunidad.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 11 de noviembre 2010

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