“Un Dios salvaje” - de Yasmina Reza – Versión al español de Federico Masllorens y Federico González del Pino 

Salvaje, realmente
Por Egon Friedler

“Un Dios salvaje”  - de Yasmina Reza – Versión al español de Federico Masllorens y Federico González del Pino – Con la actuación de César Troncoso, Cecilia Sánchez, Rogelio Gracia y Leonor Svarcas – Dirección: Mario Morgan – En el Teatro del Movie Center.

La escritora francesa Yasmina Reza define a sus obras como tragedias divertidas. Es una excelente definición. Si se analiza en detalle esta batalla entre dos matrimonios y de ambos matrimonios entre sí, la conclusión es desoladora. La pareja no funciona, la familia es un desastre, la ética social es sustituida por un franco cinismo, la crianza de los hijos constituye una carga que muchos no quieren asumir, los buenos modales en la sociedad solo ocultan instintos agresivos que pueden estallar en cualquier momento. Sin embargo, nos reímos de buena gana. El diálogo chispeante, inteligente, mordaz, desnuda en cada momento incongruencias de conducta y contrasta lúcidamente lo que los personajes pretenden ser y lo que realmente son. La pieza, muy legítimamente, ha sido un gran éxito en las principales capitales occidentales. Sin duda, se trata de una obra maestra, que por una parte continúa en clave estrictamente contemporánea la tradición de crítica social a través de la risa de Molière y por otra, es una pieza desgarradora sobre el matrimonio comparable con “¿Quién le teme a Virginia Wolf? de Edward Albee, pero más ágil y solo en apariencia menos intelectual. 

La pieza, cuyos diálogos pueden figurar entre los más ingeniosos del teatro universal escritos en las últimas décadas, no es sin embargo, una obra discursiva. Tiene abundante acción física, un aspecto que el experimentado y sagaz director Mario Morgan supo utilizar con gran efecto. La risa no solo es provocada por lo que los actores dicen sino también por lo que hacen. 

El cuarteto de actores compone un equipo formidable. Cada uno de ellos logra dar con brillante virtuosismo las diferentes caras de su personaje. El amable y conciliador dueño de casa que hace César Troncoso se transforma en el momento de la verdad en un duro contrincante en la defensa de su hogar y su estilo de vida. La muy civilizada y sofisticada dueña de casa, igualmente eficaz en la cocina como en el trato social, encarnada por Cecilia Sánchez, sabe revelar tanto una feroz agresividad como una sensualidad tan inesperada como inapropiada. El abogado manipulador y deshonesto interpretado por Rogelio Gracia pasa sugestivamente de su condición de hombre de negocios despiadado y seguro de sí mismo a la abulia de un debilucho que no sabe para qué diablos vive. Leonor Svarcas, que desde el comienzo simula mal su resentimiento por un matrimonio en el que ella se siente abandonada, trata desesperadamente de ser correcta, exponiendo en algunos momentos su bochornosa fragilidad y en otros, su inmensa carga de frustraciones y de rabia contenida. 

En total, el elenco funciona admirablemente y logra transmitir cabalmente el mensaje nada edificante que la autora misma señaló como tesis de la obra (y que, con gran acierto, fue incluida en el programa de mano) : “No creo que el ser humano sea pacífico. Pienso que no evolucionó desde la Edad de Piedra y que el barniz social que nos protege del salvajismo es inquietantemente tenue y siempre a punto de estallar”. 

No es precisamente un mensaje optimista. Sin embargo, la paradoja del arte logra que esta sátira al carácter incivilizado del hombre moderno sea una defensa inteligente y amablemente socarrona de las bases de nuestra civilización.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 10 de setiembre 2009

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