"Un agujero en la pared" - de Jacobo Langsner

Gran actriz en un rol hecho a su medida
Por Egon Friedler

"Un agujero en la pared" de Jacobo Langsner – Con los actores Álvaro Pozzolo, Guillermo Villarrubí, Elena Zuasti, Mirtha Cazet y Laura Moratorio – Dirección de Elena Zuasti – En el Teatro Alianza.

 

Esta pieza equivale en el teatro a lo que en ópera es el gran “bel canto” con deslumbrantes arias de coloratura para la soprano protagonista : es decir, es una oportunidad de generoso lucimiento para una gran actriz . Y Elena Zuasti aprovecha plenamente lo que para ella es una oportunidad imperdible. En su doble rol de directora y protagonista, coloca la versión al servicio de su formidable histrionismo. Como anciana posesiva que no se resigna a las consecuencias inevitables del paso del tiempo, Zuasti registra con minuciosa delectación su carácter caprichoso, sus manías, sus puerilidades, su generosidad, su egoísmo, su escapada sistemática de la realidad, su apasionamiento, sus torpezas y su profunda sabiduría vital. La actuación de nuestra veterana actriz señala en cierto modo la culminación de una gran carrera ; su Mercedes podría lucirse en cualquiera de los mayores escenarios del mundo, y ni que hablar que debe tener muy pocas rivales que puedan medirse con ella en este rol en el teatro de habla española.

Elena Zuasti trató de rodearse de un elenco competente con el que pueda interactuar cómodamente, pero en esta materia sus logros son más cuestionables. Está espléndido Alvaro Pozzolo, en el rol del homosexual cortesano y confidente de su protectora, mientras Laura Moratorio imprime una sugestiva frescura a su rol de nieta favorita. Menos convincente está Guillermo Vilarrubí en el rol del escritor joven, que debe enfrentar la corruptora oferta de una vida parásita casi desprovista de desafíos. Es cierto ; su juventud, su naturalidad escénica, su simpatía, son cartas nada desdeñables a su favor. Pero no logra transmitir su honda lucha interior, su desencanto consigo mismo, su honda necesidad de medirse con el mundo real. Aún menos lograda es la actuación de Mirtha Cazet, que no logra dar el barniz de snobismo necesario a su rol de mujer frívola de clase alta.

Pero en total la versión es fluida y atrayente. Combina espléndidamente el humor con situaciones intensamente dramáticas y logra algo que muchos autores y directores de teatro se proponen y muy pocos llegan a alcanzar : dar sobre el escenario un genuino canto a la vida.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 31 de mayo de 2007

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