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“Tres buenos compañeros”
(Tute Cabrero)
– de Roberto Cossa – Con elenco integrado por Lilián Olhagaray, Alicia Real, Flavia de los Santos, Héctor Spinelli, Carlos Scuro, Ulises Parada y Manuel Villarino – Dirección: Júver Salcedo – En la Sala 2 del Teatro Stella. Esta obra sobre la crueldad del mercado laboral es de 1968 pero su temática sigue vigente. Plantea el caso de tres dibujantes de una empresa de construcciones que conforman un equipo. La dirección les comunica que ha decidido reducir el personal, pero les da la dudosa ventaja de decidir cuál de los tres será despedido. Los empleados, por razones diversas, se aferran a sus puestos, lo que provoca una dura crisis entre los tres, hasta entonces muy buenos compañeros. Esta es en síntesis la trama, que se complementa con detalles significativos como la participación de las parejas de dos de ellos o las diferencias generacionales y de ideales de vida entre ellos.
Esta sólida y bien armada pieza realista, que ya es un clásico del teatro argentino (y fue llevada al cine con la actuación de Pepe Soriano y Juan Carlos Gené) ha sido montada por Júver Salcedo, con un discutible sentido minimalista. Cabe preguntarse si esta pieza no hubiera permitido un desarrollo más sugestivo de la trama en un espacio más amplio que el muy reducido de la Sala 2 de “La Gaviota”. Asimismo parece muy controvertible la presencia permanente en escena de los personajes femeninos, que son secundarios. Un mayor lugar físico para cada uno de los tres candidatos al desempleo hubiera permitido un desarrollo más finamente hilvanado de la trama. De todos modos, el resultado es muy digno.
En el elenco se destaca nítidamente Héctor Spinelli, en el rol del dibujante veterano, que tiene problemas de la vista y se aferra con uñas y dientes a su puesto, no solo porque es su medio de vida sino porque es la única satisfacción que tiene en su vida de solterón que vive con una hermana problemática a la que mantiene. Spinelli gradúa estupendamente la transformación del veterano bonachón y tranquilo en un furibundo defensor de su posición, pagando el precio moral que sea necesario. En dos roles secundarios Lilian Olhagaray aporta su versatilidad y su eficaz histrionismo. En el resto del elenco, integrado por alumnos egresados de la Escuela de La Gaviota, se destaca la sobria y bien medida actuación de Carlos Scuro mientras Ulises Parada, en el rol del dibujante más joven, parece algo desmedido en su caracterización. Menos convincente es el trabajo de Alicia Real y Flavia de los Santos.
Pero en total, el espectáculo tiene coherencia y carácter. Y pone en evidencia que problemas sociales planteados hace más de cuarenta años siguen siendo amargamente actuales. |