“The pillowman” – “El hombre almohada”  -  de Martin McDonagh

Morbosidad desmedida
Por Egon Friedler

“The pillowman” – “El hombre almohada”  - de Martin McDonagh – Con la actuación de Pablo Echarri, Carlos Belloso, Carlos Santamaría y Vando Villamil – Dirección: Enrique Federman – En el Cine Metro

 

En el centro de la trama están los problemas de un escritor interrogado por la policía por ciertos asesinatos de niños, particularmente aberrantes. Lo que atrae las sospechas sobre el autor es que en sus cuentos parece haber previsto precisamente crímenes muy similares a los cometidos. En el transcurso de la obra se aclara que si bien el escritor culpado no es directamente responsable de los crímenes bien podría haber sido su autor intelectual. Asimismo se aclara la forma sumamente original que tuvieron sus padres de cultivar su talento literario precoz : se dedicaron a torturar en la habituación contigua a la suya a su hermano menor durante un lapso de 7 años. Como retribución a este original estímulo a su futura carrera literaria, el escritor mata a sus padres ahogándolos con una almohada. Más tarde, se encarga de que tenga un destino similar su hermano espástico, que, casualmente, es su mayor admirador.

Resulta un poco difícil entender cómo esta acumulación de morbosidades poco creíbles pergeñada por el autor irlandés Martin McDonagh, se convirtió en una obra multipremiada en los Estados Unidos y un éxito en varios países. Quizás porque toda la trama fue tratada con un buen baño de humor negro, lo que no sucedió en la medida suficiente en esta versión argentina, dirigida por Enrique Federman. La entreverada y truculenta historia policial suena demasiado a falso a lo largo de toda la versión. Si las circunstancias que llevaron al criminal a actuar como lo hizo resultan insólitas, más arbitrario todavía parece el desarrollo de los interrogatorios que llevan al desenlace previsiblemente macabro. 

El protagonista Pablo Echarri resulta muy convincente al principio de la obra cuando parece una pobre víctima de la brutalidad policial, pero no logra dar la tortuosa ambigüedad de su personaje cuando se evidencia como un criminal sofisticado. El que se roba la obra es Carlos Belloso, que encarna al hermano espástico y retrasado mental. Realiza un minucioso trabajo de composición en el que el penoso movimiento corporal, la dicción defectuosa y una mímica singularmente expresiva se combinan admirablemente.

Complementan el elenco con eficacia y un ligero toque de sobreactuación, los dos policías, Vando Villamil y Carlos Santamaría, antagónicos en sus métodos y su carácter.

Obviamente no es una obra para todo público. Sin embargo, las escabrosidades de la obra no parecieron molestar a los espectadores que llenaron el sábado pasado la sala del Teatro Metro y aplaudieron con ganas.  

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 8 de noviembre 2008

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