“Sueño de una noche árabe”  - de Roland Schimmelpfennig 

Pesadillas veraniegas
Por Egon Friedler

“Sueño de una noche árabe”  - de Roland Schimmelpfennig – Con la actuación de Gustavo Bianchi, Marisa Bentancour, Leticia Cacciatori, Oliver Luzardo y Martín Castro – Dirección de Sergio Pereira – Diseño escenográfico: Gerardo Bugarin – Diseño vestuario: Verónica Lagomarsino – Diseño de luces: Álvaro Bonaglia - En el Teatro Circular

Es el día más caluroso de un verano de altas temperaturas y las cañerías se descompusieron a partir del octavo piso de un gran edificio con numerosos apartamentos. Pero en el séptimo piso, Francisca, una mujer joven que sufre una extraña amnesia, toma su ducha habitual y luego se acuesta a dormir en el sofá del living. Ella vive junto con una amiga árabe, Fatima, que suele ser visitada todas las noches por un amante también árabe, Kalil. Francisca fue observada en la ducha por un joven vecino, que no resiste la tentación de subir a verla. La besa en el sueño pero no logra despertarla. Mientras Francisca duerme, se producen toda clase de desencuentros. Kalil queda trancado en el ascensor que dejó de funcionar. Fatima olvidó la llave, la puerta se cierra y no puede entrar al edificio, mientras el portero intenta en vano arreglar el desperfecto de las cañerías. Finalmente suceden cosas extrañas que parecen desafiar al sentido común y que no conviene revelar. Es como si el realismo de la historia se hubiera agotado y hacía falta entrar en un mundo onírico e irreal. 

La pieza, que en alemán se titula sencillamente “La noche árabe” tiene mucho de teatro surrealista, en el que cualquier pesadilla puede transformarse en una experiencia corriente. ¿ Tienen algún significado sus historias que no son vividas sino narradas por los propios personajes? ¿ Se trata de seres reales o de productos de una imaginación afiebrada? ¿Qué es vida y qué es sueño en las historias entrelazadas que vemos en esta singular “noche árabe?

El autor deja a cargo del espectador el resolver a su criterio estas interrogantes. Lo que queda es el encanto de esta incursión a un mundo onírico en el que hay sugestivas reminiscencias de cuentos infantiles.

La versión hubiera ganado en un escenario mayor, con recursos técnicos más importantes. Pero Sergio Pereira se las ingenió junto con Gerardo Bugarin, autor del diseño escenográfico, en ubicar una bañera, un diván y puertas y ventanas de utilería, en el escenario circular y supo dar el debido dinamismo a la enredada trama de esta pesadilla veraniega. Por su parte, el elenco, se adaptó muy bien al carácter de la obra. Leticia Cacciatori supo dar un sugestivo encanto a su personaje de eterna sonámbula; Marisa Bentancour hace una Fátima impetuosa y temperamental; Gustavo Bianchi resulta muy convincente como torpe y rutinario portero ; Oliver Luzardo imprime una sugestiva naturalidad a su rol de eterno desubicado, que se encuentra en el momento equivocado en el lugar equivocado y Martín Castro, hace de su “voyeur” un personaje alucinado y trágico. 

Sin duda, no se trata de una obra convencional y seguramente despertará tantos entusiasmos como rechazos. De todos modos, conviene informar al lector que en Alemania tuvo un gran éxito, a tal punto que un compositor, Christian Jost, escribió una ópera sobre ella, que se estrenó en Essen el abril del año pasado.

Egon Friedler

Semanario Hebreo - 22 de mayo 2009

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